Jueves, 21 Septiembre 2017

Camino de Santiago Portugués. Lisboa-Finisterre

Los toros tuvieron la culpa. Nuestra primera intención era realizar la vía de la plata de la plata desde Sevilla o Cádiz, pero las probabilidades de cruzar dehesas con unos bichos muuu grandes con cuernos muuuu grandes en conjunción con lo que me gusta el bacalao, nos hizo decantar la balanza a favor de Lisboa, del Atlántico, de la Sagres, la SuperBock y el vinho verde.
  El primer problema que se nos planteaba eran las bicicletas, pero lo solventamos rápidamente enviándolas directamente al hotel de Lisboa por medio de Envialia por poco más de 35€/bici, el segundo no salió tan redondo. El vuelo salía temprano y debíamos llegar al aeropuerto sobre las 6 de la madrugada. Nuestra intención no era incomodar a nadie con el madrugón, así que dejamos el coche aparcado en Manises y pillamos el primer metro hacia el aeropuerto, la sorpresa la tendríamos al regresar...
El vuelo se realizaba con un avión tipo bus, porque tenía unas 40 plazas nada más ;-) fué como volar en un avión de juguete, de hecho ni el equipaje de mano iba en cabina, sino que se guardaba en bodega por falta de espacio.
La diferencia horario hizo que saliéramos de Valencia a las 7 a.m y llegásemos a Lisboa a las 7.20. Una ventaja añadida para aprovechar el dia, sin duda.
Otra ventaja de Lisboa como destino en avión es que el aeropuerto esta realmente cerca de la ciudad y dispone de un aerobus que pasa cada veine minutos y por unos 3,5€ nos dejó en el centro de la ciudad, la Plaza del Rossio, que afortunádamente se encontrama mucho mas cerca de nuestro hotel de lo que nos imaginábamos.
En muy pocos pasos estábamos en la Pensoao Nova Goa, nos presentamos y a partir de ahí nos dimos cuenta que estábamos en Portugal, donde la gente, incluso en una gran ciudad como Lisboa, aun conserva ese trato y cordialidad que se está perdiendo gran parte de nuestro país.
Evidéntemente la habitación aun no estaba lista. No era un problema, ya que nuestra idea era dejar los trastos y tomar un tren hasta Sintra para visitar la turística ciudad de los palacios donde destaca el Palacio da Pena. A pesar de que no nos correspondía el desayuno, el recepcionista en su portugués más entendible insistió en que subiéramos a la primera planta a desayunar en el buffet... y no pudimos despreciar su invitación.
Con la tripa llena buscamos la estación de tren del Rossio y tras dar un par de vueltas para localizarla porque la confundimos con un Starbucks, tomamos el 'Comboio'hacia Sintra.
En 40 minutos llegamos a la ciudad y tomamos el bus turístico circular que nos llevaría a la entrada del Castelo dos Mouros. Allí compramos la entrada combinada y paseamos por una senda llena de piedras rebozadas de musgo hasta las murallas donde disfrutamos de unas vistas preciosas con el Palacio da Pena en el monte contíguo.
A la salida esperamos de nuevo el bus y nos dirigimos al palacio da Pena. El sol estaba alto, pero a pesar de ello en la sombra hacía falta una manguita para no tener frío porque el clima atlántico se manifestaba con unos 5 ó 8 grados menos que en nuestra zona, así que no parábamos de ponernos y quitarnos la ropa dependiendo de lo grande que fuera la nube que tapara el sol.
Visitamos el interior del palacio, mucho más austero que los que reciéntemente habíamos visto en el valle del Loira francés. Es realmente peculiar la arquitectura lusa, a todas luces era una mezcla abigarrada de estilos y colores que a veces podían paracer pegarse entre si.
que combinan distintos colores
Despues de la larga visita, la tripa empezó a reclamar lo que le correspondía y volvimos al centro del pueblo para ver el Palacio real desde fuera y localizar una terracita donde iniciar nuestra pesquisa... Encontrar el mejor Bacalhao de Portugal! Era un duro cometido, pero estábamos dispuestos a todo para conseguirlo.
Lamentablemente nuestro primer intento no resultó muy satisfactorio, un bacalao asado y desmigado con cebolla y pimentón que no obtuvo una gran nota. La búsqueda debía continuar. A esto se sumó que lo que debía haberse convertido en una comida rapidita se alargó sobremanera porque el camarero iba en modo ralentí.
Con el reloj pisándonos los talones, volvimos a la estación y aprovechamos para echar la siesta en el tren de vuelta a Lisboa. Una vez allí fuimos al hotel y ya tomamos la habitación donde nos estrenamos con una buena ducha relajante antes de seguir con la visita de Lisboa.
Justo al lado del hotel tomamos el 'carris' que nos llevó hasta el Castelo de San Jorge. Era impresonante ver como el pequeño tranvía subía por aquellas empinadas cuestas!. En más de una ocasión pensé que las ruedas iban a patinar y nos íbamos a dar la leche del siglo, pero aguantó.
Disfrutamos de las vistas del castillo con el gran estuario del Tajo, testigo de tantas proezas navales, a sus piés. Allí vimos como el sol bajaba hacia el agua (al contrario que en Levante) y aun pudimos visitar el mirador de Sta. Luzía, la Seo y la imponente Plaza do Comerço, donde la luz solar nos dijo adiós y nuestros cansados pies reclamaban una Sagres a gritos.
Estuvimos a punto de caer en uno de esos restaurantes con espectáculo de Fado en el barrio de Alfama porque lo cierto es que nos apetecía, pero no nos convenció ninguno y sin embargo, al pasar por delante de un pequeño restaurante al lado de la Seo y ver en la vitrina las sardinitas que tenían no pudimos evitar meternos para dentro y disfrutar de un buen bacalao (mucho mejor que el de mediodía) y unas sardinitas en su punto de calibre atlántico bien regadito con vinho verde fresquito.
Aun tuvimos tiempo para dar un paseito y en la misma calle que desenbocaba a la plaza do Comerço nos tomamos una caipirinha deliciosa. Qué bien hicieron los Portugueses descubrindo Brasil!
Ya reventados seguimos paseando hasta el hotel y en cuestión de segundos ya estábamos fritos, menudo palizón nos habíamos dado!

Domingo 4
El día amaneció tempranito, y como el sobe había sido de calidad, antes de sonar la alarma ya estaba despierto y en un plis estábamos duchaditos y preparados para el desayuno en la primera planta, donde ya nos invitaron el día anterior. Hasta el café de maquina estaba fenomenal, y esa es otra cosa que me encantó de Portugal, no sé a qué se debe pero en todos los sitios disfrutamos de unos cafés realmente buenos.
Liquidamos la habitación y pedimos al recepcionista que nos guardara los trastos mientras aprovechábamos nuestra última mañanita que queríamos dedicar a Lisboa.
Tomamos el tranvía 15 que iba llenándose a cada parada hasta convertirse en una auténtica lata de sardinas sobre vías y nos dirigimos al barrio de Belén para visitar el monumental Convento de los Gerónimos. Llegamos antes de su apertura, pero mientras tanto visitamos la Iglesia del convento donde descansa el insigne Vasco de Gama y Luis de Camoes..
Para hacer tiempo cruzamos la calle y nos deleitamos con el Monumento a los Descubrimientos, un enorme mirador con forma de proa de barco y  un enorme mapamundi frente a ella con las inscripciones de los innumerables descubrimientos que los experimentados marinos portugueses realizaron a lo largo de la historia. Fué conmovedor imaginar con qué par de huevos se echaban a la mar con lo que hoy consideraríamos cascarones inmaniobrables a la merced de la marea y de la voluntad del viento.
 Desde aqui fuimos a la Torre de Belén, una monumental torre defensiva a la entrada del estuario del Tajo que en su época evitaría que cualquier navio enemigo se atreviese a entrar por él hacia la ciudad. Con el tiempo, la necesidad defensiva se redujo y fue transformándose en una bella torre que vale la pena visitar y aprovechar su ubicacion para obtener unas vistas excelentes.
Se nos hacía tarde, así que retomamos el camino hacia el Convento y probamos nuestro primer intento de comunicarnos por teléfono con los Bombeiros Voluntarios de Alberca do Ribatejo para hacer noche. Ahora no valía la mímica ni nuestras horas de aprendizaje con el Party ;-) No salió mal! Nos dijeron que ellos no podían alojarnos y nos dieron el teléfono del puesto de Alhandra donde si que disponían de sitio para nosotros. un 10! ya teníamos la parte peliaguda resuelta.
Con este tema resuelto llegamos al Convento y en ese momento entendimos porqué no habíamos tenido que pagar en la Torre, los Lusos tienen establecido que los Domingos por la mañana la entrada a los museos es gratuita, a ver si vamos aprendiendo en España...
El convento es otro 'a must' de Lisboa y no hay que dejar de visitarlo tanto por fuera (imponente) como por dentro si estais en la ciudad.
Ahora tocaba la vuelta al hotel, pero en esta ocasión en bus, que salvo por la pérdida de encanto, es una opción bastante más recomendable que el mini tranvía que siempre va petado.
En el Hotel nos dejaron todo lo que necesitábamos para desembalar las bicis y no paraban de salir e interesarse en cómo las montábamos y cuánto tiempo íbamos a tardar en llegar a Santiago, como veréis guardo muy buen recuerdo de los empleados también.
Con las bicis montanas, las alforjas llenas y recién cambiados en el baño del hotel empezamos nuestra odiséa, llegamos a la Seo y desde alli, empezamos a seguir las conocidas fechas amarillas, casi siempre por dirección prohibida.
Por el camino íbamos haciendo paradas para comprar fruta, agua y todo aquello que pensábamos nos haría falta para nuestra primera etapa.
Cuando la salida de la ciudad estaba cerca y sol se hacía un pelín molesto, paramos en el recinto de la Expo lleno de fuentes que refrescaban el ambiente e invitaban al descanso.
La zona de la Expo estaba repleta de gente. Con el sol brillando hubiera sido una gozada hacer como el resto y disfrutar de una cervecita en cualquiera de las terrazas a rebosar de gente y con la vista del magnífico puente de Vasco de Gama sobre el Tajo. Sin embargo, nosotros lo cruzamos por bajo y seguimos el curso del río hasta abandonar Lisboa
Por suerte, durante estas primeras etapas, el camino de Santiago y el camino de Fátima comparten ruta, así que está perfectamente señalizada y no hay posibilidad de pérdida. Además en la mayoría de las ocasiones el camino discurre entre caminos asfaltados o carreteras de segundo órden, lo que facilita en gran manera seguirlo.
De esta manera, salvo en algun pequeño tramo de pista con algo de barro la etapa discurrió sin dificultad alguna.
A la entrada de Alberca do Ribatejo nos paramos a ver los aviones de exposición que tenían en el Museo do Ar, desde aviones de hélice de la segunda guerra mundial hasta reactores de hace poco más de 3 décadas. Tomamos un respiro deleitándonos con la vista y luego cruzamos la via del tren usando los ascensores de la estación que estaba enfrente para dirigirnos a Alhandra.
 A duras penas nos entendimos con los que estaban al cargo del cuartel, pero con un gran esfuerzo mímico nos dijeron donde dejar las bicis y nos acompañaron hasta el salon de actos, donde sorprendidos conocimos a nuestros compañeros de suelo, porque, como ya nos advirtieron, no se trata de albergues sino de voluntarios muy reconocidos en Portugal (vendría a ser como la Cruz Roja o Protección Civil) que disponen de instalaciones y ofrecen lo poco que tienen para pasar la noche.
Quién nos iba a decir que entre los dos extranjeros y los otros dos españoles, íbamos a encontranos con Jose, un casi paisano de Alquerías del Niño Perdido, que junto con su compañero Pepe de Burgos se encontraban realizando el camino despues de haber probado otros tantos antes. Se trataba de auténticos veteranos. Ellos nos pusieron al corriente de que a las 20.00 nos iban a recoger y nos iban a llevar a cenar, si nos apetecía. Así que nos duchamos y puntual apareció un Bombeiro muy simpático que nos invitó a conocer a sus compañeros de piso y después nos llevó a cenar a un bar acompañandonos y ayudándonos a elegir.
En esta ocasión no había Bacalhao y casi todos optamos por una Grelhada de carne, lo que vendría a ser una parrillada, que con vino tinto y postres nos costó menos de 7€.
Mantuvimos una conversación muy animada y nos explicaron sus vivencias como peregrinos y hospitaleros. Buena Gente.
Comprobamos que no solo yo tengo el sentido de la orientación corrupto y, a pesar de estar al lado del cuartel, dimos un buen rodeo hasta llegar. Alli nos despedimos de nuestros huéspedes dándoles la voluntad por lo bien que nos habían tratado y tras escribir un par de postalitas nos metimos en el salón polifuncional para descansar despues de un largo día.
El cansancio hizo su función  y en poco tiempo los ronquidos revelaron el estado de nuestros compañeros, después... prefiero no pensar cómo les 'cantaría' yo ;-)

Lunes 5
Despertamos pronto, aunque nos hicimos los remolones en el suelo viendo como salian los extranjeros y despues se acercaban 'Los Pepes' a despedirse e intercambiar datos, así que fuimos los últimos en abandonar el frio suelo. Nos despedimos de los Bombeiros y empezamos a rodar por carretera sin nada en el cuerpo a la búsqueda de un bar que nos diera 'buen feeling'.
  Llegamos a Vilafranca de Xira, una ciudad muy reconocida en el mundo del toreo portugues en la que existen varias ganaderías conocidas y una enorme plaza de toros con varias esculturas de típicos 'falcados' portugueses. Paramos a comprar un poquito de fruta en una tiendecida y luego llegamos a la plaza, donde nos sentamos en una cafetería al solete a tomarnos un café con leche y unos pastelitos de nata (muy parecidos a los conocidos pastelitos de Belén).
Aprovechando que en la misma plaza había una farmacia y con mis dotes de mímica y una gran sonrisa que era inevitable disimular, conseguí pedir una venda (ligadura) y tiritas (apósito). Oleee! Otro díez para los idiomas :-)
A la salida del pueblo había un pequeño embarcadero con una réplica de un atiguo barco velero usado para el transporte fluvial, donde nos sacamos una foto y luego vimos que el parque por dónde debíamos seguir estaba cortado por obras, asi que no tuvimos más opción que llegar hasta la estación de tren y cruzar las vias por medio del ascensor  para evitar las escaleras.
Desde alli continuamos por una pista tranquilita rodeada de enormes campos de tomates hasta llegar a la siguiente ciudad y avituallarnos en el Lidl. Vimos tantos supermercados de esta cadena que hasta nos planteamos si ellos habían pintado el camino haciendo que pasara justo por delante de las tiendas.
Al poco despues nos cruzamos con la pareja de Ingleses con la que habíamos compartido suelo esta noche y les dejamos atrás deseándoles que tuvieran buen camino. Y pocos Kms despues, a quién nos encontramos? a Jose y Pepe tomando el segundo desayuno en una terracita, así que, puesto que el día anterior no nos habíamos acordado, inmortalizamos el momento y nos despedimos con un abrazo a los hombres caracol, porque menuda mochila llevaban!
Desde aqui el camino trascurría entre carretereras hasta Azambuja, donde nos desviamos y fuimos a salir a una pista al lado del rio que continuamos durante un buen rato.
Es un cambio drástico, acostumbrados a nuestros rios las desenbocaduras de éstos en tierras lusas se ensanchan y se convierten en auténticos mares dulces donde no deja sorprenderme ver barquitos fondeados cerca de sus riberas.
Durante todo este tramo fuimos a lo largo de los amplios cauces y de vez en cuando pasando por algun puente para pasar a la otra ribera.
y a pesar de que casi todo el camino esta asfaltado, nuestro karma busca-complicaciones nos hacía desviarnos del asfalta y acabar rodando por senditas minúsuclas sobre los diques de contención del rio. De modo que una vez nos habíamos dado cuenta del error ya era muy tarde para bajar y sólo quedaba volver o aferrarse a la esperanza de que aquello terminase volviendo a la carretera. Ya conocéis mi lema... hacia atrás... ni para tomar impulso JAJAJAJAJA
  Alguno de esos diques eran más anchos y como el rio estaba justo debajo, habían aprovechado para poner algun banquito y la sombra de los árboles lo convertía en un lugar muy apetecible para descansar. Por eso, cuando el sol ya apretaba y habíamos cubierto nuestro primer cupo de Kms, nos subimos a uno de los diques y nos preparamos el bocata correspondiente. Hmmmm, hay que ver qué bueno es el pan luso ;-)
Otra cosa buena de portugal, o al menos de la ruta que recorrimos, es que no parábamos de encontrar agua durante la ruta, lo cual se agradece cuando el sol hace justicia con los tardones ;-)
Tras el descansito, llamamos a los Bombeiros de Santárem para confirmar un cachito de suelo y encarrilamos la subida a la ciudad, que fue acompañada de un solete de los más apetecible, jajaj
Una vez en la parte alta fuimos siguiendo las indicaciones del 'portas do sol'  y llegamos a la parte amurallada de la ciudad, con unas preciosas vistas al rio. Parece mentira que la ciudad estuviera tan alta, pero cuando uno se asoma a los miradores, constata que el rio queda allá abajo y que se sube poco a poco pero se gana altitud de verdad (para lo que estábamos acostumbrados a ver por allí).
Seguimos visitando la ciudad paseando montados sobre las bicis e intentamos ayudar a unos niños que venían con la rueda pinchada. Desafortunadamente el pinchazo era más bien un tajo y no fué suficiente el parche. Le hubiera dado gustosamente una de mis cámaras de repuesto, pero su rueda era distinta y no hubo manera. Me supo mal, porque pensé que hubiera sido una buena manera de agradecer la simpatía de los portugueses.
Luego llegamos a una plaza y un viejuno nos hizo bajarnos de la bici. Es cierto que había una señal de prohibido circular, pero uno siempre piensa que con la bici todo vale. El caso es que entre que tuvimos que rodear al viejuno y que los bombeiros estaban bastante alejados, nos tocó desviarnos bastante y nos quedamos un pelín descolgado del centro de la ciudad.
El Cuartel, al contrario que los que nos fuimos encontrando, era bastante nuevo, pero como decía, estaba apartado del centro (unos 2Kms), en la parte baja de la ciudad. Tardamos un poco en entrar porque esperábamos en recepción un 'carimbo', el sello para marcar la credencial, pero tuvimos que esperar al dia siguiente para que nos lo dejaran.
Nos dimos una buena ducha y nos instalamos en nuestro Loft, aunque en esta ocasión estábamos solos y disponíamos hasta de aire acondicionado. Un lujazo, vamos! podíamos hasta dormir oyendo la radio en voz alta :-)
Salimos a la búsqueda de algun bar donde seguir con la pesquisa de encontrar el mejor bacalao. Como no, lo primero fue tomar unas Sagres de camino, pero estábamos cansados y al ver la carta y ver que había unos pocos tipos que probar, elegimos quedarnos alli y el resultado fue muy satisfactorio, desde luego. Hmmmmmm aun me acuerdo del bacalaito a la plancha con una fritadita de ajitos y patatitas al horno, hmmmm
Luego dimos un paseito y nos metimos en el loft a escribir tranquilamente postalitas sin molestar a nadie. Hoy poco importaba quién roncara más. Nadie iba a dejar de dormir por mi culpa.

Martes 6
Gracias a la soledad y la ausencia de sustos por la noche el sueño nos cundió y no nos costó nada levantarnos a las 7 de la mañana, desayunamos unas piezas de fruta que conservábamos del día anterior y bajamos a despedirnos y a que nos sellaran la credencial que no pudimos sellar cuando llegamos.
Dejamos un donativo en la misma oficina donde nos sellaron y salimos cruzando el patio hacia los garajes de los camiones cisterna, donde habían dormido las bicis. Justo cuando ya teníamos cargados los bultos, nos dimos cuenta que a las 8 formaban los voluntarios en el mismo patio, se cuadraban y pasaban algún tipo de revista y como si de un cuartel militar se tratara al momento rompían filas y cada uno tiraba hacia un lado para comenzar sus labores.
Como el cuartel estaba en la parte baja de la ciudad comprobamos que la carretera que pasaba por delante enganchaba con el track sin tener que volver a subir y atrochamos por ahi. Cruzamos las vías con los ascensores de la estación y salimos a una pista asfaltada que poco a poco nos alejaba de la ciudad y se adentraba en grandes campos de maizales.
Al principio la ruta estaba cojonuda, pero no tardamos en encontrar pistas que habían sido transitadas con mucho barro y ahora formaban grandes surcos que obligaban a mantener la vigilancia y tramos en los que, para intentar solucionar el problema, habían sido rellenados con fina grava por la que resultaba imposible mantenerse sobre la bici y había que poner irremediablemente el pie en el suelo y arrastrar la bici como si estuviéramos en una piscina de bolas para niños.
Por suerte el camino en mal estado no era abundante y el resto de la ruta la pasamos entre maizales con alguna que otra duda durante el trayecto puesto que en ocasiones parecía que los caminos iban a estar cerrados por particulares o que pasaban por el medio de sembrados, pero afortunadamente el camino se fue despejando y pronto llegamos al siguiente pueblo.
 Así llegamos a Azinhaga, pueblo natal de Jose Saramago, donde curiosamente habían muchas bicicletas y hasta la gente mayor se desplazaba con ellas. Era exagerado para el volumen de habitantes de qué dispone la aldeita.
Nos sacamos la foto leyendo por encima del hombro del premio nobel y seguimos hacia el siguiente pueblo Golegà.
Allí nos encontramos al primer grupo de ciclistas de Huesca que venían con coche de apoyo con el que luego no dejamos de cruzarnos durante todo el viaje. Fué durante el encuentro cuando nos ocurrió una de las cosas mas curiosas del camino. Una señora acababa de ofrecerse para acompañarnos al Intermarché que estaba en la entrada del pueblo, así que íbamos siguiendo su coche con la bici, hasta que encontramos a los ciclistas y paramos a saludar, pero incómodos puesto que la mujer estaba esperándonos para continuar guiándonos. Por suerte cuando llevaba esperando 5 minutos se fué y ya nos quedamos tranquilos de que hubiera seguido su camino sin detenerse por nosotros, así que seguimos conversando con los recién conocidos sin prisas. Finalmente nos despedimos de ellos y continuamos nuestro camino siguiendo la última dirección que llevábamos. Cuál fue nuestra sorpresa al ver que un coche salia de su estacionamiento con las 4 luces de emergencia y volvía a guiarnos!. ¡La señora se había esperado a que termináramos de hablar durante 10 minutos y ahora se disponía a seguir guiándonos! Esto os podría dar una idea de la hospitalidad con la que nos agasajaron los portugueses, pero cuando llegamos todavía nos acompañó dentro y nos dijo dónde podíamos comprar el pan con mejor pinta, etc!. No sabíamos cómo agradecerselo y cómo disculparnos por la espera, pero espero que entendiera nuestos incensantes 'Moito obrigados'.
Con la compra hecha y bebida fresquita nos tumbamos en una placita del pueblo, creo recordar que era una con una capilla de San Pedro, y allí nos hicimos un bocata de lo que terminábamos de comprar y aprovechamos la sombra de uno de los arbolitos para hacer una siesta, a pesar de que un perro vecino no dejó de dar por culo con sus ladridos (na que no supere el sueño despues de comer)
Tras la siesta continuamos nuestro camino por carreteras sin tráfico deseando que el sol dejase de apretar tanto, porque a partir de las 14.00 es cuando nos caia a plomo en la jeta.
Como cosas curiosas recuerdo que había mucho paso a nivel sin barreras, anunciado con un peculiar cartel que rezaba: "Atençao aos Comboios. Pare, escute, olhe". Por suerte esto es facil de hacer cuando uno va en bici y puede escuchar facilmente si se acerca algún tren.
Seguimos por pista asfaltada durante un rato, pero estábamos adentrándonos en la montaña y pronto nos encontramos con el cuestón del día entre una pista  de montaña que subía de golpe con gran desnivel. Para mi agradable sorpresa Rosica subía montada sobre la bici aguantando el tirón, como la campeona que es.
Cuando ya nos estábamos acercando a Tomar Rosica anunció que escuchaba un sonido extraño al frenar. Fue fácil deducir que no debía quedarle mucha pastilla de freno y bastante menos comprobarlo al mirar entre las pinzas y observar que apenas quedaba ferrita con la que frenar su disco. Esto provocó que terminase la etapa frenando con el freno de delante y que nos temiéramos lo peor... que en Tomar no hubiera taller de bicis.
Por suerte llegamos a buena hora y preguntando como bellacos y dando más vueltas que un tonto encontramos la salvacion de Rosa y la mia: El taller de bicicletas Josil donde en un periquete le reemplazaron las pastillas y nos devolvió a la vida.
A continuación, con el tema resuelto nos fuimos al cuartel de los Bombeiros. En esta ocasión nos ubicaron en una sala con una tarima para realizar funciones de teatro y nos metimos sobre el escenario porque pensamos que mejor dormir sobre la madera que no sobre el terrazo.
Abajo se habían instalado dos guiris jovencitos y otro ciclista, al que no vimos ni cuando llegamos ni cuando nos fuimos. Era algo así como el ciclista fantasma. Las únicas pistas que tuvimos fueron su bici aparcada junto a las nuestras y su alforjas en su rinconcito.
Hicimos la colada y salimos a ver la ciudad templaria. Fué una lástima no llegar antes, porque no pudimos visitar el convento-castillo templario que destaca entre su patrimonio, así que fuimos directamente a por la birri. Primero nos sentamos en una terracita y cuando le dijimos a la camarera que de momento sólo ibamos a tomar una cervecita nos respondió que sólo daban cenas. Muy tranquilamente nos pasamos a la terraza de enfrente y al final resultó que con cada cervecita pedíamos un par de tapas y terminamos cenando enfrente del otro bar, para sorpresa de la camarera (y nuestra)
Estuvo bien, porque además de que nos encantaron las tapas (petiscos) el bar tenía wifi y pudimos usar el skype para hacer las llamadas de rigor sin pagar el roaming de los coj**nes.
Lo cierto es que más que un tapeo, la cervecita se convirtió en un homenaje: 6 birris, vinho verde, caracoles, champis, queso en aceite, gambas con curri que estaban para cagarse, postre casero, cafelitos y hasta el dueño nos trajo un mini botellín de mistela y copitas para brindar con nosotros y desearnos suerte en nuestro recorrido.
Con medio puntico nos fuimos paseando y empezamos a ensayar nuestro próximo acto, los ronquidos sobre el escenario.

Miercoles 7
A las 4.00 o así de la mañana, los guiris ya se habían apartado de nosotros (la fuente de los ronquidos) y se habían desplazado al otro extremo de la sala para intentar conciliar el sueño. Debieron pasarlo mal porque al despertarnos a las 7.00 el ciclista fantasma ya no estaba y a las 7.40 salimos nosotros mientras los guiris intentaban dormir un poquito (lo debieron pasar fatal durante la noche). Delante de la puerta de los Bombeiros desayunamos unos zumitos y un trocito de bocata que me sobró del dia anterior y ya nos pusimos en marcha hacia las 8 de la mañana.
El paisaje cada vez es mas montañoso y lo cierto es que se agradece a pesar de las subidas que ello comporta.
Durante todo el trayecto se van atravesando pequeños bosques de eucaliptus y de vez en cuando hasta toca poner el pié en el suelo, aunque más por el estado de algunas pistas que por las pendientes en sí.
En Ceras nos desviamos y nos toca hacer una parte por carretera con tráfico, con lo que ello supone. No se si ya había escrito acerca de las carreteras lusas y su escaso arcén... Cada vez que pasa un camión por el lado una suave brisa recorre tu cuerpo y una gota de sudor frío tu espalda :-). Por suerte el tramo no era muy largo y pronto llegamos a Alvaizare, donde los Oscences nos pillaron mangando uvas en una viña. Esta vez los encontramos pronto, así que perdí toda esperanza de volverlos a ver porque seguro que nos sacarían mucha ventaja.
En Alvaizere paramos y reservamos cerca de Alvorge, en una casa rural de una aldea llamada Vale Florido, con la idea de que, alargando la etapa, al día siguiente tendríamos que recorrer sólo 40Kms hasta Coimbra y podríamos disfrutar haciendo turismo en la ciudad.
Continuamos y nos arreamos una suber pubida en Avenda do Negro para luego proseguir con un sube y baja contínuo.
Y cuando estábamos cerca de Alvorges y menos se lo esperaba uno... TIRIN TIRIN... llamada del curro!. Que falla el servidor, que la web no esta operativa.... Ale! No me quedó otra solución que buscar una sombra en un patio de una casa al lado de la carretera y echar un vistazo con el Terminal. Mientras tanto, primero una y luego varias vecinas salen a ver si necésitabamos algo. Bueno, primero eso y luego tenían ganas de hablar. Y lo consiguieron! De vez en cuando giraba la cabeza y ahí estaba Rosica lidiando con las tres señoras chapurreando español mezclado con cosas en portugués y funcionaba! porque yo me tiré un buen rato frente al PC y aquellas no pararon: Que si una había estado una vez en Santiago, que si la otra tenía un hijo en extramadura, etc...
Con el asunto ya resuelto, retomamos la marcha y llegamos finalmente a la aldea de Vale Florido. Localizamos un bar con el mismo nombre que la casa rural y cuando estábamos leyendo la nota colgada en la puerta indicando que estában cerrados por vacaciones apareció un chaval joven que se presentó ante nosotros como el dueño del local y nos hizo acompañarle 500mts hacia el interior del pueblo.
Nos enseño la casa en la que sólo íbamos a estar nosotros y nos quedamos encantados: cocina completa, ducha enorme, barbacoa, piscina...Lástima no haber traido el bañador.
Como recordábamos que el bar estaba cerrado por vacaiones le preguntamos dónde podríamos comer, a lo que respondió que el Bar era lo único que había y el otro más cercano estaría a unos 4Kms, pero como nos vió derrotados nos dijo que no importaba, que nos abriría el bar y nos haría una parrillada de carne, que no podía ofrecernos la carta. Imaginaos la cara de felicidad, no sabíamos cómo agradecerle!
Así quedamos con él. Nos duchamos, lavamos la ropa, tendimos y fuimos al bar, que en efecto estaba cerrado. Nos vieron y nos abrieron la puerta para pasar a la barra (toda para nosotros) donde nos iniciamos con los quintos hasta que nos dejaron sentarnos en la mesa y nos sirvió una buena ensalada (toda casera) y un plato con varios trozos de carne a la plancha y un poquito de arroz blanco, viño verde y un postre. Nos explicó que sus padres llevaban el negocio, pero como se habían ido de vacaciones él se quedaba al cuidado. Le agradecimos el detalle y cuando nos dijo que le debíamos sólo 14€ de las dos cenas, con los quintos, la copita de licor de Beirao, el postre, los cafés y que nos había abierto sólo para nosotros no pudimos sino darle 20€ y aun nos quedamos con la sensación de haberles robado. Asi que con 20+30 de la casa pasamos la noche cenaditos con 50 euretes.
Fuimos para casa y Rosica se ganó un masaje en el moslo, que le dolía a causa de la etapa montañera que nos habíamos dado. Cuando menos me lo esperé se quedó sobada y aproveché para escribir algunas postales y reseñas en el diario mientras escuchaba musica brasileira en la radio solar. Otra etapa redonda.

Jueves 8
Amaneció con una niebla espesa y nos quedamos con la cara de pasmaos cuando recordamos que la ropa estaba tendida afuera, así que imaginaros el percal... nos llevamos toda la ropa húmeda, muy al contrario de nuestras inteciones.
Desayunamos un poco antes de las 8 con café que encontramos de sobrecito. Dáos cuenta que no estábamos preparados para tanto servicio, lo nuestro se limitaba a llevar pan y fuet, nunca imaginamos encontrarnos una casa enorme para nosotros solos, con tostadores y todas las comodidades de la vida moderna ;-)
Salimos del pueblo siguiendo la carretera auxiliar y luego ya empalmamos con el camino que llevávamos marcado y empezamos los subidones de nuevo.
Y de hecho seguimos de subidón en subidon hasta llegar a las ruinas de Conímbriga, donde terminaba un rampón de la muerte. Esperamos un ratito y decidimos visitar las ruinas en las que se conservaban bastantes mosaicos y gran parte de la estructura de la ciudad y el museo con la historia de la antigua ciudad romana.
Mientras paseábamos por las ruinas conseguimos reservar en el albergue de juventud de Coimbra. Acostumbrados a dormir junticos se nos iba a hacer extraño dormir en habitaciones separadas por sexo, pero la economía mandaba y por 12€ teníamos cama y desayuno :-)
Con un par de horas de visita seguimos con los subidones y llegamos hasta una de las cotas más altas que nos quedaba, la Cruz de Mouros, que con el sol que estaba arreando ya nos costó un buen esfuerzo.
Ahora nos tocaba bajada (al fin) y la disfrutamos cuanto pudimos. Paramos en el Convento de Sta Clara a Nova, desdes donde observamos a sus pies el rio y la bonita ciudad universitaria de Coimbra. 
Bajamos y al lado del parque temático de Portugal dos Pequenitos preguntamos a una oficina de información y turismo, quien nos recomendó darnos un paseo por la ribera de rio, para luego visitar la ciudad.
Así lo hicimos. La ribera con terracitas y parques nos recordá la salida de Lisboa y nos encantó. La gente estaba paseando y se disfrutaba un ambiente festivo que el día soleado convertía en una invitación a tomar una birri junto al rio.
Como la carne es débil, no pudimos evitarlo y nos sentamos en una de esas apetitosas terracitas y nos encontramos con uno de los platos de bacalao más buenos de las vacaciones, un estupendo platito bien condimentadito con una especie de suquet cargado de pimiento y unas patatitas deliciosas.
Y como el tiempo acompañaba, nos quedamos tomando birris hasta que cuando vimos que el reloj marcaba las 5 de la tarde, nos entró el remordimiento y decidimos ponernos en marcha y buscar el albergue.
DIOS! en qué mal momento elegimos el albergue!!!. El nucleo viejo de la ciudad era un contínuo subir y bajar cuestas y el Albergue, aunque no se encontraba lejos del centro, estaba tras un par de esos subidones. Llegamos a duras penas, nos acomodamos y nos dimos la duchita reparadora, que nos vino de miedo despues de los cuestones del final. El único problema: el albergue no tenía lavadora ni secadora, así que estábamos jodidos, la ropa no se había secado apenas y nos tocaría estirar las mudas.
Una vez arregladitos nos dimos un paseito por el centro histórico, donde destaca su complejo universitario, la iglesia de Santiago y la Seo Velha. Nos tomamos una cervecita en una plaza muy bonita (en medio de unas escaleras de subida) y luego salimos a buscar algo donde cenar. Por una de esas casualidades doblamos por una callejuela del casco y nos encontramos uno de esos restaurantes pequeñitos, cutrillos, con pocas mesas pero casi todo lleno y creimos que sería una buena opción. Efectivamente lo fue.
Por suerte pedimos solo media ración de un plato de bacalao con garbanzos, asi que no quiero ni imaginarne cómo sería la entera!. Imaginad que la tapita de Queso de Alentejo era un queso entero. Total, que aun con esto, una ensalada, los platos, el quesito, vinho verde, el Beirao y unos cafelitos no llegó ni a 25€.
Paseamos un ratico para bajar la cena y cuando menos nos lo esperamos nos encontramos un concierto de fado viejuno en la portalada de una de las iglesias, así que nos quedamos escuchando un par de canciones y luego pa'l sobre, que al dia siguiente hay que madrugar.
A la llegada al albergue había solo un inglés durmiendo. Que Dios se apiade de él, pensé. Al poco entraron un par más, ahora esperaba no roncar mucho, tres contra mi era un asunto difícil de resolver ;-)

Viernes 9
 A las 7 ya estaba despierto, el resto de compañeros dormía plácidamente, lo que me indujo a pensar que no serían caminantes, sino gente que estaba de paso por vacaciones. Me encontré con Rosica en el Hall y de ahi fuimos al comedor, ya que se ofrecieron a que pudiéramos desayunar antes de la hora de apertura del comedor. Nos tomamos un café con  leche y unas tostaditas con jamón york y queso y ya estábamos preparados para afrontar la etapa del día.
Lo primero que pensamos cuando vimos que el track empezaba de bajada fue: Menos mal que no tenemos que subir otra vez hacia el centro!. Tomamos una carretera asfaltada y salimos facilmente de la ciudad.
 El problema principal lo encontramos en la metereología, el día habia salido con una niebla espesa y tras las primeras subidas hacia Santa Luzia teníamos que tomar una nacional con mucho tráfico y nos temíamos que ni con el chaleco nos iban a ver. Lo cierto es que lo pasamos un ratico mal.
Por suerte la niebla despejó y pudimos rodar sin problemas de visibilidad, de hecho los cambiamos por otros de ciclabilidad, porque haciendo caso de las flechas y descuidando el GPS dimos un rodeo por un tramo lleno de piedras y maleza del que nos arrependimos un buen rato.
 A una hora razonable, llegamos a Agueda, donde nada más cruzar el rio encontramos una tienda frente a un parque de grandes árboles y enormes sombras que se perfiló como el lugar ideal donde comer. Compramos unas cervecitas fresquitas y algo de fruta y nos tumbamos a la bartola a arrearnos el bocata.
Las hormigas no nos dejaron alargar mucho la siesta, pero aun así yo me pegué mis ronquidos y hice pasar a Rosica un ratico de vergüenza. Despues nos fuimos a una terracita al lado del puente para tomarnos un par de pingados y nos volvió a pasar una de las nuestras. Cuando fui a pagar los dos cortados y me dijeron que era 1,10 lo pimero que pensé es que se habían equivocado y sólo me habían cobrado uno, así que mientras pensaba cómo explicarle a la camarera el error me fijé en el tiquet y efectivamente había marcado 2 pingados, o sea que el café en la terraza nos había costado menos de 60 céntimos!
Tras la comida nos tocaba hacer una subida hacia Mourisca donde habían unos pocos palacetes que ver desde la calle y que en muchos casos se encontraban abandonados.
Quizás el problema de la ruta más evidente es que tenía mucho asfalto. Demasiado para nuestro gusto, especialmente por el tráfico que esto supone.
Tras Mourisca, pasamos por un puente medieva precioso que reseñaba la guia y paramos a hacernos la foto. Lo peor es que, a pesar de lo que parezca en la foto, el camino que pasa al lado del puente es una nacional.
Llegando a Albergaria pasamos por uno de los pocos bosques que no hacía mucho que se había quemado. Como siempre es una lástima y da mucha pena cuando se admira un espectáculo así. En esta ocasión, para dormir en Albergaría teníamos que pedir las llaves de la casa parroquial al párroco del pueblo y usar las instalaciones de los Bombeiros para ducharse. Para nuestra sorpresa, el párroco nos dejó las llaves de un bajo propiedad de la iglesia y ni siquiera nos pidió los nombres. Simplemente se limitó a instalarnos y pedirnos que a la mañana siguiente le devolvíeramos las llaves dejándoselas en su buzón.
Como el bajo era todo para nosotros tendimos la ropa e hicimos una ocupación en toda regla. Luego fuimos al pueblo a cenar de tapas en un bar cuyo dueño había estado trabajando en un restaurante Español y dominaba el arte del tapeo, por eso nos arreamos unas tapitas de Orejita, Pulpito, Certido estofado, unas buenas Bock fresquitas y un par de pingados para terminar, que con Beirao incluido no llegó a los 20€.
Cuando empezaba a llegar gente al bar para cenar a hora de locales, nosotros ya estábamos deseosos de llegar a nuestro camastro y poco más tarde de las 22.30 ya estábamos pisando la oreja.

Sabado 10
Al día siguiente desmontamos la paraeta que teníamos montada en la casa parroquial, nos desayunamos parte de las reservas que teníamos del día anterior: zumitos, fruta, etc y arreamos prontito tras dejarle las llaves y un pequeño donativo al párroco del pueblecito. Al principio rodamos a gusto entre pequeños bosques de Eucaliptus pero luego la carretera siempre estaba ahi, en parte para suavizar el camino y en parte para quitarle su atractivo :-(
Como venía siendo habitual, pro la mañana tempranito hacía fresco, pero al poco de rodar el sol empezaba a calentar el ambiente y ya se rodaba más agustico. A nuestro paso por Oliveira de Azemis compramos en una tiendecita la ración de fruta del día y algun que otro vívere, entre ellos algun zumito y una pequeña pelota de fraile (no sé cómo se llamaba allí) que tenía más de tres días de historia, pero que nos sentó de lujo cuando nos la arreamos en un banquito de una calle peatonal en el pueblo.
Seguimos y justo antes de llegar a San Joao, al final de una subida, cuando el sol ya apretaba, nos dimos de morros con una pastelería. Paramos a por unas cocacolas fresquitas y vimos una especial de bollo preñao con carne que, aunque no teníamos hambre, no pudimos dejar de comprar para cuando nos llegara el momento.
Una cosa a la que no he hecho referencia es la cantidad de cementerios por los que pasa la ruta y sobre todo, lo monumentales que son. Es curioso encontrar desde el más pequeño hasta otro grandísimos pero todos con muchos panteones que estéticamente no podías dejar de admirar. No entramos en ninguno porque ya me parecía un pelín macabro, pero lo cierto es que si pasais estoy seguro que os sorprenderá.
En San Joao de Madeira nos empezó a chispear. Hasta entonces no habíamos conocido la lluvia en la ruta y por suerte esto iba a ser únicamente una nube perdida que dejó cuatro gotas a su paso. Nos dimos una vueltecita por la ciudad reconocida por su tradición desde largos años en la fabricación de sombreros de algodón y luego continuamos la rutica.
 Como seguía chispeando paramos en una marquesina tapada que encontramos al lado de la carretera y allí mismo nos arreamos los bollos preñaos y nuestro aporte de fruta del mediodía. En esta ocasión la siesta no era viable y tras la comida descansamos un poco y cuando vimos que ya no chispeaba continuamos nuestra etapa.
Aunque parezca mentira, cuando ya nos encontrábamos relativamente cerca de Porto fue cuando encontramos la parte de calzada romana que queda original. Y  Rosica puede dar fé de ello, porque 2000 años sin arreglar la carretera es jodido hasta con suspensiones JAJAJAJ. El culo es testigo de esos pocos metros de bolos que asemejan la ruta a pasar por un barranco.
Tras la diversión de la calzada romana las fechitas amarillas nos la volvieron a jugar y cuando decidimos apartarnos del track para hacer caso a las fechas nos dimos una buena vueltecita  que acabó siento un rodeo inútil y del que sólo obtuvimos un pinchazo en mi rueda.
Tras este pequeño incidente continuamos nuestra aventura todavía entre pistas que iban desapareciendo a medida que nos acercábamos a la gran ciudad.
La ruta se estaba alargando más de lo debido y todavía teníamos que encontrar una lavandería. Supusimos que en Porto sería sencillo, pero lo cierto es que se convirtió en una árdua tarea. Vimos en internet  que había una en Vilanova de Gaia, como en un barrio de la ciudad, pero nos suposo un desvío considerable, que unido a las obras del tranvía y que teníamos que buscar pasos para saltar a la otra parte de la via del tren, nos retrasó la llegada.
Al fin llegamos a la lavandería!. Uuuy un sueño al alcance de pocos! :-) Aparcamos las bicis al lado, desmontamos las alforjas y cuando fuimos a entrar otros usuarios habían usado todas las lavadoras a excepción de la industrial de 11Kg de ropa!. Jooer. No pasa nada! Lo metimos todo (hasta yo me quedé casi en peloticas para lavar hasta el maillot que llevaba puesto) y gracias a mi experiencia con los electrodomésticos ( :-) ) lancé un programa corto con la intención de terminar antes que ellos y que me diera tiempo de meter la colada en la secadora antes, ya que de otro modo se nos haría de noche. Lo conseguimos! había sido una estrategía sublime! terminamos con un minuto de margen para ocupar una de las dos únicas secadoras y nos llevamos la ropa limpita y sequita hacia el hostal!
A la salida de la lavandería nos encontramos con los dueños del negocio, que, sorprendidos de vernos, nos preguntaron qué tal la lavandería, si nos había gustado, cómo la habíamos encontrado, etc. No pudimos perder mucho tiempo con ellos porque la noche estaba acercándose pero les dimos las gracias por haber montado ese negocio y le deseamos mucha suerte. Gracias a ellos íbamos a dejar de ciclar avinagraos :-)
Apretamos la marcha dirección a la ciudad y de vez en cuando parábamos a hinchar mi rueda que estaba perdiendo aire poco a poco, lo que no evitó que se nos hiciera oscuro a la entrada de la ciudad. Por suerte nos costó poquito encontrar el hostal reservado, donde nos ayudaron a entrar las bicicletas y a acomodarnos en una habitación de servicio porque estaba petao y luego mantuvimos una charla con ellos sobre nuestro viaje.
Efectivamente no sabemos qué ocurria pero la ciudad hervía de gente. Era sábado y las terrazas estaban hasta la bandera de gente cenando en la calle y tomando copas. La primera impresión fué deliciosa, se veía una ciudad muy importante y señorial, con una estación de trenes preciosa, decorada con azulejos ilustrados, repleta de grandes edificios modernistas pertenecientes a la banca,  y dimos una vueltecita para empaparnos del ambiente.
Como ya habíamos llegado tarde, el primer local donde quisimos entrar nos rechazó porque ya estaban a punto de cerrar, así que encontramos una mesa libre en la calle y probamos un plato típico de Porto, la Francesinha (que no deja ser un sandwich con un huevo frito y pataticas) y una merluza (alli se llama Pescada) fresca que con sólo tocarla con el tenedor se desmontaba en capitas. Hmmmmmm deliciosa. Para postre nos volvieron a enamorar con las caipiriñas, que nos dieron el puntico final y el decisivo para no dar ni un paso más y pillar un taxi que nos llevara al hostal para pillar la piltra como es debido.

Domingo 11
  Esta vez nos levantamos más bien tarde, la noche anterior se nos había alargado y habíamos pillado la cama con mucho tesón. Ahora tocaba afrontar la primera misión del día, reparar la rueda pinchada con la que había llegado la noche anterior.
Dispuestos ya, nos dimos una vuelta por la ciudad y la disfrutamos esta vez con la plena luz del día, que nos confirmó la belleza de lo que vimos por la noche. Aunque con cuestas que no apetecen por la mañana Porto competía verdaderamente con Lisboa por su puesto de liderazgo como ciudad insigne de Portugal. Y mientras rodábamos por la ciudad, Rosica, que tanto se reía de mis pinchazos, se estrenó en plena plza Liberdade.
Con la rueda reparada y siguiendo nuestra visita, nos pegamos subidón hasta la Torre dos Clérigos, monumento emblema de la ciudad. Dejamos la bici arriba y visitamos la pequeña iglesia en su base, pero decidimos no subir a lo alto de la torre y empezar a salir de la ciudad retomando las flechas amarillas hacia Santiago.
Todavía en una calle peatonal paramos en una cafetería y desayunamos (a hora de ministro) un café con leche y alguna tostada con miel. Luego en esa misma calle fuimos surtiéndonos de pan y otros víveres a medida que pasábamos por los comercios. Como siempre íbamos alternando calles correctas con direcciones prohibidas y otros obstáculos que no lo son caminando hasta casi haber salido de la ciudad, donde encontramos un Lidl (va a parecer que nos hayan pagado por el post) y volvimos a cargar de nuevo el resto de aviituallamiento que nos faltaba.
El día nos había salido nublado, pero no importaba. El sol quería salir y no iba a tardar en hacerse hueco. Continuamos la salida de Porto por una ruta más bien urbana que se unía a los pequeños pueblos cercanos que ya formaban parte de la gran ciudad y planeando llegamos a Araujo.
Allí vimos el Roble de Araujo, que según cuenta la leyenda fué a llegar allí arrastrado por una tormenta y allí hecho raices guardando en su interior una pequeña virgen por la que se construyó una capilla en sus inmediaciones. Y como siempre, cuando menos nos lo esperábamos, aparecían los de Huesca que llegaban ahora y se disponían a buscar un bar donde dar rienda suelta a sus deseos.
Nosotros continuamos parando poco despues y cuando llegamos a un bonito puente de piedra nos volvieron a aparecer dos de ellos. Y el resto? a saber!. Nos dijeron que habían apretado y el resto venía detras, pero allí no aparecía nadie.
Seguimos y despues del puente venía un subidón cerrado al tráfico por fiestas y en lo alto una alfombra de flores y una señora cuidándola que parecía desesperarse al vernos subir ahogados y con poco control sobre la bici. Debía estar pensando: 'estos cabrones nos joden las fiestas'. Pero lo superamos! pasamos cerquita y les salvamos las fiestas a los del pueblo.
Seguimos por caminos asfaltados y llegamos al primer albergue de la ruta, el de Sao Pedro de Rates.
Allí visitamos una importante Iglesia románica que estaba abierta al público y luego buscamos el albergue, donde no pudimos sellar porque todavía no estaban los hospitaleros, sólo encontramos a una holandesa que hablaba español y que poco nos pudo solucionar al respecto. En las mismas instalaciones vimos que el siguiente Albergue estaba a 25 Kms y con eso nos quedamos.
Seguimos con otra subida hasta que vimos el enclave idóneo para descansar. Una Iglesia a unos 10Kms de Barcelos con fuente, escaleras, sombrita... vamos, ideal! Allí paramos y despues de arrearnos los bocaas buscamos nuestro hueco sagrado para la siesta, pero fué corta porque el viento fresquito acompañado del dia que se nublaba por momentos se dejaba sentir en los huesos y la sensación no era agradable en absoluto.
Lo malo era el fresquito, lo bueno que sólo quedaba una subidita y luego teníamos bajada asfaltada casi hasta Barcelos, donde habíamos decidido buscar sitio para dormir.
Durante el paso por el puente de la entrada a la ciudad  la vista de Barcelos sobre el rio era maravillosa, entramos y, parados al lado de la Iglesia, revisamos la guia. Vimos que había un parque de Bombeiros en Barcelos, llamamos y entendimos que no era alli, que donde se podía dormir era en Barcelinhos, asi que desistimos y buscamos un hostal en el pueblo. La sorpresa (de las de enrroscarse la boina) era que Barceliños era la pequeña aldea junto al pueblo que está a 500mts nada más cruzar el puente! JAJAJJA. Nada, ceporros que somos.
Barcelos vendría a ser para Portugal lo que Santo Domigo de la Calzada para España. Comparten la misma historia con distintos matices, pero básicamente una acusación falsa sobre un peregrino, y un incrédulo que no cree hasta que el gallo cocinado canta.
Mientras acabábamos de reservar (a lo indio) dónde dormir, aparecieron los que serían nuevos compañeros de ruta, tres ciclistas brasileños que también estaban haciendo el camino y que no tenían idea de dónde dormir. Les explicamos que el siguiente albergue estaba a unos 10Kms y que nosotros íbamos a quedarnos en un hostal cerca, les dimos los precios y el teléfono y nos despedimos.
Bueno, pues resulta que también aqui pillamos el pueblo en fiestas y con el hostal justo enfrente de la movida. Cuando entrábamos en el hostal estaban haciendo una coreografía las chiquillas del pueblo y otros viejetes bailando en una placeta. Y justo en la puerta del hsotal nos encontramos con las dos brasileñas y el brasileño que ya estaban cargando las bicis al hall.
Acostumbrados a otros precios, el local salió carillo, no por el precio que resultó por 40€ sin desayuno, sino porque la habitación no era gran cosa para lo que pedían. Hasta nos apareció dentro un gato que aprovechaba la cercanía de la azotea para colarse a ver si pillaba algo. Aun con esto, nos dimos una cuhita y salimos a dar una vuelta por el pueblo. Cerca de la iglesia vimos un restaurante que tenía buena pinta pero en el que no habían clientes. Creimos que sería debido a la hora temprana, pero casi con seguridad era debido a que Frau Simpatia estaba al servicio de camareros. A pesar de ello nos pedimos una media ración de Bacalhao a Bras, Borrego (mira, como aqui) y una ensalada buenísima y cenamos como marqueses. Luego para no aguantar más el careto de la camarera nos fuimos a la plaza, donde ya no quedaba ni Dios.
Encontramos una terracita con unos pocos parroquianos y allí nos tomamos el Beirao y una caipirinha buenísima. Luego los ojos se nos cerraban y volvimos al hotel para escribir alguna postalita y más pronto que tarde quedarnos fritos en la cama.
           
Lunes 12
 Desayunamos fruta y zumo en la habitación del hostal y luego preparamos todo para empezar la ruta, no sin antes tomarnos un café con leche en la terracita frente al hotel. No vimos a los brasileños ni por la noche ni ahora, así que supusimos que todavía estarían descansando el culete en el hostal.
A la salida de la ciudad fué inevitable fijarse en el balcón decorado con las bufandas del equipo local, el Gil Vicente Club de Fútbol!. No tengo ni idea de futbol, pero con ese nombre....
 Compramos mas pan y agua en la pasteleria y mientras salíamos se montó un pitote de coches atascados y pitando al que no estábamos acostumbrados. Mientras íbamos adelantando coches descubirmos el motivo: los chiquillos empezaban hoy el cole y se ve que en esto son parecidos a los españoles.
Ya había salido el solete y nos quedaban un par de subidas hasta llegar a Ponte de Lima. La primera mamella la llevamos bien, la segunda con el sol nos costó un poquito más pero la superamos y tras un paroncito para reponer fuerzas llegamos Ponte de Lima, que para variar estaba celebrando alguna fiesta local porque habían montado una feria enmedio del camino, de tal modo que tuvimos que desmontar para poder pasar entre la multitud.
Entre las paradas habían varias tiendas con 'presunto' colagado y unas piezas enormes de Bacalhau con una pinta excepcional que no dejaban de mirarnos.
No queríamos perder tiempo porque todavía quedaban bastantes Kms hasta Valença do Minho, el último pueblo fronterizo con España, así que pasamos el precioso puente sobre el Miño y empezó la odisea. Ibamos retrasados y segun nuestra guía habia un desvio (sin señalizar, como el resto) al cabo de uns Kms, así que por miedo a equivocarnos en el desvio, continuamos por el camino marcado y nos dimos de morro con los 'inconvenientes'
Lo que al principio nos pareció una pista bastante rota, se convirtió en una senda llena de aguaderas y socavones imposible de subir con la bici, especialmente cargados con alforjas.
Con un esfuerzo sobrehumano y turnándonos para subir las bicis entre dos conseguimos salvar una tras otra las subidas que se nos pusieron delante y pudimos llegar casi a las 17.00 a la parte más alta de la montaña. Alli paramos a comer y descansar un poco para reponernos del esfuerzo aprovechando que había una pequeña fuente que nos vino de perlas.
Mientras esperábamos, aparecieron por alli los brasileños. Habían caido en la trampa, como nosotros, aunque en su caso llevaban muy poco equipaje y de esa se salvaron. Cuando se iban, para acabar de rematar, el chico se dió un leñazo considerable al quedarse calado y arrancar para seguir a sus compañeras. Lo que le faltaba!
Nosotros no tardamos en seguirles, temiéndonos que la tarde avanzaba demasiado rápido, pero de nuevo el terreno no ayudaba y aunque la tendencia era a bajar con alguna que otra subida, el terreno era muy pedregoso y a veces cubierto de adoquin, así que lo que debiera haber sido una bajada tranquila, volvió a ralentizarse y la tarde no dejaba de avanzar en nuestra contra.
Finalmente, a las 19.30 llegamos al albergue de San Teotonio de Valença. Los responsables sólo estaban hasta las 19.00 así que tras llamar al teléfono que vimos en la entrada, nos indicaron que buscáramos a alguien que estuviera dentro y que nos abriera, y así fue como entramos. Encontramos a tres peregrinos que nos abrieron por una ventana que daba a una terraza y por allí pasamos las bicis y nos instalamos. El albergue estaba completamente nuevo, con una gran sala de estar con sofás de piel, lavadora, cocina, etc. y poco a poco empezó a llegarse de gente que, como nosotros, llegaban y se iban acomodando en las habitaciones.
El albergue estaba al pié de la fortaleza, subimos por una sendita poco iluminada y nos paseamos por dentro buscando algun sitio donde cenar, pero todo parecía muy solitario. Daba la impresión de que era muy turístico durante el dia y por la noche no quedaba ni Dios entre semana. Salimos de la fortaleza y seguimos hasta el pueblo donde econtramos una terrraza con bastantes parroquianos tomando birris, debían estar todos en el mismo bar. Por suerte, al acercarnos, vimos que también daban cenas y nos quedamos allí. En esta ocasión los camareros ya hablaban español perfectamente, al fin y al cabo sólo un rio separaba Portugal de España.
Cenamos estupendamente y volvimos al albergue dando un paseo corto, sincronizamos los relojes y los pusimos en hora española para empezar al dia siguiente con el que volvería a ser nuestro horario. Luego cada uno se fue a su ala y yo descubrí que no tenia nadie al lado, así que disfruté de una amplia litera doble. No era una suite, desde luego, pero...
              
Martes 13
Tuvimos que levantarnos a las 6.30 para acondicionarnos a la nueva hora y cuando salimos seguía sin haber nadie en la recepción del Albergue, dejamos un donativo en una caja que vimos pero no encontramos el sello, asi que nos largamos sin sellar la credencial. Nos dirigimos de nuevo hacia la fortaleza para visitarla con más luz y despues de liarnos y perdernos por el foso, fuimos en busca de la avenida que nos llevaría de nuevo a España
Un enorme puente separaba las dos naciones, y justo en medio se podía disfrutar de una preciosa vista, desde donde se observaba Tui, la ciudad fronteriza que durante tanto tiempo sería espectadora de continuos ataques y disputas.
Al llegar al otro lado del puente, ya estábamos de nuevo en casa, entramos en Tui y empezaron las subidas. Ya estábamos en España y ahora tocaban los sube y bajas.
Tui es una ciudad menos fortificada que su vecina Valença, pero repleta de monumentos e Iglesias de aspecto románico y con alguna que otra pendiente.
  Tras abastecernos de un pan con aspecto delicioso pero que resultó estar mas duro que una piedra fuimos bajando por las callejuelas con dirección al valle y en la primera area de descanso que encontramos al lado de un pequeño puente paramos a tomarnos un tentempié y una manzana durante un ratito. El cambio era evidente, no paraban de pasar peregrinos a pié y a pesar del precioso espectáculo de naturaleza, a lo lejos se observaban polígonos industriales que estropeaban la magia que nos invadió en Portugal.
No hay que olvidar que el camino es también un negocio necesario para muchas aldeas españolas, que de otro modo se verían gravemente desposeidas de un modo de supervivencia. Prueba de ello era esta paleta informativa, la primera manifestación de entrar en ese aspecto mercantil del camino. Algo que no habíamos visto en nuestr país vecino, pero que aqui se exprimía hasta la última gota.
Y aqui está la promesa de la paleta, 400mts despues. Despues empezamos una buena subida y llegamos a otra área de descanso donde paramos a sellar y de paso nos tomamos unos cortaditos para continuar un ratito despues por buenas pistas y sendas.
Es evidente que aqui viven de esto y el camino está perfectamente preparado para que todos lo recorran a gusto.
Ahora tocaba una bajada hasta el pueblo de Redondelas donde sellamos en el albergue totalmente nuevo hecho de piedra y con acabados de madera que parecía una casa rural y volvimos a afrontar otra subida
En Arcade paramos en un parque a la entrada y nos papeamos el pan negro durísimo que compramos en Tui con un poquito de jamón York y fuet. Descansamos otro poquito y luego salimos atravesando el histórico ‘Puente Sampayo’ donde la milicia gallega derrotó a las tropas del mariscal francés Ney y marcaron un punto de inflexión en la ocupación francesa.
Tras el puente nos arreamos un buen subidón por una ruta alternativa y hacia las seis de la tarde llegamos a la entrada de Pontevedra. El albergue estaba lleno (otra diferencia con los albergues y otros alojamientos portugueses), así que pagamos el donativo y nos entregaron un justificante para poder dormir en el albergue temporal que habían montado en un polideportivo de unas instalaciones educativas a la otra parte del rio que linda con la ciudad.
El problema era que no estaba demasiado bien señalizado, así que cuando creimos encontrar el lugar nos encontramos a una pareja de hermanas de Burgos y cuando nos cansamos de esperar en lo que creíamos era la puerta salimos en grupos buscando por dentro de las intalaciones hasta que encontramos el polideportivo. Alli una señora nos informó (a pesar de su casi total desinformación) y pudimos ubicarnos y ducharnos con la advertencia de no mezclarnos mucho con los chiquillos/as del colegio por el miedo que suscitaban los peregrinos entre los padres de los alumnos. JAJJA, ya estábamos en un país más avanzado?
Salimos a dar una vuelta con la precaución de dejar la puerta del polideportivo atrancada con un palo y tomando nota de los teléfonos de las burgalesas por si alguno nos quedábamos en la puerta y encontramos una zona de tapas poco despues de cruzar el puente hacia el casco viejo de la ciudad.
El viento había empezado a soplar y refrescaba demasiado para quedarnos en la terracita, así que seguimos buscando y nos metimos dentro de un bar sencillito (la tapería gallega) donde nos cenamos unos buenos chipirones, orejita de cerdo, mejillones y un revuelto delicioso de grelos.
Despues del merecido ágape, donde ya notamos el cambio de tarifas, paseamos de vuelta al albergue, que con un pequeño error al cruzar el puente que no tocaba, se convirtió en casi 1,5Kms de pateo, con lo que llegamos pasadas las 23.00.
Tuvimos suerte y el poli seguia abierto y repleto de gente. Con la linterna del movil nos ubicamos y aprovechamos para sacar los cargadores y dejar conectados los aparatos para cargar baterías. A las 8.00 teníamos que estar todos fuera (a petición de los padres de alumnos que cedían el polideportivo), así que programamos la alarma a las 6.30 y rapidamente nos metimos dentro de los sacos de dormir para iniciar la sonata de los ronquidos.

Miercoles 14
La garganta me duele, señal inequívoca de que he megarroncado, lástima por las de Burgos, eran simpáticas y no se lo merecían, pero ya les advertimos, no podíamos hacer otra cosa. Al intentar asearme me doy cuenta que no hay agua en los grifos, así que imaginaos asearse y lavarse los dientes con el agua de la ducha, que por suerte sí que funcionaba. Me quedé flipando cuando encontré a un guiri que iba caminando y que el día anterior estaba en Valença do Minyo. Cómo se lo había montado para llegar allí en un día? Mejor ni preguntar.
Luego, nada más sacar la bici me percato que la rueda trasera esta pinchada, así que con un frio que no era normal me puse a repararla en el patio mientras un gato no deja de arrimarse a ver si que cae algo.
La primera parte de la etapa resultó muy llana y con buen firme, por lo que avanzamos rápidamente.
Cerca de Padrón me gustó mucho esta especie de monumento del que colgaban conchas con mensajes de caminantes, no se quién las colgaba ni cómo se mantenían pero lo cierto es que habían muchas y de muchas nacionalidades. Todo un signo de pluralidad.
Despues de otra subidita descendimos tranquilamente hasta Padrón, al que entramos por una alameda paralela al rio disfrutando de esta preciosa vista. Allí nos encontramos parado a uno de los de Huesca esperando a la tropa, bromeamos sobre el estado físico de los compañeros y nos metimos en la plaza.
  Rosica aprovechó para 'enviar un fax' en un bar cercano y luego no pudimos evitar sentarnos en la tarraza para tomarnos una deliciosa tapa de rabo de toro y unas cervecitas. Podemos decir que seremos los unicos que pararon en Padron y no pidieron pimientos JAJAJAJ. Nos arrearon la castaña del siglo (aunque valió la pena) y tras el teapeo nos fuimos a un banquito en el paseo y nos preparamos un bocata para equilibrar el rabo en la tripa, a lo que siguió una buena siesta al sol oyendo los graznidos de los patos que surcaban el camino fluvial que separaba las dos orillas.
A estas alturas del día ya hacía mucho calor, pero no teníamos otro remedio que seguir. La etapa era larga y Santiago se hacía de rogar. Paramos en la Iglesia de la Esclavitud, donde dicen que hay que beber agua milagrosa. Lo cierto es que buena falta nos iba a hacer porque tras la iglesia venía la subida que nos llevaría a Miradourio.
Por suerte la pista y carretera disponían de buen firme, lo que se agradeció mucho, porque la subida y la temperatura ya era bastante castigo nosotros, oh! pobres pecadores ;-)
Y tras un último esfuerzo llegamos a lo alto de Miradourio! Desde donde se observaban las torres de la catedral a lo lejos, como en el Monte do Gozo!, Qué sensación tan estupenda, tras largos Kms y alguna que otra penuria veíamos Santiago a nuestro alcance.
Ahora descendimos disfrutando de la bajada y hasta la subida hacia el Hospital nos pareció un paseo, lo importante es que Santiago ya estaba ahi!
Al contrario de lo que nos ocurrió a Josep y a mi con el camino Francés, éste conducía directamente a la catedral, sin pirulas con direcciones prohibidas. Las calles estaban llenas de turistas y peregrinos que, detectando lo perdidos que estábamos buscando la plaza do Obradoiro, adivinaban nuestra llegada y nos animaban a terminar el camino. Poco a poco la emoción se iba apoderado, e incluso ahora, mientras escribo este post, tres meses después, me emociono y se me erizan los pelos recordando la llegada a Santiago.
A Rosica le costó llegar, las lágrimas le iban asomando y tal como entramos montados en las bicis en la plaza ni yo pude evitar que la emoción me hiciera saltar alguna que otra lágrima. No sabría explicar porqué, pero lo cierto es que se convirtió en algo muy especial poder haber llegado a Santiago con Rosica. Las piernas ya no pesaban, la bici y las alforjas flotaban, y un sentimiento desde lo mas profundo nos saludaba BIENVENIDOS DE NUEVO!
También tuvimos comité de bienvenida, como unos campeones. A nuestra espalda oimos las ovaciones de los de Huesca!. Jajajaj, qué alegría! Estuvimos contándonos las penas y luego decidimos entrar en la catedral. Pensamos que cómo ya eran las siete de la tarde no habrían colas en la catedral, y así fué. Sin cola alguna entramos y le dimos el abrazo al Santo. Una sensación de bienestar y paz me recorrió, incluso a pesar de no ser católico, era como reencontrarse con un colega que hace tiempo que no ves y ahora celebras el reencuentro.
Como tampoco no hubo problema en visitar el sepulcro. Nos deleitamos un rato paseando por la preciosa catedral y luego salimos, aun teníamos que encontrar sitio para dormir, y el albergue San Lázaro estaba a la entrada de la ciudad por la parte este.
Salimos hacia allí y lo primero que nos encontramos es una rampa cojonuda y justo al lado una señal: "Albergue turístico". Oh!! Milagro!. Preguntamos y tienen sitio, el precio es de 15€ por persona, pero al lado de la catedral y todo nuevo, hasta el baño tenía vistas a las torres. Ni nos lo pensamos. Dejamos las bicis, nos enseñaron el chiringuito y tras la ducha nos las arreglamos para poner la ropa en la lavadora.
Dejamos las camitas hechas y fuimos a tomar nos unas cervecitas hasta que decidimos sentarnos en una terraza abarrotada donde cenar.
Tras la cenita, unos orujitos y de nuevo al Albergue a poner la secadora. Rosa ya había cumplido con su parte, pero yo quería llegar a Finisterre, así que tal como llegamos preparamos unas alforjas para enviarlas junto con su bicicleta y en las otras dejé lo justo y necesario para mi. De modo que yo me llevaría lo justo hasta Finisterre y Rosa se quedaría con una bolsa para llevar lo suyo en bus a Finisterre para encontrarnos al dia siguiente en el Faro.

A dormir qur mañana tica larga















             

Jueves 15
 Me volví a levantar con la garganta jodida, así que lástima le tengo a las italianas de al lado. Rosica ni se enteró, pero eso no cuenta, despues de los orujos debió quedar en coma! JAJAJ
A las 6 de la mañana empezaba a desaparecer gente, aunque mi alarma no sonó hasta las 7 y yo no tuve huevos de salir hasta las 7.40.
En un plis monté la alforja super ligera y en un instante ya estaba saliendo de la ciudad, donde localicé un bar y me paré a tomar un desayuno ligero: un café con leche y un donut calórico. Al salir me pedí 3 botellines de agua porque no tenían botella grande y con estas me apañé hasta Finisterre.
Ya no me acordaba del camino que lleva a Finisterre. Recordaba que estaba bastante roto y mis recuerdos fueron acertados porque había tramos que estaban reventados y se hacía complicado hacerlos sobre la bici, y encima con subidones, ya que Santiago está en el valle y rodeado por montañita.
Era inevitable recordar cuando recorrí este mismo camino con Josep no hace mucho. Hasta paré en el bar donde almorzamos en nuestra primera etapa y le hice la foto para el chiquillo.
Incluso el espíritu de Josep, como las meigas, deambulaba por el bosque, sino mirad las pintadas en los eucaliptus con la marca de Fustería Vicent. Que conste que no fui yo!
Estos tramos eran bastante más tranquilos que los anteriores de Galicia, aun así me encontré bastantes peregrinos caminando y una sorpresa. La idea era hacer las dos etapas en una aprovechando que no tenía que cargar apenas peso, iba sólo y pensaba que sólo habían 70Kms, pero cuando vi un postecito marcando 86Kms para Finisterre lo cierto es que me acojoné un poquito.
No tardé mucho en llegar a Ponte Negreira, pero justo antes de llegar me dió un jamacuco en la espalda y me quedé enganchado. Terror. Como la cosa se agravara iba a pasarlo mal para llegar a destino.
Descansé un poco viendo el rio y luego me incorporé sin forzar mucho la espalda, pero desde ese momento tenía que cuidarme muy mucho de no forzar en ninguna subida o me notaba el pinchazo en la riñonada. Seguí hasta Negreira, que ya era una población bastante grande y paré a tomar un café con leche en un bar donde aproveché para sellar la credencial.
Continué primero con subidones tras Negreira y poco a poco se fueron suavizando. Más adelante el camino estaba asfaltado y adeñanté bastante, pero estaba rodando en una cuenta atrás, tenía que hacer dos etapas en una y llegar a una hora prudencial para que Rosica no esperara mucho.
En medio del monte recibo la llamada de Rosica. Acababa de dejar la bici en la tienda del Bicigrino para proceder a su envío junto con las alforjas y ahora me pedía indicaciones para ver qué puro comprarme con el que celebrar el fin del viaje. Le dí las indicaciones y seguí camino a Aveiroa, intentando recordar aquel pequeño poblado habilitado donde pasamos la noche Josep y yo cuando recorrimos este tramo, pero lo cierto es que no lo ví. En dos años la cosa ha cambiado mucho y donde antes era complicado encontrar albergue, ahora habían unos cuantos privados. Es la parte buena de esto, que además hay gente que puede vivir de esta aventura.
Paro otro ratico y me echo sobre un montón de hierba a comer a lo neanderthal un cacho de pan y fuet. Ay el fuet! Ese gran amigo del cicloturista! Qué verdad tan grande es aquella que reza el Arguiñano sobre que el cerdo ha salvado más vidas que la penicilina!
Continúo, ya estoy más cerca de la meta. Hay bastante niebla, pero se intuye el mar y el cabo Finisterre. En esta ocasion no es tan exagerado, aun recuerdo la última vez tras el camino Francés en la que, al ver de nuevo el mar, la sensación de reencuentro fué acojonante. Esta vez sólo marcaba el fin de la etapa.
En ese momento me llama Rosica, ya había llegado a Fisterra mientras yo aun estaba por la playa de Cee, así que le doy las señas del hotel y así mientras ella puede descargar, ducharse y caminar hacia el Faro que queda a unos 3Kms del pueblo.
Mientras tanto otro jaleo!, en el camino de Cee es imposible no liarse y termino perdido intentando remontar y volver a la carretera. El camino pintado me desvía por un tramo 0% ciclable y me toca empujar la bici cuesta arriba entre pedruscos y maldiciendo el tramo. Luego recuerdo otra parte que estaba en obras ya cuando fuí con Josep y que esta vez no me preocupó porque me pilló caminando con la bici en una mano subiendo la cuesta y el movil en la otra hablando con un proveedor que pensaba que ya estaba de vuelta.
Una vez pasado este último tramo lioso llegué al fin a la playa de Fisterra, donde estuve rodando por un paseo de maderas y recordando la última vez que estuvimos Rosica y yo en esa playa, por la noche, llena de bichicos indescriptibles.
  Tras la playa, el pueblo y a continuación la subida que me conduciría al faro de la costa más occidental de Europa. Un alivio indescriptible me invadió al llegar, como en Santiago no es explicable con palabras, es necesario llegar y vivir ese dulce momento que recordarán todos aquellos que hayan hecho el camino y hayan llegado a su meta. Por mi parte sólo puedo recomendarlo sin objeciones.
Allí me esperaba Rosica, con la que me fundí en un abrazo. Descansé un poco y siguiendo los pasos de muchos otroa antes que nosotros quemamos una prenda de las que nos había acompañado durante todo el viaje como símbolo de renovación.
Y por fin otro momento esperado... el PURACO!!! Creo que el primero de todo el 2011, pero desde luego el que más disfruté! Mucha gente deja de fumar cuando termina el camino, quizás por eso la gente parecía extrañada de ver a un suspuesto deportista equipado como un ciclista y arreándose un Pertegaz de a palmo :-) Hmmmmm, sólo por repetirlo me volvía a empezar desde cualquier otra parte.
Disfrutamos del espectáculo que nos ofrecía la cosa que hoy permanecía tranquila y sin apenas oleaje mientras la tarde avanzaba y nos recordaba que el día terminaba. Mientras seguía atardeciendo bajamos caminando hacia el pueblo y no parábamos de ver a gente que subía con bolsas de compra con bebida para delitarse con una puesta de sol de película. Nosotros llegamos al hotel, donde una recepcionista muy simpática nos reservó una habitación en la azotea con unas vistas preciosas y una ducha me devolvió de nuevo al planeta tierra. Enganchado, pero feliz por el camino hecho.
Salimos a comprar algunos Souvenirs y de pura chiripa obtuve la Finisterrana en el Albergue de Peregrinos que no estaba donde recordaba, luego, ya de noche volvimos al bar donde he cenado todas las veces que he llegado a Finisterra, y van tres!. Habrá que pedir descuento!
Navajitas, paté de marisco, ralla con salsa chunga, flan de queso casero, aguardientes y muchas birris fueron la recompensa del día, y salvo la ralla estuvo todo delicioso. Luego paseamos para bajar el atracón hasta el puerto lleno de pequeñas barquitas y volvimos al hotel a descansar, porque un menda estaba reventado y al día siguiente teníamos que madrugar para tomar el primer bus a Santiago y, ahora si, vivir la ciudad sin prisas.

Viernes 16 y Fin.

Nos dimos el último madrugón y tomamos ese bus, un bus lleno mayoritariamente de peregrinos de distintos paises y dos biciletas, la mia y la de otro compañero que había salido de Bégica con una bicicleta enorme de paseo y que lo suyo nos costó meterla en la bodega del autobús. El troglobús circula por unas carreteras que dan pavor y nos conduce a Santiago dos horas despues.
Una vez en Santiago, llevo la bici a la tienda del bicigrino y al preparar las alforjas que embalar con la bici para ponerla rumbo a Castellón, me doy cuenta que las llaves del coche que está en Manises aparcado no estan!!. Por suerte la bici de Rosica aun no se había enviado y el personal de la tienda (gracias quillos) me la trajeron para que la buscara en las otras alforjas y gracias a ellos tuvimos coche a la vuelta.
Descargamos en el estudio que alquilamos en el casco y despúes pasamos el fin de semana a cuerpo de rey, disfrutando de las atracciones de Santiago, que le sobran. Recuerdo un Rte llamado El Asesino donde comimos una ternera como nunca la habíamos probado, el mercado central con esa mezcla de colores tan pintoresca, las cervecitas en sus terrazas, la fantástica gastronomía, sus muchos rincones con encanto por todo el casco viejo en el que, por la noche se puede aprovechar para sentarse en una escalera y deleitarse escuchando artistas noveles interpretar una varioìnta retaila de temas musicales adaptados con la ayuda de un mp3 y unos altavoces ;-)
Donde ya os digo que sólo tenéis que ir a tomar una cervecita para ver cómo hacen el cabra es a los rtes de la cuesta enfrente de la catedral, donde por las noches hacen queimadas y animaciones para los turistas, pero es donde peor hemos comido con diferencia y me jode tener el recuerdo de esa cena apestosa. No caigaaaais!!
Bueno, y no quiero cerrar este post sin dar el merecido reconocimiento al FUET, ese gran desconocido y que tan fiel me ha sido en este y muchos otro viajes, no importa si se llama Fuet, llonganissa, salchicha, würst, sausage o de mil formas distintas. El fuet es el mejor amigo del cicloturista, y sino que me aspes! AJAJAJAJ
Buen Camino!