Martes, 12 Diciembre 2017

La Loire a Velo - de Angers a Tours

De lo poquito que he podido rodar por estos lugares, si me pidierais una definición para ruta cicloturista, creo que la mejor respuesta que podría daros sería 'La Loire à Vélo'. Hasta ahora, en ningún otro lugar había visto tanta gente y tan dispar entorno a una ruta. Da lo mismo gente viejuna, jóvenes, familias enteras con niños pequeños, animales de compañía.... TODO VALE.

Si bien la ruta tiene demasiado asfalto para mi gusto, bien es cierto que toda ella discurre alejada del tráfico y que la belleza del entorno lo compensa con creces.

Orleans, cuna de Juana de Arco, que aparece posando en la foto (es la de encima del caballo, ;-) ), fue la primera ciudad en visitar. Hasta aqui llegamos directamente con el coche despues de haber pasado unos días padeciendo por el Pais Vasco, de Bar de Pinxo en Bar de Pinxo, de sidrería en sidrería y de Sociedad en sociedad.
El plan pasaba por dejar el coche en Angers, tomar el tren TER hacia Orleans, e ir pedaleando de vuelta hasta él, pero una infección en la garganta de la 'xiqueta'  nos obligó a cambiar de planes, anulando el billete y llegando directamente a Orleans y visitando castillos tranquilamente hasta que se recuperara.
Pronto descubrimos uno de los puntos más conflictivos de Francia... Los temibles horarios de comidas!. Por poco no nos dan de cenar en la ciudad porque... Pasaban de las 21.30 y era TARDE para cenar. joeeeer.
Otro grave problema fue el precio de la cerveza, oh! bendita España! Ni en los Paradores te cobran el tercio a 3€ como aqui. Por suerte nos adaptamos facilmente al cambio de cerveza por vino, bastante más ajustado relación calidad-precio.
Nos hospedamos en el primer hotel que pillamos en booking. Le Grand Hotel (no os hagáis ideas por lo pomposo del nombre). Se trata un sitio baratico y muy céntrico con parking en las inmediaciones. Con el francés de Rosica y la amabilidad de los franchutes nos defendimos y visitamos la ciudad al dia siguiente. Tanto la típica Catedral Sante-Croix de dos torres, que me recordó a la de los Hugonotes en Berlín, como el antiguo Hotel Groslot son lugares de obligada visita. Otra panorámica buena se toma desde el paseo a lo largo del rio y no hay que dejar de visitar, como curiosidad, la casa de Juana de Arco, aunque como nosotros fuimos el lunes no pudimos verla por dentro.

Nuestro primer castillo a visitar, tras el recorrido por Orleans fue el de Sully-sur-Loire, a escasos 45 Kms de nuestro inicio. Este fue posiblemente el Castillo que más me sedujo por su exterior precioso y la idoneidad del paraje, donde coincidimos con una feria local un tanto friki, en la que igual se vendía comida como articulos de jardinería y donde además había un escenario en el que cantaba un viejuno sin público, vamos... parecia la típica escena fricona que podría aparecer en una serie tipo 'Me llamo Earl'.
Esta vez no nos pillaron por sorpresa y llevávamos nuestro Sandwich para zampárnoslo en el parque que rodea el castillo, disfrutando de las vistas del castillo, el mini-bosque que tenían como jardín y la orilla del Rio.

Romanico
Antes de retomar el camino, es muy recomendable visitar la iglesia románica de Saint-Benoît-sur-Loire considerada como una joya del Románico y que poco tiene que ver con las oscuras iglesias de Lleida a su paso por  la ruta del románico, tan imporante en esta región.

Me quedé con ganas de probar el espárrago blanco de Francia!. Acostumbrado al tamaño del Navarro y no tanto a su excesivo precio, me sorprendió que justamente aqui, su espárrago era bastante más asequible que en España. Ahora, como no lo probé no puedo opinar. De hecho también me sorprendí con sus Alcachofas gigantes pero ya di por sentado que algo tan grande no podría tener ni de lejos el sabor de una alcachofa pequeñita D.O. Benicarló. Dicen que lo bueno viene en frascos pequeños... por algo será.
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Toda la ruta estaba muy bien señalizada, aunque se echaban en falta paletas como esta, en la que se indican tanto los destinos como el sentido y distancia, ya que en su mayoría tan solo indican con una flecha el sentido, pero como hay algunas variantes había que ir con cuidado de no terminar encaminándose hacia un destino no deseado y darse cuenta demasiado tarde.

Y más bien tarde, llegamos al que posiblemente sea el Castillo más conocido del Loira, el de Chambord. Construido como palacio de caza por Paquito I y que se encuentra enclavado dentro de unas 5.000 Has. de bosque para que no le faltaran animalicos al señor. Digo que llegamos tarde porque acudimos hacia las 16.30 y con la audioguia y la parsimonia que nos caracteriza, se nos hizo hora de cerrar, porque estos animalicos, aunque haga un sol cojonudo y el dia ya alargue, a las 18.00 van pensando en irse a ver qué ha preparado la María pa cenar. Nos hizo bastante gracia el WC de la época esgastado en la silla de la foto y la 'estufita' de cerámica que vimos en uno de los aposentos del castillo. Dios! qué furor hubiera causado en su época el robot-aspirador! Imaginaros un castillo lleno de tipejos de caza enguarrando por toda la casa. El símil sería un fin de semana en un parany gigante.. Lo raro es que sobreviviesen a la cacería ;-) (y el castillo igual)

Lo cierto es que se nos hizo lo suficientemente tarde como para no poder visitar por dentro el castillo de Cherverny, pero vista la foto y habiendo pasado tanto rato dentro de los otros, no fue algo que nos apenara. Nos paseamos por su jardin y dimos el dia por terminado (en lo que a castillos concernía).

Esa noche la pasamos en la localidad de Blois, donde tampoco tuvimos problemas en encontrar un lugar donde alojarnos, y curiosamente, a pesar de que el nivel de vida es más alto (cosa que se demuestra en los precios),  el alojamiento tenía un precio más bien ajustado si lo comparamos con españa.
La mañana siguiente la dedicamos a la visita del Castillo de Blois, en muy buen estado de conservación, como la mayoría de los importantes, porque también había alguno que lo tenían un tanto olvidado.
En especial, me gustaron las esculturas que encabezaban gran parte de los dinteles del palacio consitentes en un Puercoespín coronado, símbolo de la casa de Luix XII. Nunca hubiera relacionado este bicho con la nobleza... También me impactó el retrato de Antonietta Gonzales, afectada por el síndrome de Ambras, expuesto en su museo y que capturaba todas las miradas.
  En el mismo casco, no muy apartado del Castillo, también se puede visitar la Igesia de San Nicolás, y de hecho, espero que lo hagáis porque no deja de sorprender la luminosidad de estos templos. Me recuerda el libro de 'Los Pilares de la Tierra' en el que Jack Builder regresa a Inglaterra tras estudiar la arquitectura de las Iglesias francesas, capaces de aunar altura y grandiosidad sin renunciar a grandes vidrieras y aberturas para captar la poca luz del exterior.
La siguiente maravilla a visitar era el Castillo de Chaumont-sur-Loire.

Como ya empezábamos a integrarnos, llegamos pronto a Tours, donde nos hospedamos en el hotel Europa muy cerca de la estación de tren. En esta ocasión, al contrario de lo que nos había ocurrido con las otras ciudades, el casco antiguo estaba un poco más apartado de la estación, pero no importó. Nos dimos un paseito y antes de las 20.00 ya estábamos cenando en una de las plazas de la ciudad.
Siguiendo nuestra investigación vitivinícola, en esta ocasión nos pedimos un vinito de Chinon. La cosa iba mejor, pero aun le faltaba para llegar a los que tenemos por aqui ;-)
Y con esto y un bizcochooooo.... Nos dimos otra vuelta buscando el rio, terminamos más liados que un pulpo y despues de darle 3 vueltas al casco, se nos hizo la hora para volver al hotel. Tocaba descansar, que Rosica ya estaba recuperada y al dia siguiente tocaba remar.
Por la mañana, visitamos la catedral de Tours, otra maravilla recomendable, hicimos el hatillo, compramos quesito, pan y embutido para rellenar las alforjas y pillamos la autopista hasta Angers. El plan se volvía a re-adaptar y ahora iniciaríamos la ruta desde Alli en vez de Orleans.
Mientras buscábamos aparcamiento, una señal. Hasta ahora nos habíamos encontrado muchos ciclistas por la ruta, pero en esta ocasión hasta la poli de Angers iba montada en bici.
No fue dificl encontrar la ruta de salida de la ciudad hacia Saumur. A pesar de que el carril estaba señalizado, no dejaba de asustarme porque al fin y al cabo circulábamos por una carretera de salida con cierto tráfico. No obstante, cuando el carril se perdia, la gente en coche respetaba nuestra circulación y hasta cierto punto se podría decir que estaban pendientes de nuestra maniobra para circular. Una gozada.
Muy pronto la carretera se convirtió en camino y el tráfico desapareció por completo. Lo agradecí enormemente, porque es entonces cuando se disfruta de la ruta. El verde, que en ningun momento nos abandonó, se hacia más patente y muy pronto llegamos a las orillas del rio.
Fue entonces cuando, sin ataduras de horario, desenfundamos a nuestro amigo choricín y paramos en una area de picnic a retomar fuerzas.
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Con la tripa llena se pedaleaba mejor, y como el día también acompañaba, seguimos siguiendo el curso del rio hacia Saumur, donde terminaríamos la etapa. El sol nos acompañó durante toda la tarde, y lo cierto es que se agradecía porque cuando aparecía alguna nube y pasábamos por algun lugar frondoso que no lo dejaba pasar, enseguida lo echábamos en falta.
Además, como la ruta no se aparatba del rio, los desniveles eran prácticamente inexistentes. De ahi que exista tanta gente de todas las edades que elija esta ruta como  una forma de combinar vacaciones y deporte.
Salvo alguna que otra brisa que, como no, siempre nos venía de morros, no hubo dificultad ninguna. Terrenos astaltados o adaptados, buen clima, 0% desnivel... vamos! paseito en toda regla.
Como siempre la ruta se alargó más de lo previsto, pero como estaba todo estudiado el margen de error fue mínimo. Llegamos a buena hora al hotel Acylon que habíamos concertado a mediodía, y después de hacer alguna de bona enroscá al guardar las bicis en el hotel, nos dimos una duchita y como ya habíamos oteado una buena zona para comer mientras llegábamos al sitio, lo tuvimos claro a la hora de dirigir los pasos.
Disfrutamos de las vistas paranorámicas que nos ofrecía Saumur mientras cruzábamos uno de sus puentes sobre el Loira y cambiamos por una Brasserie para cenar, lo que vendría a ser un bar-restaurante pa los españolitos de a pié.
En esta ocasión el vino escogido fue un D.O. Anjou y estaba muy acertado (o eso o nuestro paladar se estaba haciendo gabacho). Esta vez el cuerpo, a pesar de no haber apretado mucho pedía descanso y como se dice, sin prisa pero sin pausa, tras la infusión volvimos a nuestro hotelito a reponer fuerzas.
Otro punto a favor de este hotel es quu incluía un pequeño desayuno 'le petit dejunè' ;-) Y bien es cierto que nos hizo falta, porque lo primero que nos  encontramos al salir de la ciudad fue una subida a una loma cercana que, a primera hora, se nos venia cuesta arriba (nuca mejor dicho). La parte buena es que es realmente desde esta cima es desde donde se disfrutaba de una vista en primer plano del castillo.
Desde alli tomamos ruta hacia Chinon, siempre bordeando el rio, salvo por un pequeño desvio al principio de la ruta.
A medida que nos acercábamos a la población, el cultivo de vid iba invadiendo el terreno y su extensión iba en aumento. En fin, qué bonita es la vid y... Viva el Vino!
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Puente para pasar del Loira al Cher
Nada más cruzamos el puente buscamos un lugar donde recuperar fuerzas, sacamos a nuestro compañero inseparable: el salchichón y nos apalancamos en un banquito, justo al lado del rio para zamparnos el bocata y, a la vez, hacer la fotosíntesis al sol.
Con la panza llena nos lanzamos como unos valientes a la conquista del castillo de Chinon con un desnivel de 40 metros del trión!, pero tiene truco! Como buenos cicloturistas usamos el ascensor que tan amablemente ha colocado el municipio.
Aun así, tras salir del ascensor, aun nos quedaba una rampa hasta el castillo como tal, pero no fué un problema gracias al gran invento que supusieron los piños y el plato pequeño ;-).  Dimos una vueltecita por los alrededores y luego nos desviamos del trazado original para buscar un desvío que nos llevaría hacia Azay-le-Rideau en linea casi recta sin la necesidad de regresar hacia el rio y luego volver a adentrarnos. En algun momento había sido una ruta provisional y como tal seguia marcada, aunque evidentemente no tanto como las principales.
Durante este trayecto pasamos por menos pueblos y acostumbrados a la llanura del valle, todo lo que se apartaba del cauce del Loira iba subiendo en forma de modestas lomas que unidas al viento que se encanala siguiendo el curso del rio. Desde luego nada que no se pueda superar con un poco más de esfuerzo, pero cuando vas cargado y te toca pedalear hasta en las bajadas toca un poco los h**v*s.
Pasamos por sitios curiosos, como un pequeño pueblo con unas cuevas 'a lo nabateo' donde se habian especializado en una conserva desconocida para mi. La manzada desecada! Pudimos ver un tablón informativo mostrando cómo a base de calor y presión, la manzana quedaba prensada tipo galleta y que con esta conserva extraña se preparaba un típico postre consistente en hidratar dicha manzana con un licor. No lo probé, pero me quedé con las ganas.
Como rodábamos contínuamente entre verdes prados, era bastante común encontrarnos con rebaños de vacas y terneros pastando al sol deleitándose con la fresca hierba (mientras nosotros nos las imáginábamos a ellas en suculentos chuletones ;-) )
Tampoco faltó la típica villa friki donde nos encontramos en un jardin esta fantasmagórica escena protagonizada por tres maniquís montados en bicis de paseo y equipados para disfrutar de un soleado día bajo el sol. A mi me recordó imágenes dantescas de películas en las que el elemento 'muñeco de cera' cobra un matiz tenebroso. Aun con todo esto, no pude evitar parar y hacer la foto para demostrar que hay gente para todo.
A pesar de que habíamos leido que el castillo de Azay-le-Rideau era precioso y que sus jardines permanecían abiertos hasta bastante tarde para que la gente pudiera disfrutar de un día de picnic, esta info no resultó ser del todo cierta y salvo esta foto desde la entrada, sólo pudimos disfrutar de la tranquilidad del pueblo y del relax que se siente al terminar la rutica y empezar a preparar la tarde en el destino.
Tuvimos un pequeño problema con la recepción del hotel que habíamos reservado, ya que estaba desatendida a la hora que llegamos, pero gracias al francés de Rosica todo se solucionó con una llamada y pronto nos abrieron las puertas del hotel P'tit Dej Hotel. Alli nos esperaba una extraña habitación muy luminosa y espaciosa pero con una cama formidable y una ducha digna de los dioses ;-)
Con el cuerpo relajado, nos cambiamos y salimos a pasear por los alrededores del pueblo, intentando localizar una mejor vista del castillo (que no encontramos) y descubriendo (y pa qué negarlo: perdiéndonos) el lugar mientras valorábamos los restaurantes donde cobrarnos la recompensa de la ruta.
Por suerte encontramos un bar donde entramos a tomar una birri, que resultaron sumar unas 4, y el camarero que era Portugués (y que todavía estará descojonándose del palizón que le dieron luego al Villarreal CF por la noche) y hablaba bastante bien el español nos recomendó un par de lugares para cenar, y que aunque nos lo explicó muy bien, por pura casualidad nuestro sentido nefasto de la orientación nos condujo hasta el que resultó ser el restaurante donde mejor cenamos de Francia y cuya relación calidad precio nos sorprendió. Lástima que mi memoria enfermiza no sea capaz de recordar el lugar por si pasais. En esta ocasión, fieles a nuestra selección territorial del vino, tocaba deleitarnos con un Chinon, que no nos defraudó en absoluto.
Tras llenar la tripa, el clima aun invitaba a pasear por las calles peatonales antes de dar por clausurada la jornada y quedarnos fritos mientras comprobábamos desde el hotel la paliza que le daban al Villarreal en Portugal.
Por la mañana volvimos al bar de nuestro colega luso, aprovechamos su 'formula' para el petit-dejuner y nos pusimos en marcha hacia Tours, donde terminaría la etapa ciclista. Dejando a nuestro lado mansiones 'normales' que en España pasarían por palacios, nos orientamos hacia el norte,  a la búsqueda del Loira.
Como los días anteriores el tramo discurría entre prados, habitados por jovenes terneros, apacibles rebaños de ovejas, y hasta un burrito que parecía reirse de nosotros desde la otra parte de la alambrada (Quijás por nuestro vestuario??)
  Como cada vez que creíamos estar cerca de algun castillo famoso, las dichosas balsas de agua nos tomában el pelo hasta que estábamos lo suficientemente cerca como para descubrirlas y descartar la presencia de torres ;-) (La falta de costumbre, ya se sabe).
Por suerte, esta mañana el viento nos presentaba una tregua, y unido a que descendíamos hacia el valle, no tardamos mucho en llegar al castillo de Villandry, donde la guía destacaba sus cuidados jardines.
Y no es para menos, porque subiendo hacia la ladera de la montaña, pudimos observar la grandeza de estos jardines, cláramente separados por zonas y hasta donde la pequeña huerta de comestibles había sido dispuesta de tal modo que cualquiera hubiera confundido sus hortalizas con nuevas plantas ornamentales.
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Otras partes eran grandes explanadas de césped con banquitos para descansar de los largos paseos de estos afortunados propietarios y para demostrar su excedente de agua un hermoso lago artificial con enormes cisnes en medio. Todo un paisaje para disfrutar de la belleza de la naturaleza dominada por el hombre.
Seguimos paseando por los jardines sin prisa alguna. Hoy nuestra etapa era relativamente corta y habían suficientes trenes para elegir en Tours como para perderse esta joya sobre el Cher.
A pesar de todo, había que continuar. Seguimos a lo largo del Cher durante un rato y luego lo cruzamos para buscar de nuevo el track que seguía paralelo al Loira. Al ir paralelos al rio, los prados se convertían en zonas de alta vegetación y en determinados momentos los mosquitos podían resultar un verdadero estorbo (o un aporte protéico, todo depende de cómo se vean las cosas), pero nada que no se solucione con unas gafas bien encasquetadas y la boca cerrada durante un ratito.
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Además de los mosquitos, y debido a la primavera, ciertos árboles no paraban de dejar caer unos pequeños algodoncillos que también terminaban en muchas ocasiones como aperitivo de ruta, aunque esta vez sin ningún tipo de aporte calórico.
Salvamos otro pequeño tramo y usamos una de los numerosas zonas de descanso durante el  largo recorrido para hacer un alto y relajar un poquito las piernas.
La ruta no tenía pérdida, como siempre, todo el recorrido estaba estupéndamente señalizado con direcciones, paletas, información kilométrica, etc. O sea, igual que cualquiera de las rutas en España. Creo que la gente que se encarga del turismo en nuestras poblaciones debería viajar y ver cómo se está haciendo en otros paises para copiarnos lo bueno, porque da la impresión que viviendo en un pais turístico como el nuestro, estamos a años luz de estos señores.
Y así seguimos sin ningún percance hasta que llegamos a Tours. Tocaba poner 'PIE EN EL SUELO' al llegar a la estación de tren. Como buenos pardillos, no nos aclaramos con la maquinita de los tiquets y tuvimos que acudir a información, donde muy amablemente nos vendieron los billetes destino a Angers y nos dijeron que no había ningún problema en cargar las bicicletas en el tren.
Por la expresión de la expendedora, creo que hasta le extrañó la pregunta, pero lo cierto es que para lo que a ellos les debe parecer una tontería, a nosotros nos resulta un sacrificio. Habráse visto semejante locura! Cargar las bicis en el tren! Jjajajaj
Tuvimos suerte y hacia las 13.30 salimos hacia Angers, donde llegamos una hora despues cómodamente y una vez alli fuimos a reencontrarnos con nuestro cochecito, que seguía esperándonos tal cual lo dejamos. Organizamos la logística de las bicis y pusimos rumbo a España del tirón para que todavía nos diera tiempo de llegar a San Sebastián para disfrutar de una noche de Pintxos, como esta mandado.
A todos los que alguna vez hayais pensado alguna vez hacer la ruta, sólo puedo deciros una cosa: ANIMO! no os arrepentiréis, eso os lo aseguro.
Espero poder tener tiempo algun dia para empezar en St.Nazaire y recorrer la Eurovelo por toda Francia, pero de momento... habrá que esperar.