Domingo, 20 Agosto 2017

Velojartá. Orleans - Irún. Junio 2014

Otro año más la rutita por el Danubio se me escapaba de las manos, pero gracias al foro de Rodadas.net y a Orejaivolcic este año lo trocamos por un precioso proyecto, unir París con Irún.
Nor organizamos en el foro y establecimos dos equipos, uno que subiría desde Irún hacia Paris para poder alargar la ruta cuanto quisieran, el 'Subidón', y otro que iría de París a Irún, el 'Bajón', del que formé parte porque los días de vacaciones estaban contados y prefería ir deshaciendo camino y acortar al final ya cerca de España.
Así pues, el relato que os ofrezco es el de mi equipo, el Bajón, que pese a las malas connotaciones que implica la palabra, estuvo plagado de buen rollo y compenetración. Desde Lugo vino Dandorandian, Juan a partir de ahora, desde Málaga Mike o Miguelín, y desde Castellón Rosica y yo. No nos conocíamos de nada y pocos mensajes habíamos cruzado, pero al final, el espírutu del foro estaba fuertemente grabado en todos nosotros y nos permitió disfrutar de la compañía mútua durante toda la travesía.


Visto que los días estaban contados y que desde París hasta Orleans no parecía que la ruta fuera especialmente bonita, decidimos recortarla y establecer Orleans como punto de inicio. Cada uno se organizaría como mejor pudiese para estar alli el Sábado 31 de Mayo. Juan i Xuso (quien finalmente no nos acompañó) fueron en coche hasta Irún y luego tomaron un tren desde Hendaya hasta Orleans (con sus correspondientes transbordos). Miguelín voló hasta Paris y un familiar finalmente le acercó hasta Orleans (menudo bendito!) y nosotros tomamos un vuelo desde Valencia hasta Paris a primera hora.
Ya habíamos tenido la precaución de enviar las bicicletas por mensajería (Shiply.com) desde Castellón hasta el Hotel Escale Oceania, del que no puedo decir más que maravillas por lo bien que se portaron con nosotros al recibir nuestras bicis y guardarlas amablemente y al darnos una solución para acomodar a Miguelín en nuestra habitación cuando todo apuntaba a que le tocaría dormir en otra parte.

Sábado 31 de Mayo. Orlèans
Asi, nuestro periplo comienza el sábado de madrugada. Nuestro vuelo sale a las 7:30, asi que nos damos el madrugón y aparcamos el coche en Manises, donde lo dejaremos abandonado quince días. Desde alli llamamos un taxi para que nos acerque a la terminal del aeropuerto (al precio que está el metro de Valencia, siendo dos personas, nos sale a cuenta). Como ya habíamos enviado las bicis y parte del equipaje tan sólo llevábamos una alforja cada uno con lo justito y el embarque fué mucho más tranquilo y agradable de lo esperado.

Una buena cabezadita en el avión y enseguida llegamos a Paris. Ahora tocaba el punto 2, llegar hasta Orleans. Por suerte no había que cargar con las bicicletas detrás, lo que simplificó notablemente el desplazamiento.
Habíamos apalabrado el trayecto con Adil gracias al BlaBlaCar, de tal modo que si algo salía mal aun tendríamos tiempo de trincar tren, pero todo salió estupendamente. Tomamos la lanzadera desde Beauvais hasta la estación de Porte Maillot y desde allí el metro a Porte Italie, no sin antes entrar en la galería comercial de Porte Maillot y agenciarnos una tarjeta de telefonía de Orange con la que disponer de teléfono a precio local y sobre todo de datos sin pagarlos a precio de oro.
Qué recuerdos al recorrer de nuevo el subterráneo de París... 'Le ál, le áal' (es una coña nuestra)

Adil fue muy puntual y nos recogió en el lugar acordado, por desgracia poca conversación le pudimos dar porque nosotros apenas hablábamos francés y él era la única lengua que dominaba... Eso sí, se interesó por la ruta que íbamos a hacer y nos acercó a las 15:30 directamente hasta la puerta del Hotel, donde ya había llegado nuestro compi de habitación. Miguel resultó ser el prototipo de habitante del sur, gracioso, desenvuelto y no tardamos en hacer buenas migas y, como no, decidir que lo mejor que podíamos hacer era darnos una ducha e ir a buscar una terracita donde tomar una cervecita hasta que llegaran los de Lugo.

Antes que nada nos interesamos por nuestras bicis (y el resto del equipaje que viajó con ellas), y al ver que estaban bien las sacamos de donde estaban y las dejamos preparadas para el día siguiente. Debido a un mal montaje anterior los pedales de Rosa estaban totalmente torcidos, pero vimos que tenían que quedarse así y que deberían aguantar la ruta o sino nos tocaría buscar un taller para cambiarle el pedalier...
Con el trabajo hecho ya no nos sentimos culpables y disfrutamos del paseo por el Loira y por la ciudad donde no tardaría mucho en atardecer. 
En esta ocasión Orleans me resultó más bonita de lo que la recordaba de otra visita no hacía demasiado, las calles entre la catedral y el rio estaban repletas de terracitas con turistas y nosotros no tardamos en tomar posesión de una para que Miguelito se pudiera pagar la primera ronda.
Nos tomamos unas pocas pintas (a precio de oro) y cuando ya estábamos casi cocidos llegó Juan, el compi que completaría el equipo fantástico del 'bajón'. Nos presentamos y elegimos una terraza donde cenar y contarnos nuestras batallitas del viaje, que cómo hemos llegado, cómo hemos transportado la bici, el cambio de temperatura, qué tal tendremos el día mañana.. y así, cuando nos dimos cuenta, se nos hizo hora para volvernos paseando al hotel y descansar, que el despertador sonaría a las 7:10 y sería nuestro primer día de ruta!!

Domingo, 1 de Junio. Orlèans - Blois.
Despertarnos costó menos de lo esperado gracias a la emoción del inicio de ruta. Nos encontramos en recepción y nos metimos al salón del desayuno. Había que cargar energía y nada mejor que un buen desayuno saladito y completito (otro punto a favor del hotel). Y ya de paso... nos preparamos un bocatita para llevarnos detrás (typical spanish) jajajaj
Cargamos las bicis con las alforjas y ajustamos el resto de carga. Convertimos las bicis en burras y a remaaaaar!!! El hotel estaba cerca del rio, lo que facilitó encontrar el track que llevábamos cargado en el GPS (Siempre lo llevo detrás por seguridad, aunque la ruta esté MUY bien marcada) y allá que nos lanzamos!
Al poco descubrimos que el track del gps no es demasiado fiable, asi que vamos improvisando por el camino intentando dar más fiabilidad a las señalizaciones que al track marcado.
El día sale soleado y la temperatura es ideal, el ambiente fresquito como para llevar manguitos pero con un día luminoso y radiante. De camino nos metemos dentro de un pueblo y un mercadillo localnos corta el paso. Es la señal: hay que comprar fruta para el camino :-)
Seguimos pedaleando. Lo bueno de meterte en las poblaciones y encontrar el camino es que en la mayoría de las ocasiones las señales de dirección prohibida sólo son válidas para los vehículos de motor y debajo se lee 'Sauf Velos', asi que una cosa menos de qué preocuparse.
La ruta esta bien señalizada, pero como siempre, hay desvíos para montar la ruta en base a las poblaciones por las que se desée pasar, asi que cuando nos damos cuenta nos hemos saltado el desvío hacia Chambord y tenemos que dar atrás 3,5Kms. No hay nada como la bici para perderse :-) No pasa nada! estamos fresquitos y aprovechamos para parar y degustar la frutita que habíamos comprado.
Miguelín ya apunta maneras y no para de darnos prisas cuando nos paramos, y es que lo que tienen los grupos es que cada uno tenemos un ritmo y unas expectativas, pero nada que no se pueda solucionar hablando y acoplándose.
De camino al castillo nos apareció algo que no nos esperábamos. Una peazo central nuclear en medio del Loira... Es una lástima, no pegaba ni con cola, pero ... por algo nuestros vecinos franceses pueden exportar su excedente de energía... Todo tiene su parte buena y la mala, aunque nosotros sólo le vimos la peor...
Y al fin, despues de desviarnos por una carretera asfaltada, que cláramente no era la ruta oficial pero que nos llevó directos como un clavo, llegamos a Chambord. Un magnífico castillo rodeado de grandes extensiones de bosque y que entiendo, era donde el señor feudal se iba de cacería. No se lo montaban mal, desde luego.
Alli sacamos la comida de las alforjas e imitando lo que hacía la gente que estaba tirada en el césped, nos montamos nuestro picnic, con hormigas incluidas y todo!. Jajjaja
Despues hasta nos permitimos el lujazo de darnos una siestorrilla de 15 minutos. Cronometrada, que sino...
Durante el descanso revisamos la info sobre los campings y con una aplicación de búsqueda de hoteles descubrimos que por 51€ podíamos pillar una habitación cuádruple cerca del casco antiguo de Blois, por lo que decidimos que era una buena opción pillarla y a ver cómo se nos daba eso de dormir cuatro en el mismo zulo :-)
El trayecto se nos hizo corto. La ruta estaba muy bien señalizada y muy bien preparada para bicicletas de paseo, lo que facilitaba rodar incluso haciendo relevos y nos permitió llegar a Blois hacia las 16:00 Así pudimos buscar el hotel, dejar trastos, acomodarnos y darnos una ducha, que buena falta nos hacía.
Como no, Migue sacó a su 'compañera' de viaje, y la acomodó en la cama, como buen caballero malagueño que era.
Juan y Migue aprovecharon para ducharse primero e ir a hacer una visita por dentro al castillo de Blois. Había que aprovechar que habíamos terminado la ruta y podíamos dedicar todo el tiempo que quisiéramos a disfrutar de la ciudad sin tener que pensar en que luego había que seguir remando.
Nosotros fuimos a su encuentro dándonos un palizón de subir escaleras hasta la plaza del castillo. Creo que casi nos costó más esfuerzo a pié que sobre la bici!.
Durante el encuentro fuimos sorprendidos por unos extraños ruidos y animación en la casa de enfrente y nos dimos cuenta que de cada hora o así se abrían las ventanas y salían unos dragones autómatas rugiendo y captando la antención del visitante. Muy curioso.
Una vez todos estuvimos juntos de nuevo, visitamos la ciudad, donde nos sorprendió la cantidad de bares y tiendas cerradas que encontramos.  Al final cenamos en una pizzería donde encontramos un menú ajustadito con rissoto, una buena esaladita y vino del país, que hay que reconocer que también esta bueno.
Con la panza ya saciada, empezó a aflorar el cansancio y a las 22:00 ya tiramos para el hotel a descansar, hubo hasta quien se quedó frito en la cama con el frontal encendido mientras leía el libro de cabecera. Otros nos quedamos un ratito más escribiendo las notas para recordar luego y poder hacer el post y aguantamos unos minutos más hasta rendirnos a Morfeo y entregarnos a un sueño reparador que merecido teníamos.

Lunes, 2 de Junio. Blois - Brehemont

Nos levantamos relativamente pronto, y como habíamos preveído el tema del desayuno la noche anterior, teníamos galletas y zumos para arrancar por la mañana en la habitación. Hay que hacer lo posible por adelantar y de paso ahorrar unas perrillas en un viaje así.
Después bajamos a preparar las bicis, donde siempre se pierde más tiempo del esperado, y nos tomamos un café au lait, o café olé como nos nace a los que somos de esta parte de los pirineos. Así ya estábamos preparados para empezar el día con fuerza.
Pronto nos apartamos de la ciudad y volvimos a la tranquilidad de la ruta. Los paisajes, a pesar de ser muy parecidos, eran preciosos y no terminábamos de acostumbrarnos a tanta agua y tanto verde a nuestro alrededor.
Por el camino hacíamos las paradas que consíderábamos y aunque no entrábamos en los castillos (Rosa y yo ya tuvimos nuestra jartá de castillos y Juan y Migue vieron un par), siempre hacíamos lo posible para acercarnos y disfrutar de su esplendor desde el paraje inmejorable donde se encontraban.
A pesar de que el sol no molestaba al inicio del día, poco a poco caldeaba el ambiente y llegaba a calentarnos los botellines, asi que donde vehíamos agua potable (durante en camino encontramos muchos lugarles donde reponer) renovábamos el botellín y Juan nos demostró cómo con el método de enfriar por evaporación gracias a un grueso calcetín de lana con el que envolvía su botelllín su agua se mantenía fresca incluso a pesar del calor. Desde entonces voy buscando un calcetín como el suyo.
En una ocasión nos encontramos una fuente como la de la foto y parecíamos pueblerinos intentado sacar agua de dentro. Al final descubirmos que no había ningún pulsador, sino que había que hacer girar la parte superior que ejercía de bomba de succión.
La ruta transcurría sin percances. Buen rollo, conversación agradable sobre cualquier tema y como siempre las peliculitas sobre nuestros bricolajes caseros con la bicicleta. Si hubiéramos montado un concurso Juan lo hubiera ganado sin lugar a dudas. Cuando menos nos lo esperábamos nos sorprendía con los recursos de que iba preparado sobre su bici.
Durante el camino nos encontrábamos como poblados de caravanas en medio de la nada. Me recordaba a la película Snatch, cerdos y diamantes. Muy recomendable, por cierto.
Al llegar a Tours nos dirigimos hacia el centro y paramos en frente de su catedral. Una inmenso y monumental monumento como corresponde a una ciudad que durante su historía fue capital de Francia. Alli mismo decidimos hacer el perroflauta y ocupar un par de sus banquitos, donde nos pusimos a hacer bocatas en un plis y donde dimos buena cuenta de ellos. Despues hasta tuvimos unos minutos para despanzurrarnos por el suelo y cerrar un ratito los ojitos.
Pero había que continuar. Aun nos quedaba bastante y no queríamos ir con prisas para seguir disfrutando el paisaje.
Decidimos que un buen lugar donde hacer noche podría ser Langueais, donde segun nuestra información había un camping, así que hacia alli nos dirigimos.
Llegado el momento cruzamos a la otra margen del rio y nos pusimos a buscar. Al final lo encontramos con un precioso cartel indicando que abrían el 1 de Junio, pero aquello estaba mas cerrado.... Preguntamos a la gente pero nadie sabía decirnos a ciencia cierta dónde encontrar uno abierto. Al final, la providencia hizo que un señor pasara jústamente a dejar publicidad de SU camping recién inaugurado en Brehemont. Jajajajaj
Y para allá que fuimos bien entrada la tarde y con la luz del día debilitándose. El camping estaba completamente nuevo y cuando nos informaron de las posibles parcelas y modalidades descubrimos lo que iba a marcar nuestras noches. La tienda 'aménager' o amenagé para nosotros. Una tienda montada con luz, agua, cocina, nevera, literas, mesas, cubiertos, etc y con capacidad para 4 ó 5 personas por unos 40€ la noche. Casi mas barata que el camping y nos permitía cocinarnos.
Como no lo habíamos pensado, en esta ocasión los dueños del camping nos prepararon la cena para llevárnosla a la tienda y asi es como una vez duchados y descansados nos sentamos juntos a disfrutar de una cena tranquila en nuestra propia tienda degustando cerveza artesana local (que estaba muy buena y no dudamos en terminarnos las existencias que tenían fresquitas).
También aprovechamos el servicio de lavandería y secadora del camping para renovar vestuario y volver a oler a rosas el día siguiente :-). Despúes de la sobremesa nos metimos en la camita: Juan con su libro, Migue con su negrita y yo con mi Rosica.

Martes, 3 de Junio. Brehemont - Angers

Nos despertamos pronto fresquitos por el hecho de dormir en el campo y tomamos un desayuno saladito con las sobras del día anterior: un poquito de pan, embutido, quesito, etc y alguna galletita, pero no perdonamos nuestro café olé en la recepción del camping.
Y justo cuando nos estamos despidiendo de los dueños aparece la amiga que aun no había hecho acto de presencia.
La llúvia. Lo que era un chisporroteo se convierne de momento en lluvia de la que cala, así que decidimos esperar un poquito, y al ver que no remite nos equipamos contra el agua como mejor podemos y nos decidimos a salir. Al fin y al cabo la lluvia en Francia tenía que aparecer tarde o temprado.
Y entonces ocurre lo que suele ocurrir en estos casos. La relación entre la cantidad de elementos protectores contra la lluvia se convierte en inversamente proporcional a la misma. En otras palabras... que tal como nos equipamos empieza a remitir.
No obstante, una vez hecho el trabajo salimos a dar pedales mientras poco a poco el sol va encontrando camino entre las nubes y la lluvia termina por remitir dejando una mañana espléndida, limpia y fresquita.
No tardamos en quitarnos todo el equipo y empezamos a disfrutar de la ruta, esta vez sin agüita.
El tiempo nos respeta, pero con todo y con eso en alguna ocasión hay que echar mano del chubasquero. Por lo demás una ruta estupenda bien asfaltadita. En esta ocasión no le hacemos caso al gps y tiramos por las indicaciones de la ruta, pero cuando vemos el trayecto que estamos realizando nos damos cuenta del rodeo que estamos dando. Esta claro que evitamos la carretera, pero ahora empezamos a descubrir qué ocurre con el track que estamos siguiendo. Seguramente quien lo elaboró iba con los días contados y prefirió recortar por donde pudo. A partir de ahora lo tendríamos en cuenta y en base a lo que faltase para el fin de etapa marcado obraríamos en consecuencia.
Pasamos por una zona, que todavía recordaba de mi anterior ocasión, en la que los paisanos se habían excavado casas dentro de la montaña y las aprovechaban como bodegas, entre otras cosas. Ése era uno de esos lugares en los que, si hacías caso de las señales no parabas de subir y bajar, mientras que si seguíamos nuestro track acortabamos tirando de carretera sin apenas tráfico.
Y para que no digan que en todas las casas no cuecen habas, así como hasta el momento toooda la gente con la que nos habíamos topado había sido amable con nosotros, también tuvimos a la vieja pelleja que nos montó un pollo por plantar (que no apoyar) las bicicletas frente a su casa para sacarnos unas fotos en la iglesia que había justo en frente. No veas cómo bramava. Lo jodido es es que yo no pillaba ni papa pero estaba claro que le molestaban las bicis y no paró de remugar hasta que las apartamos...
Luego, al salir del pueblo nos damos cuenta que el transportín de Migue ha perdido un tornillo y está suelto. Menos mal que el gran Juan tenía tornillos de distintas cabezas y tamaños y allí mismo lo solucionamos sin perder apenas tiempo. Bueno, el tiempo justo para quitar el equipaje y volverlo a poner.
Despues seguimos la marcha y continuamos con las subiditas y bajaditas. Hoy era un día de los que hacían que la ruta tuviera algo de desnivel acumulado, aunque en ningún momento llegaba a cansar, simplemente algun repechín. Y de rodar y rodar y llevar ya unos buenos kilómetros acumulados yo empecé a escuchar un ruidito en la radio que no pude asociar. Todo parecía estar en orden, sin embarco sonaba un pequeño crujido repetitivo y me empezaba a preocupar.
La ruta seguía siendo preciosa, con vistas acojonantes. Y eso tiene su peligro, porque en una de esas paraditas para disfrutarlas Miguelín se dió la típica hostiaca de quedarse con el calapíe anclado. Hay que ver lo tonta que resulta y lo engorrosa que es, especialmente si uno va con la bici cargada hasta los topes.
Mas o menos en la altura de Thoureil pasamos por un centro comercial enorme con un Decathon y Juan no se lo piensa mal. Había estado padeciendo con un Brooks sin 'domar' y allí tomó la decisión de comprarse un nuevo sillín con el que terminar la ruta sin sacrificar el culo. Mientras tanto nosotros nos metimos en el Leclerc de al lado y compramos nuestros menús: pan, salchichón, galleticas, arenque, jamón, bocadelia, fruta, etc y quedamos fuera, donde habían unos banquitos con césped para hacer nuestra pequeña bacanal a lo perroflauta.
Con la panza llena seguimos remando, siempre despues de nuestros merecidos 10' de relax. Estuvimos revisando dónde terminar la ruta y decidimos que una buena opción sería alargar la ruta hasta Angers y asi terminar en una ciudad más grande donde tendríamos más oferta turística. El tema peliagudo era que la previsión era que a final de la tarde volviera a llover y además aun nos quedaban muchos kilómetros, asi que lo que decidimos muy acertadamente fue seguir en bici hasta Saint Mathurin donde vimos que pasaba un TER con parada en Angers.
Cuando llegamos al pueblo al tren aun le faltaba casi una hora para pasar, asi que muy a nuestro pesar tuvimos que tomarnos unas birris en el bar de al lado para hacer tiempo.
Lo mejor fue que cuando subimos las bicis al tren (imaginaros 4 bicicletas cargadas hasta los topes invadiendo las puertas), donde hasta el revisor nos ayudó a subirlas, imaginad qué nos dijo el revisor cuando le dijimos que nos cobrara los billetes de los cuatro... Pues si, seguramente lo mismo que nos hubieran respondido en España... Que no nos preocupásemos, que no nos cobraba porque el recorrido era muy corto!! y asi nos ahorramos 5€ por cabeza gracias al revisor enrollado. Por supuesto que nos tomamos una a su salud!.
En Angers encontramos un hotel (Molière si no recuerdo mal) donde trincamos una habitación cuádruple que salía muy bien de precio (es lo bueno de ser 4). El problema es que era un tercer piso sin ascensor por el que subir las alforjas y que las bicicletas había que dejarlas en un parking en otra finca donde nos tocó candarlas y hasta quitarles el asiento (es que lo españoles somos más bien de malpensar), por lo que había que subirlo TODO por las escaleras. En fin, terminamos la etapa haciendo más ejercicio.
La lluvia aguantó y nos dejó pasear por la ciudad hasta encontrar un lugar donde cenar. Por suerte había mucha y muy variada oferta y precios más baratos debido a la cantidad de gente joven que salía a la calle y demandaba sitios más baraticos donde comer. Al final elegimos una especie de restaurante americano (California) donde nos pedimos hamburguesas buenas, Fish & Chips y ensaladita cesar, todo bien regadito con vinito, al que ya nos estábamos aficionando.
Al bajar la cena con el paseo nocturno empezó a chispear y lo alargamos menos de lo deseable. Para la mañana siguiente la previsión era de agua a partir de las 11.00, asi que nos fuimos a la cama resignándonos y dando por sentado que al dia siguiente nos tocaba remojarnos si o si.

Miercoles, 4 de Junio. Angers - Ancenis

Nos despertamos a las 8:30 y vemos que la previsión se ha adelantado. A esas horas ya esta lloviendo muy respetablemente. Estudiamos la situación y decidimos que lo primero es irnos a buscar una cafetería donde arrearnos nuestro café olé y unos buenos croissants.
Mientras, la lluvia se va haciendo intermitente y aprovechamos para visitar por fuera el imponente castillo fortaleza de Angers.
Luego seguimos de paseíto y poco a poco nos vamos viendo el reloj y vamos regresando hacia el parquing donde se quedaron guardadas las bicis.
Alli estaban, intactas. Asi que nos las llevamos hacia el hotel e iniciamos la operación Montaje. Sube y baja los tres pisos cargados con todo el equipaje y mientras a ir montando en la puerta del hotel. Cuando ya parece que estamos preparados para salir, de repente se lía parta y empieza a caer la de Dios! madre miiiia qué aguacero!! Por suerte duró poco y empezó a amainar enseguida, permitiéndonos salir y buscar la ruta para empezar a pedalear con cierto retraso.
Una vez la lluvia nos deja rodar tranquilos aparece el viento, que iba a soplarnos todo el día en contra y siempre con el cielo cubierto de nubes como amenazándolos con el dedo en plan... como me enfade te mojo! Pero aguantó.
De hecho aguantó como para permitirnos nuestro lujo diario de la siestecita.
El sol intentaba calentar el ambiente, pero aun con eso la chaquetica nunca estaba de más y cuando nos la quitábamos no tardábamos en echarla en falta.
En una de esas ocasiones en que te despistas también tuvimos nuestra parte de aventura. Durante la etapa de hoy encontramos bastante camino y tramos con subiditas que hubieran convertido la etapa en espectacular si no hubiera sido porque la lluvia intermitente había convertido las pistas mas naturales en barrizales. La ruta iba paralela a unos pistas forestales y cuando nos dimos cuenta nos habíamos separado del track y estábamos en medio de la nada. Bueno.. en medio de la nada segun el track, pero allí había una pista marcada con señales y la estábamos siguiendo. Éramos conscientes que nos estaba separando pero despues de un largo descenso casi en plan trialero ya no teníamos cojones de volvernos para atrás y continuamos como unos campeones por la senda totalmente cubierta de verde. Era impresionante, menos mal que cuando vimos la posibilidad de trincar un camino asfaltado salimos como alma que lleva el diablo y seguimos por la nueva vía hasta enganchar el camino que se había separado muchísimo.
Durante el resto del día, ya sin sorpresas en el camino, el viento siguió ofreciendo resistencia, pero casi sin darnos cuenta y sin hablar del tema, como autómatas nos pusimos en fila india y cuando nos dimos cuenta estábamos forzando la marcha haciendo relevos uno detras de otro y avanzando a pasos agigantados por el camino. Luego sería un tema de conversación para la noche. Nos había salido mejor que si lo hubiésemos planeado.. y sin decir nada, se veía que el equipo del bajón se consolidaba!.
Llegados a Ancenís, donde vimos que había camping, paramos para tomarnos una cervecita y ubicar el camping y cuando llegamos y nos dijeron que tenían cabañas 'amenager' no tardamos en ir un par a buscar un supermercado y aprovechar para cocinarnos una cena de campeones.
Asi, mientras unos se duchaban, otros cocinábamos o repasábamos las bicis para hacer tiempo suficiente y comenzar nuestro ritual de la cena, con vinito, Pasta, una tapita orejita de cerdo y una ensaladita que se curró Miguelín. A la hora de lavar los cubiertos nuestro Doctor nos volvió a sorprender con su equipamiento de lavavajillas y estropajito. Qué profesional.
Y como siempre, despues de la cenita una buena conversación, un pequeño briefing de la ruta hecha y de la etapa del día siguiente y nuestros ojos ya puestos en el equipo de subidón, que no tardaríamos en cruzarnos en el camino y hacíamos cábalas de por dónde se produciría el evento.
Despues de las risas, no tardábamos en recogernos y dábamos buena cuenta del colchón que nos había tocado para dormir. En cuestión de segundos, aunque intentase leer un poco, los ojos se me cerraban y en pocos minutos ya estaba sintiendo el abrazo de Morfeo.

Jueves, 5 de Junio. Ancenis - Paimboeuf
Previstos como estábamos, desayunamos bien en el camping para sacar el máximo provecho a la cabaña y así empezar el día con energía y todo lo 'low cost' que se podía en Francia.
Hoy el día amanecía soleadito y eso animaba a pedalear. La constante lluvia y el ambiente fresquito hace que las mañanas sean limpias y frescas, y que tal como avanza el día la temperatura vaya subiendo pero sin llegar a molestar.
De vez en cuando, alguna torre o fortificación nos llamaba la atención, pero por lo general los castillos más esplendorosos van quedando atrás en el camino y a medida que avanzábamos al oeste las ciudades iban siendo más cosmopolitas, por decir algo, y más parecidas a las de aqui.
Aun con esto, nuestro compañero de viaje, el Loira, seguía siendo el mismo, si bien cada vez se expandía y sus orillas quedaban más distantes. Se notaba que la desembocadura se estaba acercando, y con ella el fin del rio y el principio del mar atlántico.
Al llegar a Nantes el recibimiento fué distinto al acostumbrado. Hasta ahora, las ciudades 'grandes' eran turísticas, sencillas de recorrer. Pero en Nantes daba la impresión de entrar en una ciudad enorme, donde el tráfico ya era notable, y donde circular con bici, aunque seguro, era menos atractivo de lo que había sido siendo desde el principio.
Intentamos pasar por Nantes lo justito para llegar a la oficina de turismo para proveernos de mapas, puesto que es lo único que nos servía, ya que las zonas que abarcaba cada oficina de turismo eran bastante pequeñas y la información se tornaba cada vez más inutil a medida que las pedaladas nos alejaban de la ciudad. Nos costó un poquito salirnos de la ciudad y retomar la ruta. Y he de decir que respiré más tranquilo cuando salimos de la influéncia de la gran ciudad, volvíamos a la bendita tranquilidad de la cicloruta.
Durante la cercanía de la ciudad habían varias obras de arte repartidas por la ruta, entre ellas una muy curiosa que apenas se aprecia en la foto, que era una casa semi hundida en el rio, y que si no hubiésemos sabido que estaba allí a propósito nos hubiera estado picando la curiosidad todo el día.
Cerca de Le Pellerín el track cruzaba el rio. Por un momento subió la adrenalina al pensar, jooooer! Esto se acaba aqui, cómo nos toque dar la vueltaaa!!, pero al instante vimos un transbordador y una par de coches esperando a que llegase para cruzar con él. Por suerte había un bar en la parada, y mientras valorábamos lo que le podía costar al transbordador hacer el camino de ida y vuelta nos pilló terminando la cerveza y tuvimos que esperar a la segunda vuelta.
Otra sorpresa agradabe fue descubrir que ni los peatones ni los ciclistas pagaban peaje por cruzar el río.
Desde la otra margen del rio continuamos al lado de un canal navegable del Loira y gracias al buen estado de los caminos, asfaltados casi en su totalidad, fuimos avanzando muy rápidamente, hasta que cuando menos nos lo esperábamos la rueda trasera de Rosica estalló con un estruendo que casi nos caemos de la bici. (Y ya ni te cuento el susto que se pegó el pelotón de ciclistas que pasaba en ese momento).
Era de esperar. La cubierta estaba hecha un cisco y mucho había durado ya, pero esto nos ponía en una situación grave. Si el daño de la cubierta era muy grande nos iba a hacer perder mucho tiempo. Por suerte poniendo parte de la cámara reventada entre la nueva cámara y el corte de la cubierta sin darle mucha presión, aguantó para seguir rondando, aunque cada vez que pasábamos por algun terreno con baches o sin asfaltar yo me sentía como si rodara pisando huevos, siempre con el 'ay' en la boca por si explotaba de nuevo.
Visto lo visto ahora teníamos que ir buscando alguna ciudad con algun hipermercado, pero todo apuntaba a que no había nada lo suficientemente grande como para encontrar una cubierta para Rosa. Probamos en algun Leclerc o super U pero no encontrábamos nada.
Finalmente preguntamos en una oficina de turismo y el dependiente super amable se preocupó de buscarnos un taller a 5Kms de Paimboeuf y hasta de llamar para preguntar si tenían la cubierta que necesitábamos.
Asi pues decidimos quedarnos en un camping de Paimboeuf y mientras Juan y Migue adelantában ducha y cena, Rosa y yo nos fuimos al taller a reparar la bici y asi respirar de nuevo. De momento estábamos salvando las adversidades.
Con el trabajo hecho y más bien cansados despues de tener que hacer 10kms más por el morro, cenamos pasta con salmon en el camping que habia preparado el subequipo del bajón con mucho amor y luego aun nos quedó un poco de luz para pasear y ver algo parecido a una puesta de sol.
Ya estábamos cerca del atlántico y eso se iba notando cada vez más en todo, la luz, las construcciones, los primeros faros y a lo lejos el mar, inmenso.
Aun pudimos dedicarle un tiempo a nuestras bicis antes de ir a dormir. Era esencial mantenerlas bien engrasaditas y los dias lluviosos como los pasados no ayudaban demasiado. Un apretoncito de tornillos en general tampoco iba mal y ayudaba a encontrar posibles fallos antes de que se produjesen en marcha. Por mi parte un buen tensado a un par de radios que parecían flojos eliminó el ruido que venía oyendo desde días atras y quien sabe si evité la rotura de alguno. Parece que no, pero todo ese peso sobre las ruedas podría provocar una catástrofe si uno de los radios rompiera durante la ruta.

Viernes, 6 de Junio. Paimboeuf - Barbatre
Despues de nuestro buen desayunaco, como siempre, hicimos unos estiramientos (cada día estas sanas costumbres se iban convirtiendo en necesidad) y salimos preparados a comernos Francia de nuevo!
A los pocos kilómetros, lo que la luz nos susurraba, el paisaje desveló. Habíamos llegado al Océano y de repente todo parecía cambiar, la luz era distinta, los pinos reemplazaban a los campos de vides, la arquitectura también era distinta y por supuesto las primeras playas no tenían nada que ver con los meandros de los ríos.
Abandonamos la cicloruta del Loira y ahora continuábamos por la Vélocéan, aunque para nosotros era lo mismo, para nosotros seguia siendo la Velojartá.
Al fin empezábamos a tomar rumbo sur y cada pedalada nos acercaba más a la Espagne, pero ... a qué no sabéis de dónde empezaba a soplar? Pues eso, seguro que habéis acertado jajajajaj
Como he dicho anteriormente los paisajes eran distintos, ahora podíamos disfrutar las vistas de castillos y bajo ellos un puerto náutico repleto de veleros, y eso tenía su puntito, desde luego.
Ahora pasábamos por zonas donde abundaban los criaderos de Ostras y almejas. En cada pueblecito habían criaderos y la publicidad estaba por todas partes. Si os gustan las ostras, ésta zona sería vuestro paraiso.
Como siempre, las panaderías seguían siendo todo un lujazo para los que, como a mi, no cambiamos una buena hogaza de pan ni por una montaña de ostras, ajajaj. Asi que cuando se hacía la hora del almuerzo, buscábamos una y nos aviatuallábamos de pan y de deliciosas tartas tatín o sencíllamente de manzana, que eran deliciosas en cualquier lugar.
A pesar de que en cada departamento de Francia la ruta estaba señalizada de distinta manera, lo cierto es que seguía siendo toda una gozada para rodar, caminos asfaltados, carriles bici y salvo por el viento el tiempo nos seguía acompañando.
La parte mala nos llegó cuando pasamos cerca de un campo de aerogeneradores, evidentemente estaban alli por algo, y hoy tocaba que el viento soplara en contra lo que nos hizo bajar bastante la marcha y a provocar tensiones en cuello y brazos en Rosica, que aun no había dado señales de desgaste.
Desgaste, por otra parte, que algunos reponían disfrutando del sol en una terracita mientras parábamos a tomar una merecida cervecita.
Vimos que la ruta cruzaba por la isla de Barbatre, y en la oficina de información y turismo de Pornic, si no recuerdo mal, nos dieron mapas y nos explicaron que la entrada a la isla se podía realizar bien por  un puente al sur o por el paso de 'Le Gois', que era una carretera pequeña pero que desaparecía con la marea, por lo que estaríamos sujetos a un horario que se establecia en función de las tablas de marea del lugar.
A pesar que no supieron aclararnos con precisión los horarios del día y nos remitieron a otra oficina más cercana donde los tendrían, fuimos para alla a probar suerte.
La suerte estuvo con nosotros y no tuvimos que esperar. El paso estaba abierto segun indicaba una señal luminosa en el extremo y nos decidimos a cruzar.
La sensación era extrañísima. El mar se había retirado casi un kilómetro y la gente se preparaba para cosechar los frutos del mar que quedaban escondidos en la fina arena húmera. Puesto que el paso tenía varios kilómetros de recorrido era imposible no pensar en la posibilidad de que el mar volviese y nos pillara dentro, aunque evindentemente esto tomaría su tiempo y de momento el mar seguía viendose muy lejos de la carretera.
Ya en la isla, empezamos a buscar en los camping nuestra tienda 'amènager' pero señores... estábamos en la parte más turística y aqui o estaban ocupadas o había que reservar un mínimo de dos noches para poderla alquilar, lo que disparaba los precios, asi que tras dos intentos fallidos decidimos, esta vez si, plantar la tienda e irnos a tomar la cervecita de fin de etapa.
En el pueblo no había demasiado bar abierto, y en el bareto donde nos sentamos a tomar algo no nos quisieron dar de cenar porque ... 'no habíamos reservado'!!! PEro si encima tenían a gente cenando y nosotros con un bocata nos apañábamos!!! Estábamos descubriendo el estereotipo negativo del francés que hasta ahora no habíamos encontrado.
Pero también tuvimos suerte y cuando decidimos preguntar en otro lugar, nos dijeron que a pesar de que era tarde, que no nos preocupáramos, que nos prepararían algo.
Y vaya si nos prepararon!! Nos dimos una buena panzá de mejillones típicos con salsa de curry y roquefort que sólo nos faltaba mojar en el caldo! bueno... ahora que lo pienso... mojamos en el caldo! Ajajajajajaj También nos prepararon unas pizzas caseras con atún fresco que estaban para morirse. Vamos, que nos salvó la vida :-) Pero nos lo merecíamos, que con la tontería nos habían salido 101Kms de ruta.
De vuelta al camping con la última luz, empezaron a caer las primeras gotas y en el mar se veían caer los relámpagos cada vez más cerca de tierra. La meteo se volvía a cumplir, por lo que se iba a liar parda.
Y asi fue como nos dió tiempo justito para entrar en la tienda y empezar el diluvio universal. Hay que ver, el primer día que nos toca dormir en tienda y nos cae lo que no está escrito. Yo me quedé frito enseguida, pero Rosa no durmió apenas con el estruendo de los relámpagos.

Sábado, 7 de Junio. Barbatre - Talmont  
La lluvia se alargó hasta las 8:30, así que aguantamos dentro de la tienda hasta más tarde de lo habitual. Luego, tras recoger las tiendas aun mojadas nos damos cuenta que Juan ha pinchado y mientras intento repararle la cámara, termino reventándosela... Madreeee cómo empezamos....
Como nos quedaban suministros del día anterior, buscamos un lugar tranquilo cerca de la iglesia donde parar y desayunamos los restos de tarta de manzana y napolitana casera de chocolate, y otros restos de arenque para empezar el día con energía hasta los topes.
Tras cruzar un enorme puente abandonamos la isla de Barbatre y nos metemos en una preciosa zona llena de pinos y muy cubierta, por lo que el viento ya no es problema y nos deja rodar muy a gusto.
La meteo sigue mejorando y a medida que se acerca el mediodía el sol va ganando terreno y nos permite ir quitándonos capas para rodar más a gusto.
Como siempre, las infraestructuras un pasote!. Justo al salir de una zona arbolada encontramos algo que nos pareció de Ciencia Ficción.. Un compresor de aire comprimido para hinchar las bicis. Algo que en Francia no se suele encontrar ni en las gasolineras y sin embargo lo tenían para la gente que iba a darse una vuelta por el parque. Otro nivel.
Despues de pasar la pinada, casi toda la etapa tuvo lugar por carriles bicis paralelos a la costa, con las playas siempre a nuestra izquierda.
La parte menos atractiva es que se notaba que la costa era una zona muy turística y todo estaba más masificado. Comparado con la tranquilidad que habíamos vivido a lo largo del Loira esto parecía un carril bici de cualquier costa del levante español.
No era dificil encontrar supermercados ni tiendas en estos lugares, así que retrasamos la compra hasta más adelante y luego en un U (era una cadena muy extendida en Francia por lo que pudimos ver) compramos algo de fruta y comida y Juan aprovechó para reponer la cámara que el menda se había cargado. Siempre hay que ir preparado.
Por el camino nos encontramos con un simpático puercoespin jugánose la vida en la carretera que Juan se encargó de devolver a su hábitat.
Buscamos una sombra y encontramos un pino que nos la ofrecía en una piscina natural con una pequeña playa llena de turistas a 24Km de la población de Olonne.
Allí comimos tranquilamente nuesto superbocata y no perdonamos nuestros 10 minutitos de siesta. Lo peor es que cuando uno más a gusto está es cuando toca levantarse para seguir remando.
Cuando llegamos a Olonne nos planteamos dónde pasar la noche ése día. Les Sables d'Olonne eran un lugar muy turístico, pero a pesar de ello en los campings que encontramos no tenían ni sabían qué era eso de una tienda 'amenager'. Buscamos con la conexión de internet y encontramos un Apartahotel en nuestra dirección (aunque fuera de la ruta trazada) en Talmont.
Había que meterse para el interior, y teníamos el handicap de que a las 19:00 cerraban la recepción.
Así que metimos la directa y llegamos justo a hora porque además nos costó encontrarlo. Por suerte pillamos al chaval de la recepción (que se quedó flipado al vernos llegar y no tenía ni el apartamento preparado). Nos dió la ropa de cama y las llaves y nos advirtió que el único supermercado abierto no lo encontraríamos a menos de 20Km y que por esa zona a las 19:00 ya estaría todo cerrado. El pueblo también quedaba lejos de la urbanización, asi que descartamos poder aprovechar la supercocina... oooooh.
Rosa intentó contactar con alguna pizzería del pueblo pero ninguna hacía entrega a domicilio y a ninguno nos apetecía salir a la carretera con tráfico, así que nos espabilamos y con las sobras que llevábamos improvisamos un poco de pasta con embutido y quesos y alguna galletita dulce. Con el tiempo que ganamos aprovechamos para limpiar ropa, tender, repasar las bicis, etc..
El apartamento era una pasada, con terraza, lavadora, dos habitaciones, pero el Wifi era una caca y sólo se pillaba cerca de la recepción. Hicimos una sobremesa tranquila y luego sofanning hasta que se hizo una hora razonable para ir a descansar en una cama grande, como Dios manda. :-)

Domingo, 8 de Junio. Talmont - Marans
Tuvimos que esperar en el apartamento hasta las 9:30 que venían a hacer el check-out, por lo que pudimos descansar tranquilamente hasta tarde y equipar las bicis sin prisas.
La meteo seguía estable y pronto la temperatura se hacía ideal para rodar. Como habíamos gastado todas las sobras en la cena improvisada del día anterior paramos a unos 5Kms de camino al track y desayunamos unos dulces y fruta que compramos en un pueblecito.
Luego continuamos y por culpa de una carretera cortada nos hicieron dar una vuelta descomunal. Viendo el GPS, por evitar 200 metros cortados dimos casi 5Kms de rodeo para retomarlo. Era desmoralizante.
Como era Domingo no encontrábamos nada abierto donde comprar para la comida hasta que, al entrar en una población llamada Jar nos encontramos un mercado en la calle y terminamos comprando salchichón y quesos en una parada atendida por una malagueña (paisana de Miguel) que llevaba viviendo unos años en Francia.
Hasta ese momento la ruta había resultado un tanto lenta, entre rodeos, paradas, etc, pero luego el firme cambió a asfalto y empezamos a adelantar cosa fina. Hacia las 14:00 vimos que habían bares con menus ajustados por 12€ y terminamos comiendo en uno cuya dueña chapurreaba el español y que nos contó que veraneaba todos los años por distintas zonas de España.
Gracias a que estábamos adelantando mucho, decidimos alargar la etapa hasta Marans, y hasta el viento se puso a nuestro favor ayudándonos a que la llegada fuese aun más rápida de lo previsto.
Llegamos hacia las 18:00, y cuando encontramos el camping municipal nos encontramos el problema de siempre. En esta ocasión tenían tiendas preparadas pero faltaban limpiarlas y lo mínimo eran 2 noches.
Por suerte, uno de los empleados se estiró y aprovechando que hablaba bien el castellano porque había estado haciendo prácticas en un Sol Meliá de Torremolinos, nos ayudó a convencer a su jefa que no nos importaba preparar nosotros la tienda (la ropa de cama basicamente) y que a esas horas ya nadie iba a ocupar la tienda salvo alguien como nosotros para pasar la noche... y coló. Ya teníamos tienda!
Mientras la tienda se oreaba un poco teníamos una dura decisión que tomar... limpiar las bicis y ducharnos o ir al pueblo a tomar una cervecita... Lo echamos a suerte y la moneda habló: Al puebloooooooooo!!!
Como ya teníamos de todo, sólo nos faltó comprar una botellita de vino en un 'Tabac' de camino y las cervezas ya las llevábamos puestas.
Nos cambiamos y disfrutamos de una cenita en buena compañía a base de embutido y vino lo mas campestre posible. Despues, como el camping tenía un futbolín hicimos una liguilla que terminaron ganando el equipo formado por Rosa y Miguel (la suerte del principiante... ya se sabe).
El camping estaba fenomenal y muy bien de precio. La wifi tiraba bien y nos permitió repasar la ruta, ver la meteo que amenazaba con alguna gota de agua, etc y tranquilamente reintentar el contacto con el equipo del subidón, del que apenas sabíamos nada y ráramente respondían a los mensajes que les enviábamos. Ya estábamos cerca y no sabíamos cómo tendríamos que hacer las etapas para coincidir con ellos a ser posible en un fin de etapa.

Lunes, 9 de Junio. Marans - Rochefort
Amaneció lloviendo. Más bien chispeando, pero la meteo contemplaba esas gotitas y sabíamos que duraría poquito. Mientras tanto cargamos las bicicletas y poco antes de las 9 devolvimos las llaves de la tienda y al momento terminó de chispear. Como tenían que revisarla aprovechamos y mientras dos esperaban la revisión, otros dos se adelantaron al super U para comprar para el desayuno y para la jornada.
Tuvimos suerte, porque a pesar de ser festivo en el departamento en el que nos encontrábamos el U estaba abierto y pudimos abastecernos sin problemas. Despues, juesto al salir, había un parque con banquitos y allí mismo dimos buena cuenta de la primera ración antes de empezar la jornada.
Salvo un pequeño cacho en el que me confundí y los metí por un camino lleno de hierbas que no dejaban rodar cómodamente, el resto tuvo bastante carretera, y esto, acompañado de que hacía poco viento y el sol era muy agradable animaba a pedalear y se hacía mucho camino sin esfuerzo.
El día pintaba genial, pero la resistencia de los materiales a las jornadas diarias iba pasando factura. Migue rompió un radio de la rueda trasera, que tendríamos que sustituir nada más encontrásemos un taller y yo terminé rompiedo uno de los pedales plegables que no hacía ni dos meses que había estrenado. Por suerte los dos podíamos seguir rodando, pero ahora con más tiento para que la situación no se agravase.
Visitamos la Rochelle con su centro amurallado y, despues de proveernos de nuevos mapas en la oficina de turismo, intentamos que le repararan el radio a Migue en una tienda de alquiler de bicicletas, pero no tenían de su tamaño y lo único que pudimos fue unirlo con un pequeño alambre al radio de al lado, a modo de entablillado.
Disfrutamos de esta ciudad tan turística rodando tranquilamente por su centro amurallado y cuando nos dispusimos a salir pudimos comprobar, para nuestra suerte, que resultó sencillo abandonar la ciudad sin demasiado jaleo ni tráfico. Eso si, la zona portuaria por donde salimos era fea de cojones, pero no se puedepedir todo..
Como además somos un poquito masocas, fué en un pequeño parque con unos asientos con vistas a la zona industrial (que aun no me explico qué hacían ahi) donde nos sentamos a prepararnos el bocata y descansar un poquito. A 35 Kms teníamos Rochefort y pensamos que era una ciudad lo suficientemente grande como para encontrar cobijo sin problemas.
Como venía siendo habitual, los caminos hasta Rochefort eran fantásticos y devorábamos kilómetros sin esfuerzo mientras disfrutábamos de las hermosas vistas del atlántico a nuestra derecha.
Al llegar a la ciudad nos encontramos el camino cortado a causa de una enorme feria en la periferia. Se trataba de una de esas ferias con tenderetes de todo tipo donde cada cual vende lo que le da la gana, hasta los típicos trastos que es imposible imaginar quién es capaz de vender (a lo hippie, vamos). Alli desmontamos y fuimos paseando entre los visitantes y justo cuando nos íbamos a desviar hacia el centro encontramos un Decathlon abierto, a pesar de ser día festivo. Tuvimos suerte y a Migue le repararon el radio con uno de otro color que encontraron, pero lo mejor es que lo hicieron gratis! Un hurra por el Decathlón de Rochefort.
Durante la reparación, el resto aprovechamos para comprar crema solar, isostar y mi pedal para salvar el culo si terminaba de reventar (al final pude terminar la ruta con el roto y devolverlo en España, así que otro hurra para el decathlon).
Comprobamos que en un extremo de la ciudad habían Campings y un Albergue, por lo que nos dirigimos hacia alli. Al salir, una familia de la ciudad que estaban paseando con la bici se ofrecieron a acompañarnos y hasta nos invitaron a plantar las tiendas de campaña en su jardín. He de reconocer que mi concepto de lso franceses ha cambiado drásticamente desde que he rodado por alli en bicileta. La gente siempre ha sido muy amable en general conmigo, y esta era una de las muchas pruebas sobre ello.
Declinamos la oferta muy agradecidos y consultamos las posibilidades, pero el camping no tenía tienda de las grandes y el albergue nos salía a 21€ por cabeza, así que al final alquilamos un apartahotel de dos habitaciones y un sofá cama al lado de un puerto deportivo abarrotadísimo casi por la mismo precio.
Nos organizamos y mientras Rosa y yo nos fuimos al centro a comprar comida para nuestra 'jartá', Juan y Migue se ducharon y lavaron toda la ropa en la lavandería automática que había en la misma calle.
Luego cenamos como unos señores en nuestro comedor un menú saníiiiiiisimo a base de patatas, secreto de cerdo, pasta y bien regadito con cervecitas frescas y vino de la tierra. Vamos!, para que no quedasen dudas de qué era la Velojartá!.
Despues, descansamos en el comedor y yo aproveché para conectarme con la tarifa de datos de orange en francia al curro, para terminar una cosa que debía pasar personalmente.
Mientras, tuvimos noticias de Eva y el equipo 'Subidón'. Estaban en Arcachon, asi que había que empezar a calcular distancias para coincidir. De momento nuestra idea fue de llegar hasta Royan al día siguiente,y luego ya se vería.
Dejamos el lavavajillas puesto con champú porque no teníamos otra cosa y despues de la sobremesa y la planificación para el día siguiente, nos fuimos jartitos a dormir con media digestión hecha.

Martes, 10 de Junio. Rochefort - Soulac-sur-mer
Por la mañana aprovechamos las instalaciones del apartamento y nos dimos el festín sentaditos a la mesa con todo lo que teníamos: zumos, batido de cacao, brioche, tortilla que nos sobró, etc.. Vamos, que nos quitamos unos kilos de las alforjas para ponerlo en nuestra tripa.
Acaparamos el ascensor para bajar bicis y trastos y luego nos repartimos para devolver las llaves en la inmobiliaria mientras otros compraban el pan del día para adelantar. Con todo arregladito y cargadito nos pusimos a rodar.
La providencia hizo que el apartamento estuviese muy cerca por donde pasaba el track marcado, asi que la ruta fue muy sencilla de retomar y no tardamos en empezar a comer kilómetros a buen ritmo.
Hasta St. Agde la ruta no era muy bonita, que digamos, per una vez alli nos encontramos una via verde con un estupendo carril bici por el que daba gusto rodar.
Depues, de Marennes es una autopista. Todo el camino bien asfaltado y recto por donde rodar a buen ritmo y con la sensación de adelantar mucho con poco esfuerzo.
Gracias a la hospitalidad de los vecinos de Marennes, Juan aprovechó para pedir una llave inglesa grande a un vecino que se encontraba en su jardín haciendo chapucillas y apretar la dirección de la bicicleta, que se le estaba quedando bloqueada.
Poco antes Rosa había pinchado, asi que, a pesar de tener buen firme, cuando no era por una cosa atrasábamos por otra. Es lo que tiene el directo :-)
Pero como aun así el día estaba saliendo rodado (nunca mejor dicho), tras la comida, que esta vez hicimos cerca de un faro, aun nos pudimos permitir una buena siestecita al sol. No había que desperdiciar ni un instante de sol para captar esos divinos rayitos.
Duranto todo el rato la ruta seguía siendo una preciosidad, con árboles frondosos y calas muy bonitas cuando nos acercámbamos al litoral.
Tal como se veía, llegamos a muy buena hora a Royan y decidimos alargar la rutita, por lo que en vez de buscar dónde dormir, nos metimos para buscar el Ferry que permitía pasar a la otra orilla evitando un día de jornada en bici.
Tuvimos suerte y llegamos cuando faltaban unos pocos minutos para la llegada del Ferry. Y justo mientras esperábamos, de repente se oyó una explosión, la rueda de Juan reventó, y acto seguido cayó al suelo con todo el equipo ante nuestra cara de sorpresa. Al parecer, un pequeño vidrio hizo un corte en la cubierta y provocó que reventase la cámara. Pero como somos un equipo de precisión, en esos pocos minutos aun tuvimos tiempo de cambiar las cubiertas de adelante hacia atrás, cambiar la cámara e hincharla para llegar al Ferry. Como en la fórmula 1.
Luego subimos al Ferry y en 15' llegamos al otro extremo, preparados para avanzar hasta algun camping donde pasar la noche.
Justo en el primer pueblo, pasamos por una réplica de la estatua de la libertad que los franceses entregaron a los estados unidos y tuvimos que pararnos para hacernos la foto, especialmente a aquellos que no hemos visitado Nueva York. :-)
Cuando llegamos a Soulac-sur-Mer encotnramos un camping con una dueña que tenía bastante mala hos*%& y alli nos trincamos una Mobil-Home muy cuca con una habitación de matrimonio y otra doble. Nunca había estado en una y me gustó bastante.
 Alli nos pudimos cocinar pasta para cenar y despúes de tomar unas cervecitas en el bar del camping llegamos justo a tiempo de disfrutar de la puesta de sol en el atlántico, justo al ladito de la mobilhome.
Luego estuvimos de charreta, viendo combinaciones de tren para acortar y llegar a Bayonna en los próximos días y también recibimos noticias de nuestros compis del subidón, que estaban a unos 60 Kms de distancia.

Miercoles, 11 de Junio. Soulac-sur-mer - Arès
Desayunamos sentaditos en nuestra mobilhome y despues de que la dueña con humor de perros nos hiciese barrerla, salimos prontito y fuimos rodando muy bien, como en las anteriores etapas. Luego recibimos un mensaje de los del subidón descolocándonos. Al parecer no estaban a 60Kms sino a poco más de 40!! La idea de pasar una noche todos juntos se venía finalmente al traste, pero no pasaba nada, almorzaríamos juntos y compartiríamos un rato agradable todos juntos.
Quedamos en un lugar llamado Hourtin Plage, que parecía medio abandonado. Por suerte había alguna que otra tienda abierta. Compramos víveres y algo fresquito para cuando llegaran los compis y hicimos tiempo en un bar tomando la primera cervecita del día antes de las 11:00, hasta que llegaron nuestros compis!!
Me resultó extraño porque primero sólo acudió Darío de Zaragoza, que venía con una bicicleta equipada con motor eléctrico, pero unos minutos más tarde llegaron el resto: Magui -una jovencísima argentina-, Olatz del Pais Vasco, que luego se vendría de vuelta con nostoros y Eva, de Castellón, que nos sorprendió a todos con su megaequipajebrutal! jajaja Iba cargada hasta las trancas!. Nos saludamos, comentamos, y compartimos lo que teníamos en una mesa con banquitos que encontramos cerca y he de reconocer, que incluso ahora, casi siete meses despues de haber vivido la experiencia y a muchos kilómetros de distancia, sigo sintiendo un recuerdo muy especial de aquel momento que rezumaba buen rollo y positivismo que se contagiaba.
No nos conocíamos de nada, excepto de cruzar cuatro mensajes en el foro y por el grupito del Whatsapp, pero era como si ya hubiérmaos rodado desde tiempo atrás. Gracias Oreja! Sin tí esto no hubiera sido posible.
El tiempo pasó rapidísmo, no nos hubiéramos levantado de aquellos banquitos en muchas horas, pero había que continuar y separarnos. Qué bonito habría sido poder compartir más tiempo todos juntos.
Nos deseamos buen viaje, y nos despedimos apenados, pero con la promesa de que nos iríamos contando las etapas para seguir en contacto. Olatz, como ya nos comentó, se uniría a nuestro grupo porque no tenía mucho más tiempo, y desde ese mismo momento fuimos un grupo de 5, como teníamos previsto haber sido desde un principio.
Seguimos rodando, y fuimos conscientes de que nos habíamos zampado 49 Kms con la gorra, así que el hecho de haber parado para pasar ese rato inolvidable con el equipo del subidón, no supuso apenas retraso en la etapa que teníamos pensada. Seguimos rodando muy veloces entre una pista estrecha cargada de mosquitos en algunos tramos que apenas dejaban abrir la boca y que, gracias a la crema solar con la que íbamos embadurnados, provocó que termináramos forrados de mosquitos hasta las orejas.
No paramos hasta Lacanau l'Ocean, donde los dueños de un bar con muy mal caracter, nos negaron rellenar el botellín con agua del grifo, porque era sólo 'para clientes'. Asi que ellos se quedaron sin clientes y nosotros sin agua, hasta que en otro bar nos dejaron a regañadientes (hay que ver cómo se ponen...). Comimos algo ligerito, despues del almuerzo que nos habíamos pegado y luego continuamos hasta el final de etapa, que marcamos en Arès.
Alli no encontramos tiendas montadas, asi que plantamos las nuestras y nos acercamos Migue y yo al pueblo para comprar algo en el super y comer en algún banquito del camping.
Estuvo muy bien, tuvimos una conversación de lo más entrentenida y aprovechando la wifi del camping, puesto que ya se acercaba el final de nuestro viaje, buscamos un billete para Miguel de vuelta Málaga desde Irún, al igual que habíamos hecho Juan y nosotros.
Comentamos la etapa del día siguiente que queríamos hacer hasta Biganos para tomar alli un tren y acortar hasta Biarritz y luego nos fuimos a descansar cada uno a nuestra tienda.    

Jueves, 12 de Junio. Arès - Biganos- Bayonna - Biarritz
Al dia siguiente nos costó un poco más ponernos en marcha, entre desayunar en el camping, desmontar y empaquetar las tiendas y que Mike pidió que le imprimieran el billete de bus al abrir la recepción, se nos hicieron las 10.00.
Todo fué debido a que se quedaron sin toner, luego no recibían el pdf con el billete en su eMail..., en fin, el tiempo suficiente para que Miguelico se 'eramorara' de Ninnette. Así fué como bautizamos a la hija del dueño del camping. Una preciosidad gala, que había vivido unos años en latinoamérica y encima hablaba español con toque latino y que hacía que Migue babease cada vez que le diriría la palabra jajajajaj. Mike: Que yo sólo tengo ojicos pa mi Rosica!! jajajajaja
Luego nos pusimos en marcha y llegamos hacia las 12:00 a Biganos, desde donde pretendámos tomar el tren a las 13.15, pero resultó que los ferroviarios franceses tienen bastante en común con los españoles y se habían puesto en huelga, anulando dicho tren y estableciendo el siguiente a las 19.11. Pero qué íbamos a hacer durante todo ese tiempo!
Pues nada, decidimos que mejor comprábamos el billete desde Burdeos, que era el inicio de trayecto y nos desplazarnos hasta allí en bici para hacer tiempo y de paso visitar esta preciosa ciudad. El problema es que, acostumbrados a rodar por pista, tener que ir por el arcén de una carretera con tráfico no fue lo más agradable del día sin duda.
Pero valió la pena. La ciudad resultó ser muy bonita, con unos edificios majestuosos.
Compramos comida y nos sentamos enfrente de la Catedral, en plan indigente, donde un dúo de estudiantes nos deleitó con unas canciones mientras ensayaban.
Despues sacamos el teléfono y buscamos dónde pasar la noche. Reservamos un Pierre&Vacances en Biarritz, y muy amablemente nos llamaron para darnos el código de acceso al edificio y a nuestra habitación para que pudiésemos llegar más tarde del horario de recepción.
Despues hicimos tiempo rodando con la bici por la ciudad. Me encanta hacer turismo con la bici.
Durante el recorrido, encontramos una plaza con chorros de agua donde la gente se refrescaba y nosotros no fuimos menos.
Estuvimos jugando con el agua como niños, persiguiéndonos, mojándonos, corriendo descalzos, escondiéndo las zapatillas de los compañeros... Vamos... regresando a nuestros tiempos mozos y echando unas buenas risas.
Luego nos fuimos tranquilamente hasta la estación y nos ubicamos con tiempo en la via de nuestro tren. Cuando llegó buscamos el vagón de las bicis y nos atrincheramos alli. No podíamos quedarnos fuera o habría que pasar noche en Burdeos. Metimos las 5 bicis bien apretadas, y hasta pudimos encajar otra de un lugareño sin necesidad de quitarle las alforjas. Por suerte era la primera estación y bajaríamos en la última. Nos sentamos tranquilamente y aguantamos el calor a bordo hasta el final.
La historieta vino cuando el tren paró en Bayonna y advirtió que el tramo hasta Biarritz se realizaría con bus. Imaginad a todos los viajeros del tren en un autobus, poniendo sus maletas en la bodega. Ahora imaginad la cara del conductor cuando aparecimos nosotros con las bicis, casi se cae de culo. Fue literalmente imposible. Con suerte metimos la del lugareño y la de Olatz, que se despedía de nosotros y alargaría el trayecto todo lo posible hasta casa, y nosotros nos preparamos para remar hasta Biarritz, y teníamos que espabilar o nos quedaríamos sin luz.
De camino Juan pinchó delante y la reparación nos pilló en las últimas del día, así que poco más adelante vimos la puesta de sol de pura chiripa, y con la última luz rodamos lo más rápido que pudimos hasta Biarritz. El cachito de ruta era muy distinto a lo conocido, el Pais Vasco francés nos mostraba su costa abrupta y los chiringuitos cerca de costa estaban llenos de clientes escuchando chillout.
Llegamos con las luces puestas y nos organizamos para el descanso del Guerrero. Unos fueron a comprar unas cervezas que nos costaron un ojo de la cara y un poco de vino. Al final, entre ducharnos y prepararnos, cenamos a las 23.00 y estuvimos de tertulia hasta las 2 de la madrugada disfrutando de la compañía. Esa noche los ronquidos fueron monumentales, pero ya estábamos totalmente acompasados y no importaba ya quien roncaba más.

Viernes, 13 de Junio. Biarritz - Irun
El viernes tocaba cruzar la frontera y hacer la etapa corta para descansar antes de la inexorable vuelta a casa.
Desayunamos nuestros últimos restos de alimento francés y realizamos el check out en el apartamento.
La etapa sería corta, pero no falta de desniveles. Estábamos cruzando la frontera y los pririneos tenían algo que contarnos. Acostumbrados a las etapas llanas, esta resultó la guinda del pastel.
Estuvimos rodando con mucha carretera y apenas carriles bici, lo que le quitaba atractivo a la ruta, que por otra parte nos aportaba otros alicientes.
El principal de ellos, las vistas. Cuando nos agobiábamos de subir y que los camiones pasaran a un metro nuestro, sólo había que girar la cabeza hacia la costa y de inmediato nos veíamos recompensados por su belleza.
La niebla entre las montañas fue levantando a medida que el sol iba recalentando el ambiente y al cabo de unas horas el frescor que nos aportaba la niebla se mudó en calor agobiante por el bochorno que producía la niebla y la temperatura en alza.
La ruta no paraba de subir y bajar. En alguna ocasión nos hacían descender hasta pie de playa para luego retomar un subidón de esos que te obligaban a poner el pié en el suelo.
El almuerzaco nos lo arreamos en San Juan de Luz, donde vimos un supermercado chiquitín al lado de un pequeño parque y asi pudimos comer en la hierba, aunque buscando el solete para estar a gusto, porque el hecho de estar parado te hacía enfriarte rapidamente.
En alguna ocasión la carretera nos daba algún respiro y nos ofrecía algun pequeño arcén o, aun mejor, carril bici, pero eran las pocas. Al menos quedaba menos para la frontera y poca carretera que chupar.
Mientras tanto, a girar la cabeza y disfrutar de la costa.
Hasta que llegamos a la frontera! Un puente bastante dejado de la mano de Dios nos separaba de tierra española. Era una tontería, ya lo sé, pero la sensación de volver, aunque fuese del país vecino, reconfortaba bastante y producía una sensación muy agradable.
En ese momento, Juan tomó la inciativa y nos condujo hasta la estación mientras nos nos recordaba su inicio de viaje recorriendo cargado con la bici empaquetada el trayecto entre la estación de tren de Hendaya e Irún. No tardamos en llegar, y lo primero que hicimos fue acudir a comprobar los horarios de autobús y a comprar un par de bolsas típicas para bicicleta de ALSA, ya sabéis a cuáles me refiero: esas que se revientan con sólo mirarlas.
Vimos que las oficinas de nuestra compañía de bus abrían más tarde y nos fuimos a comer un menú español, de esos de dos platos, postre, vino y gaseosa, etc a precio español, muy cerca de la estación para hacer tiempo hasta que abrieran. Cuando abrieron, vimos que todos podíamos adelantar nuestra salida y evitar pasar una noche menos fuera de casa con madrugón incluido. Asi que Juan y Migue cambiaron su salida para las 23:00 de la noche y Rosa y yo para el autobús de las 8:30.
Despues Rosa y yo nos trincamos una pensión para pasar esa noche y nos dejaron subir a los 4 para que todos pudiéramos ducharnos y así ver la ciudad vestidos de persona y emprender el viaje de vuelta bien limpitos.
Luego nos fuimos de paseo, configuramos la tarjeta del movil de Juan para que funcionase en el teléfono que me había llevado y que le vendí rebajado, acompañamos a Migue para que comprara algo a su mujer, nos tomamos unas cervecitas en la plaza mayor, e hicimos tiempo para darnos un homenaje de fin de etapa en un asador de la ciudad que nos recomendó un transeunte al que le pedimos que nos sacara esta foto y que resultó ser el cocinero de alli.
Luego nos fuimos a comernos un chuletón a la brasa con todo el equipo, y mientras, en la sala de al lado emitían el partido del mundial entre España y Holanda, nosotros permanecíamos ajenos a todo en nuestra mesa, recordando estos días atrás y con esa sensación un tanto angustiante de que el viaje termina y esos compañeros con los que has convivido tan a gusto se van a ir y quién sabe cuándo reencontrarás.
Disfrutamos nuestro momento y luego nos volvimos a por la bicicletas y equipajes a la pensión para ir todos juntos a la estación y preparar las bicis para su último trayecto de las vacaciones. El de regreso a casa.
Despedimos a nuestros nuevo buenos amigos deseándoles buen viaje y viéndoles alejarse en sus autobuses de camino de vuelta a sus hogares. Acabábamos de despedirnos y ya los echábamos de menos...
Nos volvimos un poco tristes a la pensión e intentamos dormur un poco a pesar de los ruidos que se escuchaban por los pasillos durante la noche.

Sabado, 14 de Junio. Irun - Valencia - Castellon
Nos levantamos a las 7 y desayunamos algo ligerito para dirigirnos al bus, donde por suert no nos pusieron pegas al cargar la bicicleta (al contrario de lo que ocurrió con Juan la noche anterior, cuando a uno de los conductores no parecía sentarle bien que una bicicleta viajase en la bodega del bus).
El trayecto fue mejor de lo que me esperaba y el tiempo pasó rápido entre cabezada y cabezada y una pequeña parada para comer cerca de Teruel. Hacia las 14:30 llegamos a Valencia y luego hicimos malabarismos para salir con la bici  fuera de la estación y que Rosa esperase alli mientras yo em desplazaba en metro hasta manises y acudía con el coche en su búsqueda para poner rumbo a casa, donde nuestra perrita 'Perla' no se esperaba nuestra vuelta.

Desde estas lineas quiero agradecer al foro de Rodadas.net (http://www.rodadas.net), por ser el medio que nos permitió organizar este viaje (http://www.rodadas.net/foro/topic/sondeando%C2%BFque-tal-un-paris-para-este-verano), a Orejaivolcic (http://www.rodadas.net/foro/profile/orejaivolcic) por sus ánimos y entusiasmo al montar la ruta, a pesar de que finalmente no pudimos conocernos, y al resto de compañeros de viaje, a los del Subidón (Eva, Darío, Magui y Olatz) y a los de mi queridísimo Bajón: Rosa (qué puedo decir mejor de ella salvo que me soporta cada día), Miguelín, ese extrovertido Malagueño y su 'negra' que tanto nos hizo reír (y correr, porque eres un cagaprisaaaaaassss!!! ajajajajaj) y Juan, nuestro mecánico y doctor, con su caracter afable y su puntito pillín cuando pasaba de la segunda copa de vino (Miguel sigue convencido de que te sacará alguna historieta picante con alguna paciente!! ajajajaj). A todos vosotros mi agradecimiento más sincero por haberme dejado compartir esta experiencia con vosotros. Os llevo en la patata!!