Jueves, 22 Febrero 2018

Transmaestrazgo 2008, Ares del Maestre - Castellón

La ruta estaba finalizando, pero todos sabíamos que nos quedaba lo mas largo. Por motivos laborales habíamos tenido que unir dos etapas y ahora tocaba pagar el precio.
De buena mañana (esta vez si) desayunamos todas nuestras provisiones y nos pusimos manos a la obra, lo primero que debíamos hacer era atravesar 'la mola' de Ares, el problema lo tuvimos en que aquello que parecían unos pocos Kms de senda y camino en mal estado se tradujo en un par de horas  interminables hasta el final de la ascensión (en su mayor parte a pié) y en la moral por los suelos al ver como el tiempo nos podía y aun nos quedaba mucho por hacer.
Llegados a este punto, el camino se hizo transitable y pudimos afrontar un nuevo desafío. Ahora tocaba superar un par de duros desniveles, ya que la ruta atravesaba un par de barrancos.
Revisamos la ruta en el GPS, comprobamos que la ruta pasaba muy cerca del santuario de la Estrella (y muchos ya conocemos aquellas subidas) y le echamos huevos para volver a subir y seguir nuestra particular contra-reloj. De nuevo el tiempo se nos hechaba encima y pasadas las 15.00 hicimos la corta pero obligada parada para comer algo en la Font de l'Alforí. Allí, Nachopeluquero decidió llamar para que le recogieran y nosotros optamos por finalizar la ruta como nuestros corazones, haciendo oidos sordos de nuestros músculos, querían: a lomos de nuestras bicis en casa.
Por suerte, ahora nos quedaba un último esfuerzo hasta llegar a San Joan de Penyagolosa por caminos en muy buen estado y con suficiente luz y fuerzas para seguir la ruta. Nuestra moral era férrea y nuestros ánimos, decididos.
Poco tiempo despues tomábamos Penyágolosa, y hasta llegamos a profanarla al estilo Zampón.
Lo más duro ya había pasado, todos aquellos kms de penurias sobre senderos inviables, desniveles importantes, campos con toros, vallas y demás obstáculos, quedában atrás.
Ahora nos quedaba el último empujón. Iniciamos la bajada dejándo de lado lo que nos marcaba el gps y siguiendo el camino conocido que ya se rodó en la nocturna y al llegar al puerto del remolcador, decidimos mantenernos en la carretera hasta Alcora, donde llegamos justo al quedarnos sin luz. Para los Torremundos, la aventura había terminado. Ellos acabában de conseguirlo, pero yo estaba dispuesto a terminar donde empecé, en el mar. Ayudado con el frontal y con un piloto trasero que me dejó Fernando (y que aún le debo) continué siguiendo la luna hasta llegar a lo que se me antojó el fin del mundo. No pude evitar desmontar de la bici y adentrarme en la playa hasta sentir las olas tranquilas.
Ahora la aventura había terminado también para mí. Atrás dejaba muchos kms de esfuerzo, pero ante todo muchos ratos y risas en buena compañía, arropado en cada subida por una gente estupenda, que me esperaba en cada cuestón y me animaba a continuar. Doy por sentado que esta ruta no hubiera terminado así de bien si no hubiera sido gracias a ellos. Así que desde estas líneas, mi agradecimiento más profundo a los Torremundo. Venga! Que ya queda menos para la próxima.