Martes, 21 Noviembre 2017

Calamocha - Ojos Negros, 250Km de Jamón

El pasado 11 de Octubre, logré engañar a Rosa y nos arreamos una cicloturista de una semanita, como Dios manda ;-) Bici, agua, alforjitas, libro y tiempo para degustar buen jamón y cervecita del terreno. Pensé que la via verde de Ojos Negros sería una muy buena opción para la compañía, debido a que se encuentra perfectamente habilitada y haciéndola hacia abajo permite disfrutar de su tendencia al descenso, pero nos hacia falta alargar un poco para que la ruta pudiera durar toda la semana, así que CompeGPS en mano la alargué hasta hacerla comenzar en Calamocha, ¿y por qué no?
Gracias a la estupenda combinación de trenes de RENFE, descartamos casi de inmediato el tren como medio de transporte (desde aquí, aprovecho para lanzar mi más constructiva queja sobre el pobre servicio que esta compañia ofrece a los ciclistas) y tuvimos que montar el portabultos al coche para subir las bicicletas desde Castellón hasta Calamocha. Una vez allí, aparcamos el coche en la plaza mayor, montamos las alforjas y empezamos tranquilamente la ruta, aprovechando que el tiempo nos daba una tregua sin agua. Así fue como seguimos el camino marcado en el GPS y nos dirigimos a Monreal del campo, no sin nuestra dosis de caminos inexistentes y de caminatas por olvidados cauces de rio para encontrar ruta hacia el destino.
Puesto que nuestro primer tramo constaba únicamente de unos 25Kms sin apenas desnivel, tuvimos tiempo de parar donde nos apetecía, descansar y disfrutar de las areas recreativas.
Al final llegamos a Monreal del campo y descansamos de la ruta saboreando las delicias del terreno y la cervecita Ambar, que por cierto esta muy ligera. La ciudad parecia grande, pero a pesar de ser Sábado, no se veía mucho movimiento, y salvo la visita obligada al casco antiguo y al museo del Azafrán, poco más pudimos ver. Así que seguimos nuestra campaña descubriendo bares, viendo que se nos daba tan bien ;-) .
La noche la pasamos en el hostal 'El Botero', aunque no os lo recomiendo. Herren Simpatía saben como tratar a los clientes, sin duda.
A la mañana siguiente, tras visitar parte de los Ojos del Jiloca, la lluvia hizo acto de presencia y nos obligó a enfundarnos los impermeables. A lo lejos se oían los truenos retumbar (lo que hacía acelerar sin medida a Rosa) y aunque la tormenta buena estaba alejada, la verdad es que en ocasiones el agua molestaba hasta el punto que tuvimos que abandonar primero los caminos pasa pasarnos a carreteras comarcales y más adelante éstas para saltar a la nacional y llegar cuanto antes a Cella. Para más inri la ruta prevista era de 55 Kms y al llegar a Cella y ver la ubicación del Hostal que habíamos elegido, decidimos alargarla casi 25Kms más hasta Teruel.
Y digo 25 porque aunque inicialmente debieran haber uns 15Kms, al habernos desviado hacia la ruta minera, comprobamos que el acceso desde ésta hacia Teruel Ciudad no esta nada bien indicado y al final nos tocó improvisar un atajo para llegar a la ciudad de los Amantes. Por supuesto el atajo tenía todo lo necesario para ser un buen atajo: mal firme, grandes desniveles, incertidumbre, etc.
Pero valió la pena y finalmente llegamos más bien tarde a la ciudad, donde al fin podríamos reposar saboreando un buen jamón de la zona. Entre otros lugares, visitamos la Meca del Jamón de Teruel, el Rokelín original, la cúspide de la pirámide alimenticia. No hay que decir que aunque Teruel no es una gran ciudad, nos brindaba muchas más oportunidades que el resto de los pueblos por los que habíamos visitado.
  A la mañana siguiente, dejamos las bicicletas aparcadas y fuimos en tren a buscar el coche que habíamos dejado en Calamocha, para, desde allí, visitar las Lagunas de Gallocanta, y algunos pueblos de la comarca dle Jiloca.
También aprovechamos para comer en el restaurante de Carlos (que no Karlos) Arguiñano en Calamocha. Qué qué? Pues chiquillos! MUY recomendable, y por supuesto su jamón con denominación de origen, no tiene nada que envidiar a otros con más renombre.
Al día siguiente, ya con el coche en Teruel y mejor tiempo, centramos nuestras visitas en la sierra de Albarracín, en concreto en el precioso pueblo de Albarracín, donde visitamos el antiguo acueducto escavado en la roca (con Igor) y su magníficamente bien conservado casco antíguo.
A la noche, como cada día, seguimos con nuestra ruta milenaria de los bares, y asi fuimos agrandando nuestros conocimientos de la ciudad de Teruel. Teníamos que retomar fuerzas, ya que a la mañana siguiente, debíamos continuar en bici hasta la Estación de Mora, donde haríamos noche en la Casa de la Estación. (Suena a casa de la Pradera, no?)
Empenzamos la ruta no demasiado pronto, como en el resto de ocasiones, tras un merecido desayuno. Y como el tiempo había salido estupendo, pudimos comer en las zonas habilitadas de la via verde, darnos una siestecita al sol sobre unas traviesas de tren y hasta leer tranquilamente nuestros libros disfrutando de la tranquilidad del paraje durante las vacaciones.
Poco despues llegamos a la Casa de la Estación. Como su nombre indica, es la casa que hay delante de la estación de tren de Mora/Albentosa y contrariamente a lo que estéis pensando, es muy, muy tranquila, ya que solo pasan tres trenes al día. Allí estuvimos charlando con Carlos, quien regenta la casa, y tras una repentina llamada a un socio de Teruel, acabamos tomando el último tren de la tarde hacia Teruel para cenar con Antonio, su primo y su hermano Carlos en el 'Tercer Tiempo', donde hacen unas tapas estupendas y sirven otro inigualable orujito de hierbas ;-). A las tantas, nos acompañaron hacia la salida de la ciudad y se fueron a descansar, ya que todos no estábamos de vacaciones. A nosotros aun nos quedaban unos Km hasta la casa, pero la autovía nos aligeró el camino gratamente.
A la mañana siguiente, despertamos entre entre el ambiente fresco del campo y nos despedimos de Carlos. Hasta la próxima. Así retomamos la bajada hacia Jérica.
De nuevo el tiempo nos acompañó, y al llegar a  la casa rural que habíamos reservado, Shariqúa  (origen de la palabra Jérica), nos quedamos embelesados con la preciosidad de la casa y su entorno, y no pudimos resistir la tentación de alargar un día mas nuestra estancia allí para disfrutar de toda su belleza.  
La casa, apartada de la ciudad y regentada por Anna, mantenía una perfecta armonía, ya que estaba suficientemente apartada de la ciudad para disfrutar de la tranquilidad del campo y sin embargo se encontraba a tan sólo 1Km del casco antiguo, por lo que no tardábamos más de 15 minutos en bajar y subir a pié.
Jérica tenía todo lo que buscábamos, tranquilidad, preciosas vistas y bares donde disfrutar de las cañitas al sol.
Durante las dos noches que pasamos alli, disfrutamos de los paseos a orillas del Palancia y de las sublimes vistas que ofrece esta ciudad en los atardeceres ocres del otoño. (Siempre sin dejar de lado las visitas al Bar, donde estuvieron a punto de darnos el carnet de socio del lugar).
Y así fué como llegó el triste momento de abandonar Jérica y poner rumbo, de nuevo bajo la lluvia, hacia Sagunto, donde aún tendría que tomar el tren hacia Mora, bajar en coche a recojer las bicis y arrear hacia Castellón, para dar casi por terminadas las vacaciones.
Han resultado unas vacaciones estupendas, aproximadamente 250Kms disfrutando de la compañía que me ofrecía Rosa en todo momento, la bicicleta, el tiempo y el relax de pedalear sin prisa, sin reloj, descansando donde nos apetecía, leyendo al sol, disfrutando de la gastronomía del lugar, relajados. Nada que ver con otras vacaciones en las que, finalmente, terminas peor que como empezaste. Os lo recomiendo a todos. En cuanto tenga el track os lo adjunto.
Por cierto, que no me gustaría dejarme el agradecimiento a Gràcia, que me prestó la bici para dejársela a Rosa y a Ali, mi compi de piso, que me dejó 'El palacio de la luna', el libro que me acompañó en toda la ruta y me permitió disfrutar, aun más si cabe, de esta estupenda ruta cicloturista que espero poder repetir.