Martes, 24 Octubre 2017

Via Domitia: de los Pirineos a Roma (I: Le Perthus - Montpellier)

Tras el esperado final en Le Perthus de la Via Augusta que había recorrido desde Cádiz, aun me quedaban días de vacaciones que aprovechar. El tiempo acompañaba y yo estaba sobre la bici. Qué se hace en estas circunstancias? Se continúa. Ya había llegado hasta aqui y me sentía feliz al echar la vista atrás. Ahora tenía que marcarme otra meta y Roma parecía lo bastante buena ;-)


Llegado al fin (o el principio según se quiera ver) de la Via Augusta, en Le Perthús, encontré dos marcas con opuestas direcciones: La primera sabía hacia dónde llevaba, la otra no. En la marca indicaba: Via Domitia. Y esa fué la dirección que tomé.
No me había informado apenas de esta ruta, tan solo había leido algo en un par de webs y en alguna había encontrado un posible trazado pasado a track, que ahora llevaba cargado en el GPS. Me ilusionó ver una marca de color lila que indicaba el trazado de la Via Domitia y pensé que quizás estaría bien señalizada, lo que contrastaría totalmente con la Via Augusta, pero fue 'arrancada de caballo y parada de burro'.
Daba gusto el cambio de firme. De haberlas pasado putas por la vertiente española de los pirineos ahora el camino estaba asfaltado y se asemejaba a una carretera local española. Recordaba que las carreteras secundarias francesas tenían este aspecto de cuando rodamos por el valle del Loira, así que no descarté la aparición de coches en cualquier momento.
La ruta iba bien, especialmente porque ahora tocaba bajar y, comprobados los perfiles de la ruta, luego planearía entre zonas costeras y marismas sin pendientes. Ahora ya no sólo habían marcas redondas sino que tenían hasta indicaciones la mar de bonitas, con dibujitos y todo, donde se ilustraba a un romano sobre su cuádriga dirección hacia Roma.
Ante cualquier vestigio romano plantaban un cartel informativo que seguia en pié (al contrario de lo que ocurre la mayoría de las veces en españa) informando de lo que se podía ver. La lástima es que sólo estaba en Francés, salvo alguna excepción en inglés o alemán. Desde luego no recuerdo haber leido nada en castellano (en eso nos parecemos...)
Me alegró ver que, al menos, la parte que estaba pintada en el mapa coincidía bastante con el trazado que había descargado de internet. Significaba que quizás estaba explotada como cicloruta y tendría menos problemas de los que me había podido plantear.
En algún momento las marcas apuntaba a caminos no transitables en bici (al menos no con las alforjas) y buscaba trazados alternativos para continuar hasta retomar más adelante las marcas, pero llegó un momento en el que las marcas terminaron y nunca más se supo de ellas. No recuerdo más señales poco antes de pasar por Perpignan.
Los caminos, todos asfaltados, transcurrían entre viñedos, y cuando había que tomar alguna carretera con tráfico solía encontrar un carril bici bien acondicionado. El problema lo encontraba al determinar si la dirección que estaba siguiendo era la más indicada, porque desconocía la terminología de las carreteras y no sabía si la D9 era como una carretera comarcal, nacional o una autovía. Al final convine en que cuantos más dígitos tuviera el nombre de la carretera, más secundaria era. Asi que mejor seguir una D914, por ejemplo, antes que una D9.
Prefiero el vino español, sin duda. Pero hay que reconocer que algunas variedades incorporadas en España proceden de aqui, y aunque no sabría distinguirlas he de decir que su uva estaba tan buena como la nuestra. De modo que cuando tenía ocasión trincaba un pequeño racimo de uva negra y dulzona que me mantenía sobre la bici con energía.
Esta zona de Francia cercana al mar, esta inundada por canales y marismas, por lo que el trazado es verdoso y agradable. Del mismo modo apenas existen subidas, así que la ruta se vuelve insípida por momentos porque el aliciente de hacer frente a alguna pendiente o repecho desaparece casi por completo. Sólo al llegar a las poblaciones hay pequeñas elevaciones sobre las que se asienta el pueblo.
El resto suele ser totalmente llano, y como además esta asfaltado, se adelanta mucho y se hace mucho camino en poco tiempo.
Al pasar Bompas el camino es precioso e incluso hay canales por donde hay caminos paralelos acondicionados para ir en bici.
Cuando busqué alojamiento con el teléfono, encontré un hotel en Rivesaltes. Tenía que desviarme de la ruta, pero era lo que mejor me venía si no quería hacer muchos más kilómetros, así que reservé y busqué el mejor modo de llegar.
Lo mejor parecía ser llegar hasta Claire y desde alli desviarse hacia Rivesaltes, pero algo falló. El desvío pintaba bien, iba paralelo a una carretera principal pero en un momento había que cruzarla y no veía la opción de pasar ni por arriba ni por abajo. La cartografía que llevaba en el GPS no me mostraba nada a excepción de hacerlo desde la carretera, así que me tocó meterme.
Menudo lío!. Me tocó rodar por el arcén y tenía pinta de autovía, con lo que los coches pasaban por mi lado a toda velocidad. Cada vez que veia una incorporación tenía que calcular si había peligro y pararme si era preciso. Al final llegué al hotel Tropic, estaba fuera de la ciudad, en una especie de parque tecnológico.
Con mi deficiente francés, ya que la recepcionista no hablaba ni papa de inglés, me presenté en la recepción y con gestos y la ayuda del smartphone me registré y me informé de dónde podía dejar la bici. Pregunté a qué hora podía cenar, pero tachaaaan! No servían cenas! Mecagüenlalecheee!
Me instalé y por suerte tenía comida en las alforjas, asi que al menos no me acostaría con la tripa llena.
Aproveché para revisar las opciones para volver a España. Mi primera opción era voler hasta la frontera con Francia y tomar el Estrella (el borreguero de toda la vida) hasta casa, pero una amable señorita de información de Renfe me indicó que no podría cargar la bici salvo que reservara todo un vagon hotel, así que cambié de plan. Ahora la opcíon de regreso sería volver en regional TER hasta Portbou, allí enganchar un Media Distancia hasta Barcelona y luego cualquier regional hasta Tarragona o Castellón, dependiendo de si podía volver del tirón o no.

DIA 2. Rivesaltes - Narbona

Me levanté como nuevo y aproveché la ducha para asearme antes del desayuno. Por suerte, el hotel si que ofrecía desayuno por 7€, y decidí que mejor desayunar allí y salir con el estómago preparado.
Ahora tenía que volver atrás, hacia Claire para retomar el camino que había abandonado ayer. Aun estaba espeluznado recordando la catástrofe final para llegar al hotel, pero la suerte hizo que encontranse un camino sin casi tráfico hasta enganchar la via verde de l'Angly.
Cuando acababa de engancharla me encontré con obras, pero por suerte un ciclista que chapurraba español me ayudó a elegir la dirección correcta hacia Claire. Debí contagiarle la enfermedad del pincho, porque un par de Km más adelante me lo encontré apartado a un lado reparando el pinchazo de su rueda trasera. Le ofrecí mi ayuda, pero la rechazó cortesmente y continué mi ruta sin volverle a ver.
La via verde era una maravilla y eso se notaba en que poco a poco iban viéndose más ciclistas en familia, pero eso no duraría mucho y al final tenía que desviarme para llegar a Claire.
Por suerte la pista con viñedos a su alrededor estaba en buen estado y el único problema era el ambiente fresquito y con nubes bajas que en alguna ocasión dejaban caer un poco de llovizna que se aguantaba bien. El sol luchaba por salir y poco a poco lo estaba consiguiendo, lo que se notaba muy agradablemente en la cara.
Al llegar al pueblo paré en una Boulangerie y compré pan para el bocata y un par de botellas de agua fresquita para ir preparado, aunque con el nuevo clima tras la frontera notaba que estaba bebiendo menos y apenas si sudaba.
Hasta Salses le Chateau el camino siguió la mar de bien, pero luego había que tomar la carretera D900 y llevaba mucho tráfico. Para mi desgracia no había carril bici, sino un pequeño arcén, y no veía el momento de dejarla.
Además el tiempo se había vuelto a nublar y ahora el fresco molestaba lo suficiente como para tener que buscar en las alforjas y desenpolvar los manguitos. En aquel momento agradecí haberlos paseado por media españa aun sin usar.
Un buen rato despues había un desvío y conseguí salir de la D900 para tomar una via auxiliar paralela al trazado ferroviario por donde pude rodar muy a gusto durante un buen rato hasta que otro desvío me llevaba más cerca de la costa todavía.
El inconveniente es que era un camino apenas transitado y por el que asomaban rocas que me obligaron a levantar el culo para no resentirme. Era curioso porque, a pesar de que era perfectamente ciclable, resultaba ser el peor camino con el que me había topado en Francia hasta el momento.
A mi derecha el terreno era pantanoso y el agua se introducía en lo que parecía una ensenada gigante con el agua totalmente en calma, como en un lago sin viento.
Poco despues llegué a una pista curiosa de rodeada de pinos, parecía como fuera de lugar por su proximidad al mar, pero debo decir que me resultaba muy agradable. Siempre se agradece rodar por un buen camino y a ser posible rodeado de naturaleza y no de vehículos a motor.
El camino daba finalmente a una zona residencial y allí terminaba, así que se volvía de nuevo imprescindible retomar la D900 hasta cerca de Fitou, la antinua parada romana de Ad Viscensimum
A la entrada del pueblo me fijé en que había varias indicaciónes hacia el Chateau (Castillo/Palacio), pero, a pesar de que me fijé contínuamente no lo ví!. Ya me había ocurrido en otros pueblos y ahora me ocurría igual. Y que conste que a pesar de que toda la zona esta petada de cavas y bodegas de vino no estaba haciendo catas, sino aun sería comprensible con medio pedillo encima :-)
Pasado el pueblo conseguí volver a enlazar con un camino auxiliar entre la via del tren y el mar, pero en esta ocasión estaba en bastante mal estado, ya que estaba cubierto de piedras (esas típicas de las vias del tren) y resultaba incómodo rodar por allí. Además cada vez el agua estaba mas cerca del camino y me temía que en algun momento pudiese invadirlo, cortándome el paso.
Al final, mis temores se tornaron casi realidad. En un momento dado había que cruzar las vias y pasar al otro lado. Trepar hasta la via, que iba por lo alto parecía una locura y el paso inferior de la via estaba en un barranco, y evidentemente con un palmo de agua, pero con todo y con eso parecía la forma más cómoda de pasar al otro lado.
A lo hecho, pecho! Creo que ahora hubiera tomado la misma decisión, pero al intentar cruzar la rueda se quedó clavada en la gravilla bajo el agua y terminé metiendo los dos pies en el agua, calándome las únicas zapatillas.
Para más desgracia, al pasar la parte inundada no había camino y estaba en medio de un cauce seco lleno de hierbajos intentando seguir el track que me llevaría de vuelta a la carretera. Menudo fastidio!
Me rasqué bastante pero tras unos cientos de metros, llegué a la odiada carretera donde pude continuar hasta encontrar un entrador de un camino. Allí paré, me quité las zapatillas y me escurrí los calcetines.
Si alguien pretende seguir mis pasos, más le vale salir por la D6009 y evitarse esta sorpresita. Ahora sólo esperaba que el sol se impusiese a las nubes y me diera el tan ansiado calorcito que en estas tierras parecía escasear. Parece mentira, tan cerca de España y el clima tras las montañas era considerablemente peor.
Luego encontré la forma de abandonar la carretera y me encontré de nuevo entre caminos rurales donde volvía a encontrarme con mis amigos los viñedos, a los que metía mano en cuanto se me daba la oportunidad ;-)
Cerca de La Palme, el camino daba a una zona inundada, que tenía cierta similitud con la Albufera, aunque aqui era todo agua salada. Pensé que aunque hiciese un poco de frío era algo positivo, porque no me imaginaba rodando por allí con el sol del verano y las zonas pantanosas repletas de mosquitos metiéndose por todas partes. En fin, siempre hay que ver la parte positiva de todo.             
Continuando la ruta llegué a Port-la-Nouvelle. Por lo que ví tenía acceso tanto a aguas interiores como al mediterráneo, y las embarcaciones se encontraban amarradas a ambos lados del canal de acceso. No cabía duda de que estaba muy bien resguardado y accesible.
Recordé ciertos comentarios en páginas web sobre francia y sus rutas fluviales. No exageraban.
Esos caminos estaban ahi para el disfrute de ciclistas y peatones. Al ser Domingo me encontré con muuucha gente recorriéndolos. Había familias enteras sobre la bici, parejas, gente sola y mucha gente con alforjas.
Me encontré con caracoles andantes: ciclistas barbudos que llevaban todo a cuestas de su bici, con alforjas delante, detrás y grandes montones tapados en el portabultos trasero (que debía ser mega-resistente). También había otros que transportaban un carrito con ruedas también hasta los topes. Ahora me di cuenta de por qué no me había encontrado casi con ningún cicloturista por España... estaban todos aqui!
Todo lo que veía eran canales fluviales. Pero eran navegables? Pues si.
Primero me encontré con grandes barcazas que parecían de empresas turísticas o de transporte de pasajeros, pero a medida que me acercaba a Narbona, me econtraba familias completas que daban la impresión de haber alquilado una barcaza en alguna empresa dedicada al charter y se encontraban de vacaciones sobre una especie de caravana de rio. Puesto que no había problema de oleaje, la gente comia sobre la borda mientras alguien se turnaba al timón o lo tenía cercano a la mesa, donde podía gobernar y a la vez darle al plato de queso. Me pareció una experiencia muy relajante.
Cierto es que el paisaje en esta última parte de la ruta no era muy cambiante, pero no llegaba a aburrirme. Estamos tan faltos de rios por donde vivimos, que esta especie de rio artificial, con todo el paisaje que conlleva, me resultaba impresionante.
Como me estaba aproximando a Narbona, busqué dónde dormir y en esta ocasión elegí un Étap. Como sabía que estaría apartado de la ciudad decidí visitar primero Narbona, por si acaso mañana no me daba tiempo, y despues de meterme un par de birris, retroceder hasta el hotel para ducharme y descansar.
Nunca había estado en un Étap pero me resultó super práctico. Por suerte llegué cuando todavía había recepcionista y me autorizó a subir la bici a la habitación y me tuvo que hacer la explicación de la falla para acceder a la habitación con el código, etc. Para un tio de pueblo como yo, aquello parecía el futuro! JAJAJ

DIA 3. Narbona - Frontignan

Descansé muy bien y gracias a la calefacción la ropa que había lavado el día anterior estaba seca y preparada para otro uso. Desayuné en el buffet, también muy de mi agrado, y continué la ruta hacia Narbona (Narbo Martius), la primera colonia romana en la Galia, donde ya me había tomado un par de birris el día anterior.
Me pareció una ciudad con un casco histórico muy bonito. Ahora me arrepentía de no haber encontrado un hotel económico dentro del casco, para poder haber paseado más rato por allí, pero... no se puede estar en todo. Otra cosa que me gustó mucho de la ciudad es que estaba repleta de carriles bici. No había entrado en ninguna ciudad grande todavía, pero visto esto, estaba seguro que todas las ciudades estarían más que acondicionadas al uso de la bici.
Aproveché para proveerme de nuevo de agua y pan y luego, siguiendo las vias de salida de la ciudad, y gracias a la existencia de estos carriles, conseguí abandonar Narbona sin luchar contra el tráfico, internándome de nuevo en terreno rural, aunque esta vez sin ruta fluvial hasta un buen rato despues, ni mar a la vista.
El cultivo predominante, para variar, era la vid. Había extensiones interminables repletas de vides enormes, y entre los campos, unas pequeñas carreteras para uso rural que me venían de perlas para circular sin miedo a ser arrollado.
De vez en cuando aparecía algun utilitario de gente vecinal que circulaba con cuidado a mi lado, pero era poco común y estaba disfrutando de la tanquilidad del día, que no terminaba de querer desencapotarse y mostraba un semblante triste. Debo decir que cada día me ponía en ruta creyendo que ése día me iba a caer el chaparrón encima, pero se estaba comportanto muy bien, a pesar de esas nubes bajas que parecían estar a punto de descargar en cualquier momento.
Seguía rodando por el interior y aun quedaba bastante para alcanzar la costa. Los pueblos eran muy bonitos, aunque cruzarlos siempre me suponía problemas con las direcciones prohibidas, que en muchas ocasiones me saltaba. Pero no es lo mismo ir cargado que sin alforjas y en muchas ocasiones tenía que buscar un rodeo hasta enlazar la calle con la dirección correcta.
Durante la ruta, no era extraño encontrar campos vallados con caballos. Me encontré más de los que me esperaba, tanto de caballos como de vacas. Por suerte no me apareció ninguno con toros.
Continuaba rodando por caminos en muy buen estado y resultaba muy agradable. A pesar de que el camino era llano, la sensación era de lentitud. Me refiero a que, como no había que realizar ninguna subida, tampoco habían bajadas y por lo tanto no paraba de pedalear. Así, me resultaba más pesado, ya que sólo descansaba cuando descansaba en algun banquito. Parece curioso, pero lo sentía así.
Así, la ruta hasta poder enganchar una de las vias verdes se me hizo mas larga de lo que pensaba.
Cerca de Coursan rodé a ratos por la V.V. del rio Aude. Volvía a disfrutar del agradable camino entre plátanos y el canal, con tramos asfaltados y grandes carriles de tierra bien aplanada.
Poco a poco, el tráfico de barcazas iba aumentando en dirección a Bèziers y hasta me encontré con un panel informativo con la indicación de la Via Domitia! Increible, pensé que los franceses se habían olvidado ya de ella, pero ahi estaba!. Me alegraba pensa que el hecho de no ver mas indicaciones no era por estar variando mi ruta, sino, simplemente, porque apenas estaba señalizada.
Al igual que cerca de Narbona, me crucé con muchas barcazas en la que sus pasajeros tomaban el aperitivo en la cubierta y me saludaban  con amabilidad. Me daba ganas de decirles: menos saludar y a ver si os abarloais y me invitáis a una copita de vino!
Me quedé sin la experiencia, pero no descarto alquilar un trasto de esos si algun día me junto con unos pocos en la ruta.
Al igual que navegantes ocasionales, también había bastantes barcazas que se dedicaban claramente al turismo. Resultaba raro tratándose de estas fechas, pero supuse que el clima era bastante bueno aun para los paisanos y seguian aprovechando hasta el último rallito de sol antes que el otoño se les lanzase a la chepa a la carrera.
También había tramos en los que con suerte pasaban dos bicis en paralelo, y cuando iba a adelantar a alguien o alguno venia hacía mi, afinaba la puntería para que un mal movimiento no me llevase al fondo del canal. Hubiera sido de película!
Desde la misma via verde, vi un descansadero en una parte elevada de una margen y paré alli. La panorámica de la antigua Baeterris Béziers, en una colina cercana, era una gozada. Lástima que había un poco de neblilla y no dejaba ver todo el contorno amurallado con definición.
Ya en Béziers se observaba un entresijo de canales, a veces complicados de continuar en la dirección deseada. Las exclusas estaban totalmente operativas, y cuando un pequeño barco hacía uso de ellas, los transeuntes curiosos se arremolinaban alrededor para apreciar su funcionamiento.
En uno de los edificios colindantes al canal encontré el organismo del que dependían estos canales: la VNF: les Voies Navigables de France. Asi que ya tengo por donde continuar estudiando. Estas vías dan mucho de si, y al contrario de lo que ocurre en españa, cubren una extensión enorme por donde circular tranquilamente con bicicleta.
En ocasiones, la via tenía un pequeño carril de tierra por debajo pegado al canal y, tras una hilera de árboles, otro carril asfaltado por donde también pasaba algun coche muy de vez en cuando. Asi cada uno podía decidir por donde ir o alternar terrenos para que no diera la sensación de ir sobre una bicicleta estática.
Recuerdo tambien una plataforma llena de grandes manivelas para regular las exclusas oxidadas por donde tenía que pasar. El tramo era muy estrecho, y pasar con una bicicleta cargada era una penuría. Debía existir otra forma de pasar, pero lo desconocía y seguí el track que llevaba marcado. Aunque tenía mis serias dudas de si no me quedaría enganchado a mitad y ya no podría seguir ni hacia delante ni hacia atras...
Y allí me encontré con el Canal du Midi, del que tanto había oido hablar. Con más de 180Kms de recorrido y con el cual ahora estaba enlazando su parte meridional con dirección a Sète, hacia la costa mediterránea.
A mi me pareció más de lo mismo: una preciosa ruta fluvial donde ir en bicicleta era una maravilla. Bien acondicionada, preciosas vistas y con un amplio abanico de posibilidades turísticas.
Siguiendo el canal, pasé por la ciudad de Agde, en la que también vale la pena aminorar la marcha y pasear tranquilamente. Hubiera sido un posible fin de etapa, pero me interesaba llegar lo más cerca posible de Montpellier para que en la última etapa me diera tiempo suficiente para empezar mi infierno de trenes de vuelta.
Una vez pasada la ciudad de Agde, se continúa paralelo a la costa por un carril bici. A la derecha había una elevación de tierra y el mar, al que todavía acudían bañistas (y eso que el agua estaba fresquita). Si buscáis en el mapa la ubicación observaréis que el carril bici corre por una especie de brazo, en el que a la derecha esta el mar y a la izquierda un estanque enorme.
Continuando la ruta llegué a Sète, una ciudad muy turística situada entre el Mediterráneo y el estanque de Thau. La ciudad tiene un nucleo turístico con un amplio paseo marítimo y un poco más al norte se aprecia un importante puerto, del que luego supe era un puerto principal de mercancías en el mediterráneo.
El puerto deportivo era una pasada, con las embarcaciones amarraditas al lado de la calle. Era como uno de esos poblados marineros, pero a lo pijo ;-)
Me arrepentí de haber elegido como fin de etapa Frontignan, que estaba a unos pocos Kms de distancia, pero... no me esperaba que Sète fuera tan bonita, así que continué y pasado el pueblo me desvié de la ruta para llegar al hotel Vila, que era como un antiguo caseron reconvertido. Llegar a la habitación era todo un laberinto, pero al final hasta yo me orientaba.
Me aseé, lavé la ropa que pude y me fuí a dar una vuelta. El pueblo no tenía mucho que ver, por lo que no tardé en sentarme en la terraza de una brasserie donde me arrée unas cuantas birris y un entrecot que me supo a gloria bendita.
Esto tocaba a su fin, al dia siguiente me quedaría una etapa cortita y empezaría la odisea de la vuelta a casa, así que me volví al hotel y confirmé horarios de trenes y posibles opciones de vuelta hasta que Morfeo me meció en su cuna y quedé atrapado en un delicioso sueño.

DIA 5. Frontignan - Montpellier y pa casa.

Desayuné tranquilamente en el hotel y me puse en marcha. No hacía falta madrugar, ya que la etapa de hoy sería de unos veintipocos Kms. Mi intención era llegar a ntes de mediodía a Montpellier y de allí tomar un TER que me dejase en la primera estación de tren española, Portbou, donde finalizaba el trayecto de los regionales franceses.
La etapa de ese día era especial, en su mayoría era una especie de via verde (canal du Rhone a Sète) por el medio de un estanque gracias a un hilito de camino, por lo que durante casi toda la etapa, se rueda rodeado de mar. Parecía como los caminos del Delta, así que volví a agradecer que por algun motivo los mosquitos no se cebasen conmigo.
Por la parte más ancha del estanque se veía un canal de navegación delimitado por boyas, y por el lado derecho parecía que no había mucho calado, de tal forma que en algunas zonas se veían flamencos que debían estar poniéndose morados de pescado o marisco.
También daba la impresión de haber mejilloneras o alguna especie de arte de pesca consistente en una especie de cercado con redes que en algun momento serían recogidas por los pescadores del lugar, aunque no vi a ninguno.
En un momento me encontré con una especie de portalón amurallado, pero cómo no tenía idea de a dónde conducía (es lo malo de no llevar preparada la ruta) lo pasé por alto. Luego me di cuenta que se trataba de Villeneuve-lès-Maguelone y que valdría habido la pena desviarse, pero ... a toro pasado...
Seguí por el canal hasta llegar casi a Palavas-les-Flots, donde tenía a dejar la ruta y desviarme hasta Montpellier. Tenía miedo de tener que meterme por alguna carretera con tráfico, pero para mi alegría había una gran indicación de carril bici con indicaciones hasta Montellier y apenas tuve que tocar carretera.
  Gracias al carril bici llegué enseguida y aunque me lié un poco, dí con la estación de trenes y como pude trinqué un billete para el primer TER con dirección a Porbou que salía. Tuve que esperar una hora hasta la salida y luego no sabía dónde meter la bici hasta que el revisor, muy amablemente, me acompañó y me hizo las indicaciones para que la colgara donde quisiese, ya que sólo yo llevaba bici en ese vagón.
Desde Portbou tomé otro regional, que más bien parecía un cercanias, hasta Barcelona y de allí tomé otro regional hasta Tortosa.
Fué lo más cerca que conseguí llegar de casa y debía hacer noche allí para tomar al día siguiente otro que me llevaría finalmente a Castellón. Es lo que tiene viajar con Renfe, que sólo puedes viajar con bici en los trenes regionales y de cercanías...
Cuando llegué a Castellón al dia siguiente, lo primero que hice fue largarme con los compañeros de curro a arrearme un buen papeo y luego me fui a casa. Todavía me quedaban un par de días de vacaciones y estos tocaba pasarlos con Rosica y la Perla loca.
Ahora, a hacer ganas y a esperar, al menos otro año, para poder atravesar los Alpes desde Montpellier y llegar a Roma. Al menos ahora sé que con tren y paciencia puedo llegar hasta aqui :-)