Jueves, 21 Septiembre 2017

Epopeya 2

 Ya estamos aquí otra vez, tres años después de la primera epopeya que nos llevó hasta los Alpes con la bici de carretera, nos hemos marcado un nuevo reto, subir tres de los puertos más históricos del paso de lTour de Francia por los Pirineos: Tourmalet, Soulor-Aubisque y Luz-Ardiden.Para tan importante empresa hemos incorporado al equipo a Fernando, un fichaje de calidad, sin duda.

 

Día 1: Tourmalet

 

            Paraempezar hemos escogido la subida al Tourmalet desde Luz-Saint Sauveur. Se superan 1400m de desnivel en unos 19km, a un porcentaje medio de 7,5% aproximadamente.Elegimos éste primero ya que estamos descansaditos y no nos vemos con fuerzas de subirlo el tercer día.

El inicio está plagado de ciclistas para arriba y para abajo, nosotros comenzamos la subida junto a un grupo de franceses de características parecidas a las nuestras, y con los que Fernando entabla rápida relación, Raúl y un servidor estamos ocupados en encontrar el ritmo adecuado que nos permita llegar a la cima, así que solo cruzamos cuatro palabras. La cosa va bien hasta salir del pueblo de Bareges, donde encontramos un rampón de padre y señor mío, el cual superamos gracias a nuestro repertorio de chepazos varios. 

 

 

 

 

 

 

 Unos kilómetros más adelante llegamos a la primera estación de esquí y con ella el primer descansillo, yo subo con un francés. El tipo levanta la cabeza, resopla y se baja. Yo, por si acaso, ni miro. Al rato me pasa, en una zona de vacas por la carretera, subido en un coche. Trampaaaaaaaa

La subida empieza a ponerse fea, con algunos kilómetros seguidos al 8 o 9% con sus correspondientes cabras y ovejas,  hasta llegar a la segunda estación. El descansillo es ahora mínimo, o quizás es que ya me sabe a poco.

Queda sólo la última parte, tras pasar la estación nos encontramos con rampas bastante duras, un poco más adelante adelanto a unos cuantos ciclistas que van con bici de montaña, llevando un descarado, pero en aquellos momentos envidiable, molinillo.

Cuando ya sólo queda un kilómetro y cree uno, en su ignorancia, que la cosa ya está hecha, me veo un cartel que me indica 10%. Con la mirada perdida, e invocando el espíritu del Puntal, del Xinquer, de la Matadora … en fin, chepeando a diestro y siniestro, conseguimos llegar a la cima, no sin antes recibir las fotos a traición de un fotógrafo que por allí tiene el negocio y una tarjetita plastificada del mismo, poniendo a prueba nuestro maltrecho equilibrio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Allí nos hacemos las fotos reglamentarias con el monumento y nos arreamos un chocolate bien calentito, en pleno mes de Agosto, puesto que la temperatura está por debajo de los 10ºC.

 

 

Día 2: Soulor-Aubisque

 

            Lo que hicimos el día anterior no era una etapa propiamente dicha, nos plantificamosen la base del puerto, atacamos directamente el puerto y luego para abajo por el mismo camino, que a mi entender no es moco de pavo, …. el personal ya se estaba quejando.

La solución  era el puerto Soulor-Aubisque.

Como siempre lo que más nos cuesta es encontrar el pueblo de salida, Argelès-Gazost, y la dirección correcta, pero una vez conseguida esta“proeza” empezamos a subir, con más inclinación de la esperada en un inicio y con bastante tráfico.

Tras dos o tres kilómetros llegamos a un falso llano bastante llevadero donde nos reagrupamos. Al llegar a la localidad de Arrens el tráfico desaparece y el llano también. Se encadenan unos 7 kilómetros a un porcentaje sobre el 8%, con alguna rampa de incluso el 17%. A Fernando le da tiempo de hacer unas bonitas fotos y de dejar a un francés tirando lapas en la cuneta.

 

Llegamos al Soulor, donde nos ataca la oveja comepán y nos hace huir precipitadamente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A partir de aquí se abrió ante nuestros ojos una de lascarreteras más bonitas de las que hayamos pisado, la que bordea el circo de Litor, que nos lleva al Aubisque. Al principio baja un poco, luego llanea y al final, como siempre, la cosa “s’embruta”.

 

 

 

 Al llegar arriba nos hacemos las fotos de rigor y somos recibidos por un peligroso caballo percherón, con el que Raúl tiene sus más y sus menos, que se dedica a rascarse el culo con un monolito, a intentar chafar nuestras bicis y a comerse el pic-nic de los excursionistas.

  

 

 

 

 

 

 

 En el bareto de arriba nos sirvieron un almuerzo que podría firmar la mismísima Paquita. Luego, tras acojonarnos con las fotos del ciclista que cayó por la carretera que rodea el circo, nos dirigimos, poco a poco y congelados, hasta el pueblo desde donde habíamos salido.

Comentar, para los amantes de la zoología, que nos cruzamos con vacas, ovejas, caballos, gallinas y gallos. Aquí, ante ustedes, el caballo percherón

 

 

 

 

 

 

 

 

Día 3: Luz-Ardiden

 

            La mañana amaneció lluviosa, así que nos dedicamos a visitar una tienda de bicis de Lourdes regentada por Hubert Arbes, exgregario de Bernat Hinault. Muy amablemente nos dió un pasaporte, de esos en los que te cuñan los  puertos conseguidos, y algunos carteles conmemorativos del Tour. Después a comprar quesos y vino a gogó. Cuando ya creíamos que nuestra gesta quedaría ahí, va y empieza a despejar. Volvemos acargar las bicis y en un plis nos plantamos en Luz Saint-Sauveur.

 

 

 

 

 

 

 

El problema principal radica en que del esfuerzo de los días anteriores teníamos, como decía Raúl, “gambe di legnoooo”,  pero como esto del ciclismo al final es cuestión de cabezonería y de eso acumulamos un poco …

 

 

 

 

 

   

Habíamos dejado este puerto para el último día, porque teóricamente era el más suave. Como siempre no acertamos ni una. Tras un par de kilómetros llevaderos al 5% empiezan a verse los 7%, 8% y, al salir de la localidad de Grust, se encadenan un porrón de kilómetros al 9%, con verdaderos rampones al 11% y 12%. Ya que los piños hace rato que se han acabado (hubiera pagado en esos momentos millones por un compact) volvemos a echar mano de nuestro extenso repertorio de chepazos, eses varias, etc …

Al final llegamos, como podemos, todos esparramados por la montaña. Como es típico en mí, al llegar arriba me equivoco de camino y voy aparar a la estación que no toca, así que me toca volver a bajar y volver a subir a la estación correcta, como si me sobraran las fuerzas ….

En las fotos podéis ver los últimos kilómetros de la subida,que son bastante más suaves que la zona central.

 

Fernando me comenta que ha visto una cervatilla en la subida, Raúl y yo convenimos que a nosotros nos ha adelantado una oruga …

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bien, aquí acaba el épico relato de la aventura. Como viene siendo costumbre hemos vuelto a profanar otros mitos. El ciclismo desde hoy ya no volverá a ser lo que era.